Los cambios políticos en Irán, el retiro de las tropas estadounidenses de Irak y la creación de una nueva alianza entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán reflejan una acelerada reconfiguración geopolítica en Medio Oriente y una merma de la influencia de Washington en la región.
Los errores de cálculo de Estados Unidos e Israel al atacar unilateralmente a Irán han desatado una serie de empoderamientos y cambios geoestratégicos que están trasformando Medio Oriente. Al menos tres hechos impactantes confirman este proceso:
1) el nombramiento de nuevos altos cargos de la Revolución Islámica en Irán, consolidando la posición central que ha adquirido este país, en la región, en los últimos meses; 2) el anuncio de Irak sobre el retiro total del Pentágono de su país después de 23 años y 3), el más relevante de todos, la alianza estratégico-militar pactada entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán conocida como el “Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca” ya que tendrá su sede en esa ciudad sagrada.
El retiro de los últimos soldados estadounidenses de Irak marca el fin de una era. En febrero de 2003, sin la menor vergüenza, Colin Powell, entonces secretario de Estado norteamericano, mostró un frasquito con polvo blanco ante las Naciones Unidas y aseguró que ésa era la prueba de que Irak tenía “armas de destrucción masivas”.
Con ese pretexto el ex presidente George W. Bush desató una guerra unilateral contra Irak; derrocó al gobierno laico de Saddam Hussein; ejecutó al mandatario en la horca, en una base militar norteamericana y ocupó militarmente ese país durante años.
El argumento -el mismo que hoy se usa contra Cuba y otros países- fue que Irak representaba una amenaza para la seguridad y los intereses de EEUU. El actual primer ministro iraquí, Alí al-Zaidi, confirmó el viernes pasado que el 30 de septiembre se retirarán los últimos soldados y se pondrá fin a la ocupación militar extranjera.
Cambios en las altas esferas
El triunfo estratégico de Teherán sobre Washington (expresado de forma cabal en el dominio iraní sobre el estratégico estrecho de Ormuz) y sobre todo, las masivas manifestaciones de respaldo popular que ha recibido el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei han fortalecido a la actual conducción de la Revolución Islámica.
Solo en Irán, más de 45 millones de personas participaron de los funerales del ex líder supremo Ali Jamenei, padre del actual, asesinado por las bombas arrojadas sobre su casa por los ejércitos de Israel y EEUU, el 28 de febrero pasado.
Estas marchas, consideradas entre las más grandes en la historia de Irán, han dado luz verde para una profunda reorganización político-militar, con nuevas figuras partidarias de posiciones más duras en relación a los caminos a seguir con Washington.

El lunes 10 de agosto, Mojtaba Jamenei anunció que un hombre de su máxima confianza, Mohsen Rezaei, su principal asesor militar, sería el nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, entidad que desempeña un rol fundamental en temas de seguridad y política exterior. Para Rezaei, el principal objetivo de Irán es el control total de Ormuz, según él, “estrecho más valioso que decenas de bombas atómicas”.
Mojtaba nombró además otros cinco altos cargos militares considerados de línea dura (en contraposición con la línea moderada que representan el presidente, el cirujano Masoud Pezeshkian y su canciller, el diplomático a cargo de todas las negociaciones con EEUU, Abbas Araghchi).
El líder supremo aclaró en X que el objetivo es “preparar respuestas oportunas, revolucionarias y eficaces ante cualquier nivel y tipo de amenazas convencionales o modernas -ya sean militares, cognitivas o híbridas- contra el sistema sagrado de la República Islámica de Irán”.
Según medios occidentales como la revista estadounidense Foreign Policy, los cambios en puestos militares claves hablan de una radicalización. Teherán estaría dejando su vieja política de “paciencia estratégica” por otra que contempla una confrontación prolongada con Washington y Tel Aviv.
El pacto de La Meca
El 7 de agosto, tres potencias medianas -Turquía, Arabia Saudita y Pakistán- tomaron vuelo propio y firmaron el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca. Situada en Arabia Saudita, esta ciudad es el lugar donde nació Mahoma y el sitio más sagrado del islam. Los musulmanes se dividen en dos ramas principales: sunitas (85%) y chiítas (15%). Los tres países firmantes son sunitas mientras Irán es chiíta.
La alianza establece mecanismos de coordinación política y militar. Contempla realizar ejercicios conjuntos, desarrollar una industria armamentista, cooperar en materia de defensa y considerar que un ataque militar contra alguno de los tres miembros, será entendido como un ataque contra todos.

