Por: NICOLÁS HERNÁNDEZ
Peter Thiel y su esposo, Matt Danzeisen (ex vicepresidente de BlackRock) ya se incorporaron al exclusivo barrio porteño de Barrio Parque. Allí, compraron la casa más cara de la ciudad y trascendió que su estadía se extenderá al menos dos meses. Pese a mantener un perfil bajo, su presencia ya movió todas las fichas de la cúpula política nacional: se reunió con Javier Milei (con quien ya se había visto en mayo de 2024), cenó “distendido” en la casa del ministro Federico Sturzenegger y mantuvo un encuentro a solas con Santiago Caputo, el todopoderoso asesor presidencial que controla la SIDE y el armado digital del gobierno. Al mismo tiempo, Milei ordenó echar a la prensa de la Casa Rosada el día que recibió al magnate.
Poco y nada trasciende de cuáles son sus objetivos y se mantiene un hermetismo total tanto desde el Gobierno como del círculo cercano de la oscura figura que articula armas de guerra, hipervigilancia, Inteligencia Artificial y el anticristo.
Sin embargo, en la elite tecnológica estadounidense cobra fuerza el concepto de una República Tecnológica, de establecer un “feudalismo tecnológico” y eliminar todas las trabas que supone la democracia a la libertad del avance del desarrollo. Esta teoría que podría aplicar en Argentina habla de ubicar feudos vacíos para desarrollar el método y ya en su primera visita de 2024, el embajador de Argentina para Estados Unidos, Alec Oxenford, señaló que la república libertaria de Milei es “el experimento anarcocapitalista más prometedor del mundo”.

Palantir: el leviatán que viene por el Estado argentino
Detrás de Thiel está Palantir, su verdadera criatura. Fundada en 2003 con plata del fondo de capital de riesgo de la CIA (In-Q-Tel), nació directamente del vientre del Estado de seguridad nacional estadounidense. Su negocio nunca fue el mercado civil: es la guerra, la inteligencia y el control.
Palantir no es una empresa de software común. Es una arquitectura de dominación. Sus plataformas Gotham y el sistema Maven (basado en IA) son las herramientas centrales de la nueva guerra algorítmica: tragan datos de satélites, drones, redes sociales y comunicaciones intervenidas, y los convierten en inteligencia en tiempo real. Con eso coordinaron enjambres de drones y bombardeos en Gaza, y fue pieza clave en el secuestro de Maduro y su esposa en enero de 2026 (según The Wall Street Journal, el Pentágono usó Palantir y la IA Claude de Anthropic). También sus acciones se dispararon tras los asesinatos selectivos en Irán, incluido el del ayatolá Jamenei, localizado gracias a su tecnología.
En Estados Unidos, Palantir ya maneja decisiones militares clave para el Pentágono gracias a un contrato de 10 mil millones de dólares (uno de los más caros en la historia de Defensa). Y su sistema se usa contra la propia población y los migrantes, en las redadas masivas del ICE.
Así, actores privados capturan funciones que históricamente eran exclusivas del Estado. El control operativo de Palantir sobre el Pentágono legitima una nueva élite: la de los CEOs de Silicon Valley como gestores de lo público.
El laboratorio argentino: ¿el Estado delegado a una empresa?
Con estos antecedentes, no es ciencia ficción pensar que en la Argentina no solo ciertas capacidades estatales pasen a control de estas herramientas, sino que la conducción misma del gobierno termine delegada en la empresa. No faltan analistas que creen que Palantir ya está prestando servicios de rastreo y análisis de datos a la SIDE o a otras agencias locales. Pero la firma —que lleva el nombre de las piedras que usaba el mago blanco Saruman en El Señor de los Anillos para espiar a los pueblos de la Tierra Media— se maneja con una opacidad total.
La presencia física de Peter Thiel en Argentina es un paso concreto de su plan para convertir al país en el epicentro de su proyecto global. Impulsado por una afinidad ideológica radical con Javier Milei, el magnate no solo ha desembarcado con su capital, sino que ha comenzado a construir una base de operaciones integral. Su plan abarca desde la compra de una lujosa mansión en Buenos Aires y análisis para adquirir campos en la Patagonia, hasta la firma de un potencial contrato para instalar su sistema de vigilancia masiva, Palantir, en el Estado argentino.
Las reuniones de Thiel con Santiago Caputo y el Presidente Milei apuntan directamente a la contratación de sus servicios por parte del gobierno argentino.
La utilidad de un sistema de este calibre en un país que no está en guerra es una de las principales preocupaciones de la oposición, que advierte sobre un posible uso para el control social y político interno.
Milei a la vez ha mostrado su subordinación y prohibió el ingreso a periodistas a la Rosada el mismo día en que Thiel visitó la Casa de Gobierno para reunirse con el jefe de Estado. A su vez, hace cuatro meses el Ejecutivo emitió el DNU 941/2025 de Modificación de la Ley de Inteligencia Nacional, promulgado en enero de 2026. Esto, junto con la temprana reunión entre Caputo y Thiel puede ser tomado como una pista de cuáles serán los primeros pasos de Palantir en Argentina.
El DNU “crea nuevos organismos como la Agencia Federal de Ciberinteligencia, centraliza el cruce de bases de datos personales entre entes estatales y adopta explícitamente un enfoque de ‘contrainteligencia preventiva’ para anticipar amenazas”. Ese marco normativo ofrece la materia prima de la que se vale Palantir: integración masiva de datos, análisis predictivo mediante inteligencia artificial y automatización”.
El principal destino de esta tecnología en Estados Unidos fue de la mano de la implementación de la política antiinmigrante, en la cual se utilizó para microtargeting y seleccionar objetivos o comportamientos. A su vez, estas bases de datos podrían utilizarse con objetivos como la integración de padrones y el análisis predictivo que podría utilizarse para manipular procesos electorales.
En tanto, Palantir cerró en septiembre del año pasado un acuerdo por más de mil millones de dólares con Reino Unido y funciona de manera entrelazada con Israel. No existen garantías de soberanía sobre los datos nacionales y menos aún bajo la opacidad con la que se realizan este tipo de acuerdos.

El modus operandi de Thiel y Palantir fue detallado por su CEO, Alex Karp, en su libro publicado en febrero de 2025 titulado «República tecnológica». La estrategia se basa en un método llamado "land and expand" (aterrizar y expandir). La empresa penetra en una institución —ya sea gubernamental, de inteligencia o militar— con un contrato pequeño y manejable. Una vez dentro, despliega a sus ingenieros, impone su "ontología" de datos y crea una dependencia tal que la institución se vuelve incapaz de operar sin su infraestructura.
Esto se conoce como "vendor lock-in": una vez que una agencia pública ordena su mundo con la ontología de Palantir, desprenderse cuesta una fortuna o directamente se vuelve inviable.
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