La reelección de Lula se perfila como una batalla decisiva para Estados Unidos en América Latina, mientras Donald Trump intensifica la presión sobre Brasil y el gobierno de Javier Milei se alinea con la estrategia de Washington en la región.
“Estados Unidos teme una alianza fuerte entre Argentina y Brasil porque este lazo no es apenas la suma de dos países sino la multiplicación de fuerzas y de potencialidades extraordinarias”.
Esta fue la respuesta del ex presidente argentino Arturo Frondizi (1958-1962) al intelectual brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira cuando le preguntó sobre los permanentes esfuerzos de Washington por fomentar la rivalidad entre Buenos Aires y Brasilia. Moniz Bandeira lo narra en su libro “Geopolítica y política exterior” publicado en 2010.
Esto fue así siempre: desde su proyecto de dominación continental de 1823, (Doctrina Monroe), hasta la coyuntura actual en la que el imperio -luego de un breve instante de hegemonía unipolar- se enfrenta a su propio declive relativo y a un mundo en metamorfosis que avanza hacia una multipolaridad sin reverso.
En este contexto, para EEUU, la reelección de Lula da Silva en las presidenciales de octubre en Brasil es la madre de todas las batallas y Argentina -en un grado de vasallaje nunca antes visto- es una de sus principales herramientas para boicotear al mandatario.
Los insultos que el presidente Javier Milei escupió durante el lanzamiento de Flavio Bolsonaro como candidato a la presidencia de Brasil, fue un show muy bien planificado.
Obediente a Donald Trump, Milei agravió sistemáticamente a aquellos dirigentes que, por diversas razones geopolíticas, la Casa Blanca necesitaba denostar: entre otros al español Pedro Sánchez, el colombiano Gustavo Petro y, ciertamente, a Lula, a quien llamó reiteradamente “ladrón, corrupto y presidiario”.
El objetivo inmediato era desacreditar al líder del Partido de los Trabajadores y sumar votos para el candidato Bolsonaro, algo que, según muestran las últimas encuestas, no se logró.
El propósito a largo plazo es que el gobierno de Milei sea el capataz que ayude a consolidar una Sudamérica de extrema derecha bajo las órdenes de Trump; un subcontinente militarizado bajo el “Escudo de las Américas” y un bloque regional de resistencia anti-chino y anti-nuevo orden multipolar.
Para este objetivo, la derrota de Lula en las próximas elecciones es imprescindible.
Soberanía o dominación
Mientras Argentina molesta por el Sur, EEUU pega duro desde el Norte. Uno de los primeros ataques unilaterales de Washington contra el gobierno de Lula fue el castigo arancelario por supuestas “prácticas comerciales desleales” (especialmente por el exitoso sistema PIX de Brasil para pagos instantáneos, algo que se explica más adelante en esta nota).
Otro fue un golpe a la soberanía brasileña al incluir a dos bandas narcos (pero no terroristas) –el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando de la Capital (PCC)– en la lista de “organizaciones terroristas” lo que abre la posibilidad de una intervención militar del Pentágono en Brasil.
Esta decisión del Departamento de Estado norteamericano está en línea con el llamado que hiciera Marco Rubio, los últimos días de julio, para planificar una respuesta militarizada contra la oposición de izquierda, a nivel transnacional.
Y en esto Argentina podría llegar a servir de base para acciones contra Brasil cuyo presidente es de izquierda.
Milei no sólo envió a su canciller Pablo Quirno a la mencionada reunión con Rubio, sino que se ha erigido como un peligrosísimo cuartel para combatir a lo que EEUU considera “el resurgimiento del terrorismo político” a nivel global.
Para esto Washington acaba de mandar a Buenos Aires al subdirector adjunto del FBI Andrew Bailey. Junto con el embajador Peter Lamelas y el secretario de la SIDE Cristian Auguadra, Bailey activó el Centro Nacional Antiterrorista (CNA), pergeñado en 2025 por Patricia Bullrich como Ministra de Seguridad.
Como explicó Marco Rubio se trata de “derrotar al flagelo del terrorismo” que según el trumpismo abarca a los “impulsados por un odio primordial hacia la civilización (…) los que no pueden crear y buscan destruir a quienes sí pueden hacerlo. Se trata de (derrotar) al radicalismo de izquierda que pueden autodenominarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas, marxistas pero su carácter fundamental es siempre el mismo”.

Acoso de EEUU a Brasil
Además de los aranceles, de la amenaza de una virtual ocupación militar (y aquí es imposible olvidar el 3 de enero de 2026 en Venezuela), de la explícita preferencia pública de Trump por Bolsonaro, el pasado 4 de agosto, la Casa Blanca revocó el visado de la embajadora brasileña María Luiza Ribeiro Viotti, escalando la tensión entre los dos países.
Como se dijo Brasil es una pieza fundamental en la sobrevivencia de la actual hegemonía estadounidense. La peor pesadilla para Trump es la reelección de Lula, es decir, un triunfo del Brasil soberano, con propuestas de autonomía estratégica, integrante de los BRICS, con posibilidades de jugar como potencia emergente en varios tableros del mundo.
Sólo como uno de los tantos ejemplos, está el tema del PIX, una de las batallas clave. Se trata de un sistema de pago internacional instantáneo y soberano creado por el Banco Central de Brasil. Opera con el real. No depende de las redes tradicionales dominadas por EEUU y evita circuitos controlados por el dólar.
Además de ser exitoso a nivel nacional (ha mermado la clientela y las transacciones de tarjetas de capital estadounidense como Visa y Mastercard), el PIX tiene convergencia con otros sistemas de pago alternativos de los BRICS que operan por fuera del dólar. En una palabra, aporta a una futura desdolarización o al menos a la construcción de un sistema monetario financiero que desafíe al dólar como moneda de referencia y reserva global.
El “Lula bravo”
Los próximos 60 días no serán fáciles para Lula. Trump ha probado no tener escrúpulos cuando quiere conseguir algo. Lamentablemente Argentina ayudará (por ejemplo, tergiversando los motivos de la tensión diplomática, que no fue por la visita de Milei a Bolsonaro sino por los insultos). Habrá nuevos castigos comerciales y financieros, amenazas, fake news, denuncias falsas y hasta ¡quién sabe! algún intento desestabilizador.
Lula ha dicho estar preparado para esta guerra. “Se acabó el Lula paz y amor ahora viene el Lula bravo” dijo al presentar esta cuarta candidatura a la presidencia. Y se le cree. Ese muchacho que, hace más de 60 años, llegó a San Pablo desde el paupérrimo nordeste, con su madre y 8 hermanos, sin saber leer ni escribir, derrotó al hambre, al analfabetismo y a todos los prejuicios que lo marginaban**.
** Ese muchacho no sólo fue el más importante sindicalista de Brasil y fundó el mayor partido de la izquierda latinoamericana, sino que además se convirtió, en el siglo XXI, en el mejor presidente que Brasil tuvo en su historia.
Telma Luzzani
EL DESTAPE