Susana Khalil es politóloga e investigadora. Nacida en Venezuela, hija de la diáspora: sus padres, palestinos, huyeron de su patria aquel 14 de mayo de 1948 y allí, en la tierra del joropo, encontraron su nuevo hogar. Pero hay amores que no se olvidan. Y hay amores que se heredan.
Susana es miembra fundadora de la Asociación CANAÁN, columnista en Al Mayadeen, conductora y productora del programa “Palestina 11 mil años de historia”, transmitido en YouTube y recientemente censurado.
Esta entrevista fue realizada en julio de 2026, cuando aún estaba en curso la vigésima tercera Copa Mundial de Fútbol de la FIFA. Y ese fue, precisamente, el punto de partida.
- Hoy, prácticamente el mundo entero está mirando el mundial de fútbol. Si lo que está pasando en Palestina ya tenía poco lugar en los medios hegemónicos, ahora pareciera no existir. ¿Qué ves ahí? ¿Cómo se relaciona una cosa con la otra?
Bueno, yo me esperaba que haya un apagón mediático de parte de esos monopolios que son la Inquisición de nuestro tiempo. Si bien hay otros elementos importantes como la implicación de Irán, que yo creo que es un milagro político, igualmente hay que insistir; porque ese genocidio está en curso.
Debemos continuar recopilando la información porque tenemos una responsabilidad histórica profunda, tanto con el pasado humano como con el futuro. Es muy doloroso lo que está viviendo la humanidad; es una crueldad que nos puede avergonzar como corteza humana, pero tenemos una cita con la historia. Debemos aferrarnos, hoy más que nunca, a la condición humana.
Yo soy un ser humano y a la humanidad me debo y resisto; apelo a la poesía del galileo Mahmud Darwish(2), ese palestino que decía: resistimos porque amamos la vida. Esa resistencia dolorosa es un tributo a la vida.
Mis padres fueron campesinos palestinos sobrevivientes de Al-Nakba en 1948 y parte de mi familia vivió también el Naksa en 1967. Una tía mía acaba de huir a Egipto escapando de este genocidio. No solamente han tomado su tierra, su suelo patrio, sino que también han tomado parte de su historia. Esto es un colonialismo puro a estas horas de la historia, mira la hora que es; estamos en el 2026. Creíamos que era algo que ya había sido superado, pero no.
El colonialismo existe y es ese que se impuso desde Europa y por europeos el 14 de mayo de 1948. Te hacía la cronología de mi familia que vivió el Nakba, el Naksa y el presente. 78 años de resistencia contra el colonialismo. Hoy más que nunca debemos ser firmes porque hay una gran amenaza que no es solo contra Palestina, sino contra la ciudadanía mundial. Lo nuevo aquí es que es visible.
Ante todo es importante decir que esto es un conflicto político; esto no es un conflicto religioso. Hay que salir de ese comodín, de ese modo automático de reducir al mundo árabo-persa a una mercancía religiosa. Eso es haragán y negligente. No fue la independencia de Israel, sino la recolonización de Palestina a través del Imperio británico. Ese es el conflicto.
Yo soy una luchadora del léxico porque también creo en la lucha pacífica, por supuesto, no descartando hoy por hoy la lucha armada contemplada en el derecho internacional, que establece que todo pueblo tiene derecho a defenderse ante cualquier amenaza extranjera. No es la ideal, pero si no hay otra, sería criminal no hacerlo. Y aquí hay un pueblo que no se somete, que no quiere desaparecer, que lleva más de once mil años en la luz de la historia de la humanidad.
-Te he escuchado decir en otras entrevistas que esto no es un conflicto milenario sino un conflicto contemporáneo. ¿Qué se disputa en esas formas de nombrarlo? ¿Por qué esto es posible ahora? ¿Qué estaba pasando en Palestina antes del 14 de mayo de 1948?
Hay varios elementos. Primero que nada, esto es posible porque no solamente desde los sectores religiosos, Hollywood y sus derivados, también lamentablemente intelectuales se han prestado a la propaganda, por diversas razones, de que el conflicto palestino es la cosa complicada, relativa, confusa, religiosa, milenaria. Mantenerlo en un laberinto; pintarlo como algo abstracto para no ir a la raíz de lo que es la causa palestina.
