09 Mar
09Mar

El RRS Sir David Attenborough fue ubicado navegando desde Punta Arenas hacia las Islas Malvinas, en una derrota que volvió a llevarlo por aguas argentinas.

El buque, operado por el British Antarctic Survey, figura en plataformas de seguimiento marítimo identificado con bandera del gobierno ilegal de las Islas Malvinas. 

No es la primera vez que el Sir David Attenborough genera polémica por este tipo de trayectos en el Atlántico Sur y por la falta de una respuesta firme del gobierno nacional.

Al momento de publicación, Cancillería no emitió un pronunciamiento público sobre este nuevo cruce.

Seguimiento del RRS Sir David Attenborough desde Punta Arenas a las Islas Malvinas. Crédito: Marinetraffic

El rompehielos británico RRS Sir David Attenborough volvió a cruzar aguas argentinas tras su paso por Punta Arenas, en Chile, en una derrota con destino a las Islas Malvinas. 

El movimiento fue reflejado por plataformas de seguimiento marítimo, que ubicaron al buque navegando en el extremo sur del continente luego de zarpar desde el puerto chileno. 

Pero el dato más sensible no es solo el trayecto: el buque volvió a hacerlo identificado con bandera del gobierno ilegal de las Islas Malvinas, una situación que reactualiza un debate ya abierto sobre soberanía, navegación y respuesta oficial argentina.

Se trata de un buque operado por el British Antarctic Survey, concebido formalmente como una plataforma de investigación polar y apoyo logístico para campañas científicas en el Atlántico Sur y la Antártida. Sin embargo, en la práctica, su hoja de ruta y sus escalas muestran algo más que una rutina científica. 

El Sir David Attenborough forma parte de una red logística británica que conecta Malvinas, Georgia del Sur, la Antártida y puertos de apoyo sudamericanos como Punta Arenas, una secuencia de movimientos que permite sostener presencia y operación continuada en una zona donde el Reino Unido mantiene infraestructura, enlaces y capacidad de proyección.

El buque polar británico RRS Sir David Attenborough, operado por el British Antarctic Survey (BAS) en las Islas Malvinas. Crédito: Cyber & Specialist Operations Command vía X

El nuevo cruce no aparece, además, como un hecho aislado. En enero de 2025, el gobierno de Tierra del Fuego había denunciado la presencia del mismo buque británico por aguas argentinas con esa misma identificación y había cuestionado la pasividad del gobierno nacional. Aquella vez, el episodio giró en torno al paso del Sir David Attenborough por una ruta sensible del sur argentino y abrió una fuerte discusión sobre si correspondía considerar ese tránsito como “paso inocente” bajo la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar o si, por el contrario, la identificación del buque bajo símbolos vinculados al gobierno ilegal de las Islas Malvinas volvía improcedente esa interpretación.
La discusión no es menor porque combina dos planos. Por un lado, el operativo: un rompehielos polar británico cruza nuevamente aguas argentinas tras una escala logística en Chile y sigue rumbo a Malvinas. 

Por otro, el político y jurídico: lo hace bajo una bandera que la Argentina desconoce, en una zona donde la disputa de soberanía no está cerrada y donde cada movimiento británico tiene un efecto acumulativo. En ese sentido, no se trata solamente de un buque científico que pasa de un punto a otro, sino de una presencia que, a fuerza de repetirse, busca naturalizar un esquema de circulación, apoyo y reconocimiento práctico en el Atlántico Sur.

A fines de 2025 y principios de 2026, el Sir David Attenborough ya había quedado bajo observación por sus escalas en Malvinas, su paso por Georgia del Sur, sus campañas en el entorno antártico y su arribo a Punta Arenas. Toda esa secuencia fue mostrando una lógica sostenida: escalas breves, tareas de reabastecimiento, apoyo a instalaciones británicas y continuidad de campañas científicas y logísticas en un corredor que Londres administra como parte de su proyección regional. 

Para la Argentina, el problema no es discutir si el buque hace ciencia o rompe hielo, sino qué tipo de presencia ayuda a sostener esa operatoria y bajo qué símbolos lo hace.

En ese marco, la ausencia de una reacción oficial vuelve a pesar tanto como el movimiento del buque. En antecedentes recientes, los reclamos más duros partieron desde Tierra del Fuego, especialistas en la cuestión Malvinas y sectores vinculados al análisis del Atlántico Sur, mientras que la respuesta del gobierno nacional osciló entre el silencio y lecturas de baja confrontación. Esa diferencia importa porque, frente a un mismo hecho, la falta de protesta visible tiende a consolidar la percepción de que este tipo de navegaciones británicas entran en una rutina tolerada, incluso cuando involucran a un buque identificado con bandera del gobierno ilegal de las Islas Malvinas.

Por eso, el nuevo paso del Sir David Attenborough no puede leerse solo como un movimiento náutico más en el extremo sur. 

El tránsito desde Punta Arenas hacia Malvinas, el cruce de aguas argentinas y la utilización de esa bandera vuelven a reunir en un mismo episodio logística, presencia británica y disputa simbólica. Al momento de publicación, Cancillería no ha emitido ningún pronunciamiento público sobre este nuevo cruce, por lo que la atención vuelve a quedar puesta en si habrá alguna reacción formal o si el episodio, una vez más, quedará absorbido por la normalización de la presencia británica en el Atlántico Sur.

Te puede interesar: El buque británico RRS Sir David Attenborough arribó a Punta Arenas en el marco de su despliegue en el Atlántico Sur.


Escenario Mundial