Stella Calloni
22 Mar
22Mar

La guerra ilegal, violatoria de todas las normas internacionales y constitucionales, en el caso de Estados Unidos que, bajo el gobierno del republicano Donald Trump, quedó a merced del sionismo fundamentalista y mafioso del Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu -ambos estados terroristas- iniciada con el bombardeo masivo a Irán el pasado 28 de febrero, en el marco de negociaciones entre funcionarios estadounidenses e iraníes en Teherán, planeadas por los atacantes como “factor sorpresa”, simulando que se estaban logrando acuerdos de paz para sorprender al pueblo y al gobierno del país persa de milenaria cultural, con un bombardeo masivo, es un crimen de guerra y de lesa humanidad.

Es evidente que Irán es la víctima, no el victimario, ya que jamás atacó a Israel, cuyos gobiernos, salvo conocidas excepciones, consideran a esa nación persa como un “impedimento” para cumplir con el objetivo central del sionismo de apoderarse de todo el territorio desde el Eufrates hasta el Nilo para conformar “El Gran Israel“, lo que en estos tiempos justifica el genocidio y exterminio al que somete al pueblo palestino. Ante esta situación el papel de la prensa internacional, hegemonizada, en un 98 por ciento por el pentágono estadounidense y la inteligencia israelí -que han establecido una censura mundial como una forma de terrorismo informativo, un arma de guerra tan eficiente como drones y bombas, para iniciar la ofensiva criminal que deja muerte, destrucción y desolación-, pone en peligro de extinción a la humanidad. 

El asesinato del líder islámico Alí Jamenei junto a familiares, civiles y militares en la residencia en la cual se encontraban para facilitar los diálogos de paz -donde se mantuvo para estar junto a su pueblo amenazado- debe observarse en el mundo como si se hubiera asesinado al Papa de la iglesia católica, en ambos casos con millones de fieles tanto católicos como musulmanes, para entender la gravedad de la situación a la que se ha llevado al mundo. 

En referencia a la República Argentina -que en estos momentos está bajo el control de Israel y los Estados Unidos que gobiernan detrás del telón como titiriteros y manejan bajo su guión al títere de ocasión, el presidente Javier Milei- los medios masivos de información han descendido a su más bajo nivel en la historia nacional.

 Degradación de medios de comunicación

 Patrones y empleados de medios fieles a los mandatos de capitales externos, como mercenarios que son, obedecen y acumulan las ganancias de la corrupción y han abandonado su profesión periodística porque desconocen los principios esenciales del periodismo básico: “los pueblos tienen derecho a una información veraz” como se registra en la UNESCO y si no lo es -como sucede ahora- no es periodismo, es propaganda como arma de todo tipo de guerra imperial. 

El derecho de los pueblos a conocer la verdad ha sido ganado después de años de ser víctimas de saqueos, hambrunas causadas por la destrucción y la condena a grandes masas de la población a la miseria criminal y a dictaduras militares o encubiertas bajo la fachada de democracias falsas, impuestas por el capitalismo salvaje de un imperio ahora en acelerada decadencia, lo que ha provocado genocidios y atroces crímenes de lesa humanidad a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI. 

En estas últimas horas hemos podido observar otro gesto de sumisión y entrega de grandes medios en Argentina, como el periódico conservador La Nación,  que envió a Israel a uno de sus presuntos periodistas a “cubrir”  la “guerra de Oriente Medio”, aceptando la limitación de estar encerrado en un círculo entre escombros, montado por el gobierno israelí para controlar a la prensa extranjera. No es el único por supuesto, pero los grupos monopólicos de Clarín y La Nación encabezan la lista de los medios que mienten, desinforman y manipulan, salvo raras excepciones, siendo cómplices además, en estos momentos, de la entrega del país y del crimen social que representan las medidas económicas y eventos represivos que impone el gobierno autoritario de Milei que viola todas las normas constitucionales.

Estos medios especialmente en su versión televisiva, desinforman sobre la política internacional y sólo establecen comunicación con voceros israelíes, sean periodísticos o habitantes del lugar, a pesar de conocer que el gobierno de Israel censura tanto a propios como ajenos y aterroriza a quienes violen sus normas. 

En los últimos días, nada menos que la derechista cadena de televisión estadounidense CNN (transformada en su versión en español como CÑN),   protestó porque el gobierno de Benjamín Netanyahu prohíbe fotografiar los diversos lugares bombardeados por Irán, en respuesta al criminal ataque de sus agresores e impide conocer el número de muertos, para mantener en  secreto las pérdidas propias que oculta también a su población. 

En tanto en Estados Unidos aumenta día a día la certeza de que el gobierno de Israel es responsable de “arrastrar” a esta “guerra” ilegal e innecesaria para la potencia del norte en crisis, al ignorante y delincuente, pero no “inocente” políticamente, presidente Donald Trump. Con varias causas abiertas ante la justicia de su país por diversos delitos, con condena en uno de los casos, y cuya participación en el mayor escándalo mundial, como es el tenebroso accionar del millonario empresario judío Jeffrey Epstein, que aterrorizó y conmocionó al mundo, lo que podría llevarlo a su destitución por medio de un juicio político. 

