Pilar Cortés
18 Jul
18Jul

Burkina Faso, Níger y Malí (pertenecientes a la Alianza de los Estados del Sahel) iniciaron su salida de la CPI por tratarse de un organismo con ‘’justicia selectiva’’.

Ya es vox populi el hecho de que los organismos internacionales gestados durante y fines del siglo XX por Occidente están perdiendo continuamente su credibilidad.

La ONU, la OMS, la UNESCO, y en este caso la Corte Penal Internacional han sido objeto de múltiples denuncias por parte de diversas organizaciones sociales, líderes y representantes políticos de todo el mundo.

No nos debe sorprender, entonces, que los territorios revolucionarios de Burkina Faso, Níger y Malí (Alianza de los Estados del Sahel) hayan tomado la decisión de retirarse de la CPI.

Esta retirada viene acompañada de un conjunto de decisiones tomadas por los líderes Ibrahim Traoré (Burkina Faso), Assimi Goita (Malí) y Abdourahamane Tchiani (Níger), quienes - a pesar de la injerencia occidental mediante el financiamiento de grupos terroristas de desestabilización, como Boko Haram - vienen ejerciendo su derecho a gobernar con decisiones soberanas y anticoloniales.

Y ante un contexto repleto de intereses pujantes y juegos sucios, las medias tintas sólo conducirán a la derrota: estos líderes lo saben más que nadie.

Es por esto que, por ejemplo, hace unos meses Burkina Faso anunció la disolución de más de 100 ONG por tratarse de ‘’caballos de Troya del imperialismo’’. 

En aquél entonces, el Primer Ministro burkinés, Rimtalba Jean-Emmanuel Ouédraogo, afirmó que algunas de estas organizaciones tienen fuentes de financiación opacas y actividades no controladas por el Estado, acusando a ‘’socios imperialistas tóxicos’’ de manipular a través de organizaciones. 

La postura de los países del Sahel con respecto a la Corte Penal Internacional es similar. Según declaraciones oficiales, la CPI se convirtió en ‘’ejemplo mundial de una justicia selectiva’’ al mostrar incapacidad para procesar crímenes contra la humanidad, genocidio y agresión; el caso del Primer Ministro del ente ‘’israelí’’ Benjamin Netanyahu lo demuestra.

Para empezar, el organismo que emitió una orden de arresto para Netanyahu en 2024 por sus ‘’supuestos crímenes de guerra de hambruna’’ - que dicho sea de paso, de supuestos no tienen nada habiendo sobradas evidencias - y sus crímenes de lesa humanidad, en estos dos años que transcurrieron desde entonces no ha tomado medida alguna para que su detención efectiva ocurra: el genocidio en Palestina y los ataques a civiles en Irán, Líbano y Cisjordania continúan.

Donald Trump, otro criminal de guerra al igual que Netanyahu, en febrero de 2025 expresó en un documento oficial su repudio a la Corte debido a que el organismo ha cometido ‘’acciones ilegítimas y sin fundamento dirigidas a Estados Unidos y a nuestro aliado cercano Israel’’. Además, acusa a la institución de haber ‘’abusado aún más de su poder al emitir órdenes de arresto infundadas dirigidas contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant’’.

 Incluso el mandatario decidió imponer sanciones a la Corte, lo cual pone al descubierto qué tan implicada se encuentra la gobernanza estadounidense con la protección del ente ‘’israelí’’.

Los Estados del Sahel también habían tomado distancia del organismo en 2025, pero con un argumento diferente. Los tres líderes afirman que la Corte Penal ‘’se transformó en instrumento de represión neocolonial’’ bajo control del imperialismo occidental, similar a la postura de Burkina Faso con respecto a las ONG. Aunque el anuncio fue realizado hace casi un año, este mes de julio se inició la salida de manera formal, la cual se hará efectiva en 2027.

Mientras tanto, y para sorpresa de nadie, el organismo y la prensa occidental se escandalizan. El Secretario General de la Federación Internacional por los Derechos Humanos, Drissa Traoré, afirma que la salida de estos Estados podría debilitar los esfuerzos internacionales contra la impunidad en crímenes graves y además podría poner en situaciones de fragilidad a las víctimas, ya que a menudo la Corte representa la última esperanza de obtener justicia.

Sin embargo, el continente africano (y el mundo entero) han pasado décadas esperando algún accionar por parte de la Corte. Y es debido a esto que la Alianza de los Estados del Sahel ha llegado a una conclusión: la transformación vendrá desde las entrañas del pueblo, y no de la caridad occidental.



Por Pilar Cortés para Data Urgente


1. https://www.dataurgente.com/noticias/burkina-faso-disuelve-ongs-por-ser-caballos-de-troya-del-imperialismo 

2.  https://www.youtube.com/watch?v=jqYCBnZVE3A

3.  https://www.icc-cpi.int/defendant/netanyahu

4. https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/02/imposing-sanctions-on-the-international-criminal-court/

5.  https://www.telesurtv.net/estados-sahel-anuncian-retirada-corte-penal/