Debido a la difusión de noticias falsas, el territorio revolucionario de las boinas verdes tomó la decisión de poner en suspenso a los canales de Francia LCI y TF1. Entrevistamos a Alberto ‘’Beto’’ Cremonte, licenciado en Comunicación Social de la UNLP, periodista y uno de los autores del libro ‘’Descolonizar el horizonte’’.
En Malí se está produciendo un proceso revolucionario de emancipación colonial junto a países como Burkina Faso y Níger, quienes conforman la Alianza de los Estados del Sahel. Durante el 2020 en estos países se produjeron una serie de golpes de estado con respaldo popular debido al hartazgo de la desigualdad económica, el desempleo y la violencia generada por grupos terroristas financiados desde el exterior, entre varios otros motivos[1].
En un nuevo reordenamiento geopolítico, los países del Sahel comenzaron a alinearse a potencias como Rusia y China a través de apoyo logístico y medidas conjuntas[2]. Además de tomar medidas económicas de gran envergadura - como la nacionalización de empresas mineras y de energía y la ampliación de ferrocarriles para unificar el territorio[3] - los países de la AES también consideran a la información y a los medios de comunicación elementos relevantes en la construcción de un camino de soberanía y emancipación de sus colonias europeas, camino anteriormente liderado por mártires como Thomas Sankara, Patrice Lumumba y Nelson Mandela.

De hecho, los líderes de la AES coinciden plenamente es su rechazo a los antiguos socios occidentales, encabezados por Francia, acusados de tener fines neocolonialistas, y a finales de diciembre de 2024 los canales ORTM de Malí, RTB de Burkina Faso y RTN de Níger firmaron un acuerdo que contempla la coproducción de contenidos audiovisuales, el intercambio de programas y, sobre todo, la creación de una cadena conjunta de televisión, webTV y radio.
Si bien este proyecto aún se encuentra en fase de desarrollo, demuestra el gran interés de las autoridades de los tres países por la comunicación[4]. Ante el hecho más reciente de prohibición de los canales franceses de televisión LCI y TF1[5] se ha generado un gran revuelo en la prensa occidental. Para esclarecer qué ocurrió en detalle nos comunicamos con Alberto ‘’Beto’’ Cremonte:

- Si bien sabemos que Malí fue el pionero en establecer medidas de control de la información proveniente de Europa y que Burkina Faso ya había suspendido al canal francés LCI en 2023, ¿cuál/cuáles fueron los hechos que llevaron a la suspensión de LCI en esta ocasión?
‘’Lo que ocurrió con LCI esta vez no es un episodio aislado, sino la consecuencia de una larga disputa entre los gobiernos del Sahel y los conglomerados mediáticos franceses. Pero hubo un hecho concreto que encendió la chispa: una emisión reciente en la que LCI —acompañada por TF1— presentó como certezas una serie de informaciones que no solo no estaban verificadas, sino que construían la imagen de un país paralizado, acorralado y al borde del colapso absoluto.En esa transmisión, se habló de un “bloqueo total” de combustibles, de ciudades supuestamente sitiadas, e incluso de la presencia de grupos yihadistas acercándose a Bamako. El punto no es solo la falsedad: es el objetivo político implícito en el relato. Todo encaja con la narrativa que Francia insiste en imponer desde hace años: la de un Malí incapaz de gobernarse, necesitado de tutelaje y supuestamente peor desde que expulsó a las tropas francesas.La Haute Autorité de la Communication respondió con rapidez porque entendió que ese discurso no es solo una opinión editorial: es una forma de guerra psicológica. Y en un escenario de reconfiguración profunda del Sahel, donde Malí, Burkina y Níger cuestionan abiertamente el rol histórico de Francia, permitir que un medio extranjero construya libremente relatos desestabilizadores no es una opción. De ahí la suspensión’’.
- ¿Cómo crees que esta medida fue recibida en la opinión pública maliense?
‘’La recepción fue, en muchos sentidos, un termómetro de la nueva identidad política que atraviesa a Malí. En los barrios populares, en las universidades, en las radios comunitarias, el mensaje dominante fue uno solo: “al fin”. Para una parte importante de la sociedad, los medios franceses son percibidos no como periodistas, sino como actores de poder con intereses precisos, herederos de un colonialismo que nunca aceptó haber perdido su dominio.No obstante, la reacción no fue homogénea. También surgieron voces críticas, especialmente desde sectores de la prensa local, que —sin defender a LCI en absoluto— expresaron preocupación por el potencial riesgo de que el Estado extienda estas sanciones hacia medios nacionales incómodos. Hay una preocupación legítima: la frontera entre soberanía informativa y restricción interna siempre es fina.Sin embargo, incluso entre quienes expresan esa inquietud, predomina una idea clara: la relación entre Malí y la prensa francesa es profundamente desigual. Y mientras esa desigualdad exista, la suspicacia hacia los medios europeos será inevitable. La mayoría de los malienses sienten que ya no deben tolerar la mirada colonial disfrazada de análisis periodístico. La suspensión, más que un acto administrativo, se vivió como una declaración política’’.