La gente te habla de que hay un odio milenario, y eso es completamente falso. El odio milenario es más bien europeo y judeocristiano; y de repente en 1948, pum, baja el telón y cuando sube resulta que el odio milenario es entre musulmanes y árabes; y toda una propaganda —mal llamada narrativa— lo reproduce.
Insisto: no es un conflicto religioso. Palestina es un pueblo nativo que en el siglo XXI se encuentra luchando con un anacronismo eurocéntrico colonial fraudulentamente llamado Israel. No es un conflicto milenario porque nació después de la Segunda Guerra Mundial, pero no nació en el mundo árabo-persa. El tronco de este conflicto es europeo. Déjense ya de tanta acrobacia académica. Hay que revisar la historia, descolonizar la academia y la intelectualidad.
A diferencia de los colonialismos clásicos, este no viene de un pueblo; no tiene un punto de partida, de retorno. O mejor dicho, no tienen un punto de partida común. Los ideólogos del sionismo decían no tener a dónde ir. Sí, sí tienen: unos vienen de Lituania, otros de Estonia, otros de Rumania, de Ucrania, de Alemania. Por eso es que el sionismo plantea que hay que exterminar al pueblo nativo palestino: para poder instaurar los pilares de lo que llaman “Israel”, y hay que aclarar que es un Israel que no guarda ningún vínculo con el Israel de la Biblia. Esa es la gran estafa religiosa.
Los israelíes no son israelitas, porque no son semitas. Son europeos que vienen y se disfrazan de semitas, de hebreos y de israelitas. Es una falsificación de la historia bajo un manto estético cargado de épica y de epopeya.
El sionismo es el imperialismo mismo. Esa es la lucha de nuestro tiempo histórico. Y no hay que caer en el miedo de que por hablar de la liberación del pueblo palestino se nos tilde de antisemitas.
Te voy a dar un ejemplo histórico. El fin de las cruzadas en Palestina, que fue un colonialismo que venía de un movimiento religioso cristiano que quería tener el control de las vías marítimas, no fue el fin del cristianismo. Todo lo contrario, yo creo que salvaguardó al cristianismo. El fin del régimen colonial de Israel no es el fin del judaísmo; es resguardar al judaísmo como filosofía de amor y universalidad humana. La liberación del pueblo semita palestino implica el fin de la existencia de ese anacronismo eurocéntrico colonial fraudulentamente llamado Israel.
Ahora, ¿qué hacer con esa población que porta el gentilicio colonial “israelí”? Todo aquel que quiera vivir en Palestina, que sea bienvenido y que porte el pasaporte con el gentilicio palestino, y el que no quiera, que se vaya a su casa, a Europa. Es esa la solución. Nos preguntan mucho si somos capaces, a esta altura, de convivir con los judíos. ¡Pero por favor! Consulten la historia. El judaísmo forma parte de la herencia árabe. Todo el monoteísmo, judeocristiano y musulmán, viene del mundo árabe.
Además, ¿dónde han sido las grandes persecuciones contra la comunidad religiosa judía? Han sido en Europa y en Rusia, no en el mundo árabe. Nosotros estamos abiertos a vivir con cualquier ser humano del mundo y lo hemos demostrado.
Quiero hablarte de los armenios que llegaron a Palestina huyendo del Holocausto turco otomano. Fueron al Líbano, a Siria, a Yemen, a Irán, a Jordania; y fueron recibidos. No son semitas ni musulmanes, son europeos y hoy forman parte de ese mosaico, ese tejido palestino. No llegaron cortando cabezas, no llegaron hablando de dos estados. Mis padres nunca olvidaron su amor patrio, pero llegaron a Venezuela y obtuvieron su pasaporte, se hicieron venezolanos.
Toda esta cuestión de “los dos estados” no es más que una anestesia para amputarte las piernas, para ganar tiempo; porque el exterminio contra los pueblos nativos toma tiempo, y este pueblo resiste porque sabe que se trata de un compromiso con la humanidad. Si triunfa el sionismo van a ir por el África, por América Latina.
-Por último y ya que lo mencionas, quisiera que ahondemos un poco en las relaciones que podemos establecer entre Palestina y Latinoamérica. ¿Qué ves ahí? ¿Harías una diferenciación entre relaciones institucionales o geopolíticas y relaciones históricas y populares?
