A menudo calificada como ‘’loca’’ y ‘’despiadada’’ por la prensa occidental, durante su mandato de 32 años resistió a los intentos de colonización por parte de las potencias europeas del siglo XIX.
Su verdadero nombre fue Rabododoandrianampoinimerina, el cual luego será modificado por Ranavalona I al casarse con el rey Radama I; fue hija de padres plebeyos y criada en Ambatomanoina - actual capital de Madagascar - dentro del reino Merina, territorio del pueblo malgache. Si bien las primeras expediciones hacia África por parte de Europa se produjeron en el siglo XVI[1] de la mano de Portugal, no fue hasta el siglo XIX que las tropas europeas comenzaron sus intentos de colonización en Madagascar[2].

Según relatos históricos, cuando Ranavalona aún era niña su padre alertó a Andrianampoinimerina, el rey de Madagascar, de un complot contra su vida.
El plan para asesinar a Andrianampoinimerina fue liderado por uno de sus tíos, quien junto con otros tradicionalistas conservadores, se opuso a la adopción de costumbres occidentales en el reino. Como recompensa por salvarle la vida, el rey adoptó a Ranavalona como su propia hija y la prometió en matrimonio con su hijo y heredero, el príncipe Radama[3].
Tanto el rey Andrianampoinimerina como el príncipe Radama tuvieron como premisas la unificación de la isla en un mismo reinado y la justicia social a través de medidas como la abolición de la esclavitud, depósitos de alimentos para huérfanos y viudas, un nuevo código penal, limpieza de calles, entre otras. Al fallecer el rey, su hijo Radama I asumió el trono y continuó con el legado de su padre.
Al mismo tiempo, la derrota de Napoleón Bonaparte impulsó a Gran Bretaña a ser la principal potencia colonizadora de Europa, aunque Francia no se quedó atrás en cuanto a su interés por Madagascar. Mediante acuerdos comerciales y militares con británicos y franceses, el rey Radama I logró gobernar casi toda Madagascar para el año 1824, estableciendo una apertura hacia las ideas de Occidente, como por ejemplo el permitir el ingreso de misioneros cristianos a su territorio, los cuales incluso llegaron a construir escuelas en la región.
Esta disposición a comerciar e intercambiar cosmovisiones con Occidente no era del agrado de Ranavalona I, quien tenía ideales más tradicionalistas y de conservación de su cultura local. Tras el fallecimiento del rey Radama I en 1828, y con apoyo de las élites y la fuerza militar, Ranavalona I asumió el trono. Una de sus primeras medidas fue ejecutar a rivales políticos para asegurar su posición, y cuando ya estuvo en zona fuera de peligro eliminó los acuerdos comerciales que su difunto esposo había firmado con Gran Bretaña y con Francia, lo cual explicaría las acusaciones de ‘’tiranía’’ por haber ‘’aislado’’ a la isla[4]. A
Al mismo tiempo, persiguió, torturó y ejecutó a los misioneros cristianos porque éstos implicaban una amenaza para las costumbres y religiones locales. Como venganza, el reino Merina fue invadido por el ejército francés, aunque éste fracasó debido a los altos brotes de malaria: 21 cabezas de soldados decapitados fueron clavadas en picas a lo largo de la playa como advertencia para quien se atreviera a realizar otro ataque[5].
Durante las décadas que abarcaron el mandato de Ranavalona I, Radama II - príncipe heredero al trono -, conspiró en contra de las políticas de su madre, dando un giro de 180° con mirada hacia Occidente y retomando las inclinaciones de su padre Radama I. Su entusiasmo hacia Europa era de tal magnitud que se sospecha que en 1854 le escribió una carta a Napoleón III solicitando la invasión de Madagascar por parte de Francia, aunque algunos historiadores sugieren que dicha carta no pudo haber sido escrita por él, ya que no dominaba el francés escrito.
De todas formas, en 1855 Radama II firmó una carta en donde autorizaba al empresario francés Joseph-François Lambert a explotar todas las tierras, riquezas y minerales desocupados de Madagascar, a cambio de que Francia enviara tropas para despojar a Ranavalona I del trono.
Sin embargo, Francia no envió la ‘’ayuda’’ suficiente y, tras enterarse del intento de golpe, purgó y expulsó a todos los ciudadanos no-malgaches del territorio. Finalmente, tras varios intentos fallidos de derrocar a la reina, Ranavalona I murió en 1861 mientras dormía, cerrando un liderazgo que duró 32 años. Los rituales funerarios de despedida duraron nueve meses y se sacrificaron miles de animales en su honor.
Ese mismo año asumió al trono su hijo Radama II, el cual fue asesinado en 1863, llegando a completar apenas 2 años de mandato. Para 1865 Madagascar se convirtió en un protectorado francés y finalmente en colonia, un año después. Si bien hay acusaciones que señalan su ‘’crueldad’’ y sus políticas de trabajo esclavo, lo cierto es que la mandataria fue la primer líder política en su región en ponerle un freno al avance de las potencias europeas antes de que éstas llegasen a asentarse lo suficiente como para colonizar y esclavizar a todo un reinado, lo cual pudieron concretar tres décadas posteriores a la muerte de Ranavalona I, la reina de origen plebeyo.
Es importante recordar que cuando se trata de la historia - y sobre todo siendo el reinado de Ranavalona I un suceso que tiene un siglo y medio de lejanía - no estamos buscando ‘’buenos’’ y ‘’malos’’, sino que en este caso estamos tratando de dilucidar acciones hechas por humanos que, con errores y aciertos, supieron defender sus ideales hasta la muerte.
Acciones que nos recuerdan que la historia se repite más veces de lo que nos gustaría admitir.
Por Pilar Cortés para Data Urgente
[1] https://www.ebsco.com/ [2] https://madagasikara.fr/ [3] https://www.ancient-origins.net/ [4] https://www.madamagazine.com/ [5] https://www.ancient-origins.net/