- En cuanto a las redes sociales, en varias ocasiones se han realizado bloqueos de internet y plataformas como medida ante aparentes crisis y amenazas, ¿ves posible una aplicación similar hacia ellas que no implique el bloqueo directo? ¿Y en el resto del Sahel?
‘’Sí, y no solo posible: necesaria. El apagón de internet —utilizado varias veces en el Sahel— tiene un costo social enorme, afecta el comercio, corta la comunicación básica entre familias y debilita la organización comunitaria. Pero existen medidas intermedias que no implican apagar el interruptor.Por ejemplo: exigir transparencia total sobre el financiamiento de contenidos políticos impulsados desde el exterior; forzar a las plataformas a contar con moderadores locales capaces de distinguir tensiones comunitarias reales de operaciones psicológicas importadas; o prohibir que think tanks u organizaciones vinculadas a potencias extranjeras compren publicidad segmentada dirigida a desestabilizar gobiernos africanos.Esto es particularmente importante porque muchas campañas en redes buscan fracturar los procesos políticos internos, alimentar rumores de golpes de Estado, o exacerbar tensiones étnicas. No se trata de censurar: se trata de impedir que actores externos manipulen a poblaciones enteras con herramientas digitales extremadamente sofisticadas.Burkina y Níger ya exploran opciones de regulación menos drásticas que los apagones, y Malí también avanza en esa línea. La pregunta no es si estas medidas se aplicarán, sino cómo garantizar que protejan a la población sin transformarse en mecanismos de silenciamiento interno’’.
- Nos encontramos con la clásica disyuntiva entre la ‘’libertad de expresión’’ y el combate de las fake news y de los golpes contrarrevolucionarios que pueden atentar contra los procesos de emancipación colonial, ¿crees que ambas pueden convivir?
‘’Pueden convivir, pero solo si redefinimos qué entendemos por libertad de expresión. Occidente suele presentarla como un principio absoluto, pero en la práctica la regula constantemente: bloquea medios rusos, censura ciertos discursos y aplica filtros cuando considera que un contenido amenazaría la estabilidad del Estado.
Lo que el Sahel está reclamando es exactamente eso: la posibilidad de establecer sus propias reglas, adaptadas a contextos donde la injerencia extranjera no es abstracta, sino una realidad diaria. En países que recientemente expulsaron bases militares francesas, que rompieron con la CEDEAO y que enfrentan guerras híbridas, permitir que canales extranjeros inventen crisis o promuevan narrativas desestabilizadoras sería un suicidio político.Para que la libertad de expresión conviva con la defensa de los procesos de emancipación, es necesario construir un ecosistema mediático donde las voces africanas no sean marginales, sino centrales. La clave está en limitar el poder de los conglomerados coloniales sin restringir la crítica interna. En otras palabras: proteger al pueblo sin blindar a los gobiernos. Ese equilibrio es difícil, pero no imposible’’.
- Por último, ¿qué le dirías al público occidental respecto a la libertad de expresión y a la tolerancia?
‘’Le diría que deje de mirar a África como un laboratorio moral donde exigir estándares que ellos mismos no cumplen. Que antes de indignarse por la suspensión de un canal francés en Malí, recuerden cómo Europa reaccionó ante los medios rusos, o cómo Estados Unidos persigue a quienes filtran documentos que exponen crímenes de guerra.Le diría también que entiendan que la tolerancia no puede ser sinónimo de desigualdad. No pueden pedirle a África que “tolere” el discurso de antiguos imperios coloniales que todavía intentan influir en su política interna. La libertad de expresión no puede ser un pretexto para mantener privilegios coloniales en el terreno de la información.Y por último: les recordaría que la verdadera libertad nace cuando cada pueblo puede narrarse a sí mismo, sin intermediarios que traduzcan su realidad para ajustarla a intereses ajenos. La descolonización también ocurre en el lenguaje: es tiempo de escuchar, de verdad, a quienes durante siglos solo fueron escuchados cuando repetían lo que Europa quería oír’’.
Durante el 2022 Nigeria también tomó medidas similares, como la prohibición de modelos extranjeras con el objetivo de desarrollar el talento local. Según Steve Babaeko, presidente de la Asociación de Agencias de Publicidad de Nigeria, ‘’hace entre diez y veinte años, si revisas los anuncios, diría que la proporción de rostros extranjeros era casi del 50-50 y todas las voces en off tenían acento británico’’[6]. Aunque Nigeria no pertenece a la región del Sahel - y se encuentra bajo amenaza militar de EE. UU. -, éste país limita con Níger, y la decisión de representación simbólica de rostros locales forma parte también de la soberanía regional.
Por Pilar Cortés para Data Urgente
[1] https://omerfreixa.com.ar/ [2] https://espanol.almayadeen.net/ [3] https://espanol.almayadeen.net/ [4] https://www.resumenlatinoamericano.org/ [5]https://afrinz.ru/es/[6] https://www.aljazeera.com/