Creo que no podemos ser ateos de los pueblos. Porque a lo que las élites le tienen miedo es a la multitud, a la muchedumbre; la populaza. Allí está ese Dios y esa Diosa que a veces pareciera que no está en nuestro imaginario.
Yo, por ejemplo, casi lloré cuando Cepeda aceptó el fraude en Colombia. ¡No! ¡Llama a la gente!. A ese rico pueblo de Colombia con su música, con sus cantos, su colorido, su intelectualidad, su pedagogía popular, a no aceptar ese fraude. Y no creo en eso de “eso es asunto de Colombia”; eso es de nuestra Pachamama y de nuestra Abya Yala; es importante desde esta parte del mundo y desde aquella otra.
Así como me preocupó escuchar a Milei decir “somos superiores estéticamente”. Porque uno tiene una identidad con su propio pueblo pero que forma parte de un tejido universal.No quiero romantizar, es sencillo y es puntual: el boicot.
Si empezamos a no consumir esos productos que financian el genocidio en Palestina y otras mil cosas más en el África; los McDonald's y los Coca-Cola; eso es poderoso. Como decía Arundhati Roy, una escritora de la India, “las corporaciones nos necesitan a nosotros, más que nosotros a ellos”.
Si creamos esa cultura y esa educación, ese sentido; allí tenemos un poder más grande que cualquier corporación de todas estas. Nos han hecho creer que tú y yo no somos nadie, que no vamos a cambiar el mundo. Hay que unir a todas las hormiguitas.
El templo que nos queda, somos nosotros mismos porque, lamentablemente, los gobiernos han sido secuestrados por las corporaciones; prácticamente no existen. La democracia es una entelequia, el derecho internacional no opera.
Y estoy muy preocupada por nuestra América Latina, viendo monstruosidades tan horrendas: Milei allá, Kast en Chile, Bukele en El Salvador. Igual que la lucha palestina, es allí donde más tenemos que aferrarnos a nuestro tiempo histórico y ver el rol que debemos asumir.
Hago un llamado a la reflexión a las feministas, a los intelectuales, a la gente de izquierda. Yo creo que muchos movimientos revolucionarios se volvieron una mercadotecnia y se someten a sus discursos.
Dicen “yo no acepto la violencia”; claro que no queremos violencia, pero insisto, sería criminal no apoyar la lucha armada contra el horror. Hay un genocidio en Palestina y ya han matado cerca de 800.000 personas.
Y nosotros, desde nuestro confort, no somos quiénes para decirle a los palestinos cómo deben luchar. Ojo con eso porque nos están ruleteando, como decimos en Venezuela. Entramos en una ruleta de tiempo que es justo lo que necesitan para el exterminio del pueblo palestino.
El gran miedo del régimen colonial de Israel no es topográfico, es demográfico. Y el pueblo palestino lo sabe, por eso ha apelado a la reproducción y protegido su natalidad. Esta causa está intrínsecamente envuelta en la condición humana.
No estoy hablando de nacionalismos; no hay nada especial en ser palestino. Todos los pueblos del mundo son especiales, y esta causa es la causa contra el atraso, el salvajismo y la barbarie que es el sionismo. Judaísmo sí, sionismo no. Islam sí, Al Qaeda no. Cristianismo sí, cruzadas no. Esto es un conflicto político de naturaleza colonial, y el colonialismo es una estafa estética, religiosa, jurídica, antropológica, filosófica, política.
Me opongo a la abstracción y a esa cosa que cada día inventan y reinventan. Ellos mismos lo dicen; dicen “nosotros nos reinventamos”. Eso es una verdad. Nosotros, los palestinos, no nos reinventamos; nos reconstituimos, nos resucitamos, nos renacemos. Fin del colonialismo, por la liberación del río al mar del pueblo nativo semita, cananeo, levantino, de la gran Siria; el pueblo árabe palestino.
Por Paloma Alfonsín.
Comunicadora Popular
1. Susana y su equipo se vieron obligados a crear un nuevo canal al cual se puede acceder acá
2. Poema “Nosotros amamos la vida” traducido al español en PoesíaArabe.com
4. Para profundizar en este tema, se recomienda ver la entrevista realizada por Susana a Ariel B. Haddad en su canal de Youtube disponible acá
5. Campañas militares y religiosas organizadas por el papado y los reinos cristianos europeos entre los siglos XI y XIII