Casi un 60 por ciento de la población estadounidense llama a lo actuado contra Irán: “la guerra de Epstein” lo mismo que serios analistas, que advierten además que Trump, atrapado sin salida por su activa participación en el “festín de los infiernos” de Epstein, espía del Mossad israelí, tal como lo confirmó el FBI estadounidense, está atentando contra los intereses de Estados Unidos. Incluso fuertes figuras del Partido Republicano gobernante advierten lo mismo. 

Hay que destacar e insistir sobre la verdad de que Irán no es el atacante, sino que responde con sus fuerzas de defensa a los agresores, ya que no existe registro de ataque de ese país contra Israel y ninguna otra nación, desde que se derrocó a la cruenta monarquía del último Sha (rey) de Irán Mohamed Reza Pahlavi quien reinó dictatorialmente hasta el triunfo de la liberadora revolución islámica en 1979. Nada se dice para explicar que la riquísima cultura persa reconocida mundialmente, es hoy el fundamento de la resistencia iraní. 

Así como la religión islámica, tan venerada por sus seguidores y tan profanada en las versiones que publica el supuesto “civilizado occidente”, lo ha sido desde siempre. 

El antiperiodismo, que es lo que hoy existe masivamente, no da a conocer ningún dato necesario para saber de qué país se habla cuando se nombra a Irán. ¿Qué cantidad de población sabe que Irán es un país que tiene más de 93 millones de habitantes distribuidos en un millón setecientos cuarenta y cinco mil ciento cincuenta kilómetros (1.745.150 Km), lo que lo coloca en el número 17 entre los más grandes países del mundo?.

Además ocupa un lugar estratégico, es zona de influencia en el agitado mapa mundial y mantiene sólidas relaciones comerciales y amistosas con los más grandes y diversos países del mundo. El buen periodismo debe opinar informando sistematizadamente, porque en estos momentos tan inevitablemente caóticos, de un mundo en grandes mudanzas, la sistematización evita la confusión y desafía la falsificación de la noticia de último minuto de las redes creadas para la confusión universal.   

En estos tiempos silenciar, ocultar, mentir y manipular información sobre el hecho de que, el Primer Ministro de Israel Benjamín Netanyahu está acusado como “criminal de guerra” por la Corte Penal Internacional de La Haya y con orden de captura por lo mismo o que, Naciones Unidas y otros organismos a nivel mundial, califican como “genocidio” y también mencionan ya la “limpieza étnica” (exterminio) que está aplicando el sionista gobierno israelí en Gaza, Cisjordania y Jerusalen, es también un crimen de guerra. Los habitantes de países y territorios ocupados y amenazados tienen otorgado, internacional y nacionalmente, el derecho a la defensa y cuando lo hacen, los estados terroristas como son hoy Estados Unidos e Israel, se conceden a sí mismos el derecho al exterminio de las resistencias.  

Bajo los mandatos de los verdaderos gobernantes de Argentina, Mieli declara la guerra a Irán y ofrece enviar buques y tropas, cuando las condiciones sociales internas están a punto de un estallido que será muy difícil de contener, bajo el argumento que este país fue “victima” de los atentados contra la embajada de Israel en marzo de 1992 y de la mutual Israelita AMIA en julio de 1994, lo cual nunca ha sido probado. 

El Mossad y la CIA estadounidense, acusaron desde los primeros momentos de ambos episodios a Hezbolá y células musulmanas del primero y a Irán abiertamente del segundo, en la misma noche de los hechos, cuando ninguno de los acusados tiene interés alguno en enemistarse con un país donde siempre han mantenido relaciones comerciales y amistosas ¿Cuál sería la razón de atentar contra una nación amiga con relaciones diplomáticas normales?.

En cambio sí lo tiene Israel, cuando desde fines del siglo XIX, la doctrina sionista colonialista e imperialista en grado supremo, había propuesto crear una república de Israel que nunca existió, en territorios como Palestina, Madagascar y, preponderantemente, en Argentina, que desde la independencia del colonialismo español se constituía en una nación de extenso territorio, de grandes riquezas de recursos y después de comenzado el siglo XX, convertida en una de las repúblicas más importantes de América Latina y geoestratégicamente extraordinaria enclava en el extremo sur de un continente dependiente ya del imperio estadounidense. 

La evidente y pública presencia de Israel hoy en el gobierno argentino, ya no se simula ni se oculta y, cuando un periodista, analista o político dice hoy, aquí en este año 2026, la palabra sionismo o simplemente menciona el genocidio en Gaza, es acusado judicial y penalmente, perseguido, amenazado, despedido de su empleo, mientras un mandatario desquiciado a extremos nunca vistos, grita: "soy el presidente más sionista del mundo“. La verdad es la única posibilidad de salvación para lograr la paz en este planeta al borde de la extinción.


Stella Calloni


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