Hay dos puntos importantes: la alianza no contempla desvincularse de EEUU (sino explorar otras opciones) ni apunta contra ningún país. El canciller turco, Hakan Fidan, ha señalado que el acuerdo no está dirigido contra Irán y que su objetivo es reforzar la estabilidad regional. De hecho, Teherán no mostró ningún tipo de oposición.
No obstante, es obvio que la iniciativa de generar la propia seguridad (y el propio armamento) en lugar de importarlo de EEUU implica un movimiento de mayor independencia.
Tampoco puede dejar de vincularse esta decisión con los insistentes mensajes de Irán a sus vecinos. Desde que se inició la guerra, Teherán respondió las agresiones atacando las bases militares de EEUU asentadas en los países colindantes.
Tanto el ejecutivo como el parlamento iraní advirtieron reiteradamente a sus vecinos que la presencia del Pentágono lejos de protegerlos, incrementaba su vulnerabilidad y que debían expulsarlos.
El Acuerdo de La Meca parece indicar que estas tres potencias medianas finalmente comprendieron que, independientemente de la cantidad de armas que le compren a EEUU y de las bases del Pentágono que permitan en su territorio, la protección militar de la Casa Blanca no es segura: que se va a hacer efectiva (o no) según los intereses geoestratégicos del imperio y no según el peligro que corran sus países.
En el último año, muchas vulnerabilidades quedaron demostradas.
La Guerra de los Doce Días en 2025 y ésta en 2026 dejaron claro los graves defectos del sistema de defensa israelí e incluso del norteamericano, ambos afectados seriamente por los misiles hipersónicos de Irán.
La fortaleza de los socios
Si bien es prematuro imaginar el éxito o los avances del Acuerdo de la Meca, es importante subrayar las fortalezas de sus tres integrantes, además de destacar que los tres tienen posiciones geográficas estratégicas.

Turquía es miembro de la OTAN. Posee el segundo ejército más poderoso de esa organización (el primero es el Pentágono) y tiene una base industrial militar de avanzada, especialmente en drones, misiles, plataformas navales y sistemas electrónicos. Turquía solicitó el ingreso a los Brics plus.
Arabia Saudita tiene mucho dinero. Sus Fuerzas Armadas tienen un presupuesto superior a los 88.000 millones de dólares (una de las mejor financiadas del mundo). Como es una monarquía absoluta estas reglas no varían. Es además el país más grande de la región y el decimotercero en el mundo. Tiene un pie adentro y otro afuera de los Brics.
Pakistán es uno de los 9 países en el mundo que tiene armas nucleares (se calcula que poseen 170 ojivas). Su ejército es grande y experimentado y tiene capacidades estratégicas significativas. Ha tenido un papel muy activo en las negociaciones entre EEUU e Irán. Es miembros de los Brics plus y tiene con China una “asociación de cooperación estratégica total”.
Según insinuó el embajador de Pakistán en Moscú, Faisal Niaz Tirmizi, Egipto e Irán (ambos de los Brics plus) se podrían unir al acuerdo de La Meca en un futuro próximo.
Los interrogantes son muchos. ¿podrán estos tres países asumir el rol que se proponen? ¿Será el acuerdo garantía de protección?
Lo cierto es que la relación de fuerzas en Oriente Medio está cambiando aceleradamente y el poder de EEUU en la región disminuye día a día. Como se sabe, el vacío de poder se ocupa rápidamente.
Tal vez la asociación de estas tres (¿o cinco?) potencias medianas logre un equilibrio de fuerzas que las conduzca a una mayor estabilidad regional y a un futuro de desarrollo en paz.
Telma Luzzani
EL DESTAPE