Brasil, Israel y EE.UU. definen su futuro en elecciones clave. La disputa entre Lula y Bolsonaro, las bancas de Netanyahu y el impacto en Trump.
En los próximos 10 días se definirá el futuro de Brasil, de Oriente Medio y también del mundo.
Nuestro vecino se juega entre la continuidad de un país previsible y de logros palpables –con la reelección de Lula da Silva- y otro, con la extrema derecha de Flavio Bolsonaro, dispuesta a dar un volantazo drástico con la promesa de resultados prodigiosos pero incomprobables.
Este dilema radical se da en un contexto de empate 50% a 50% y se definirá el domingo.
Dos días después, el 27, en elecciones parlamentarias, Israel decidirá si el actual primer ministro Benjamin Netanyahu (de cuna elitista) seguirá en el poder o será reemplazado por un alto militar, Gadi Eisenkot, del partido derechista Yashar, descalificado por algunos sectores del establishment israelí por ser descendiente de inmigrantes marroquíes (judío mizrají).
Los israelíes elegirán a los 120 legisladores del Knesset y éstos, al primer ministro.
Las encuestas indican empate técnico. Tanto el oficialismo (Likud) como el Yashar obtendrían 51 bancas cada uno, lejos de las 61 necesarias. Netanyahu enfrenta procesos judiciales por fraude y sobornos, entre otros delitos, por lo que necesita desesperadamente conservar el poder y su inmunidad.
Las alianzas que logren estos candidatos definirá el destino de Israel y de Oriente Medio.
El futuro bascula entre la continuidad -o no- de las agresiones desatadas por Netanyahu: el genocidio de Gaza; la ocupación ilegal de Cisjordania; la guerra en El Líbano y en Siria, además de otro posible ataque a Irán, agravando aún más la crisis energética global.
Una semana después, el 3 de noviembre, los norteamericanos reelegirán la cámara baja del Congreso y un tercio del Senado. Estos comicios son vistos como un referendum sobre el actual gobierno republicano en un momento en que el presidente Donald Trump se encuentra en el punto más bajo de aprobación popular.
Si el Partido Republicano pierde su actual mayoría en Representantes (diputados) y en el Senado no se descarta la posibilidad de un impeachment contra Trump o una renuncia presidencial anticipada. Si se concreta este último escenario y toma el poder el actual vicepresidente J.D. Vance, la política exterior de Washingron podría tener cambios significativos.
Brasil en su hora más difícil
La Argentina asolada por la motosierra ha sido mencionada con frecuencia en las vísperas del balotaje en Brasil.
¿Qué horizonte le espera al gigante sudamericano en los próximos años si es elegido presidente Flavio Bolsonaro?
En una entrevista con El Destape, el analista argentino Javier Vadell, profesor de Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais, responde de manera contundente: “Más que nunca, estamos ante un dilema crucial: soberanía o coloniaje.”
“Flavio Bolsonaro presenta un programa económico totalmente neoliberal. Esto no es ninguna novedad. Todos los candidatos de extrema derecha en América latina son neoliberales y tienen un doble objetivo: agradar a Estados Unidos y a algunas élites locales.
La narrativa de que “el Estado es malo y lo privado es bueno” se viene repitiendo desde hace 25 años o más. Las élites quieren pagar menos impuestos (aunque algunos ya pagan poco) y apoyan un programa con “menos Estado” a menos que ellos necesiten alguna dádiva.”
- ¿Y en relación al factor externo?
- Si gana Bolsonaro será un país sometido a la voluntad del gobierno de Donald Trump. En política exterior, se apuntará a un Brics suave, sin gran protagonismo, o incluso podría ser obligado a salirse de esa alianza. Pero todo se enmarca en un contexto más profundo: EEUU quiere deshacerse del gran rival brasileño en agronegocios porque quiere ganar un mercado que cada vez se achica más.
- ¿Qué papel juega China en ese escenario?
- El Ceo de la multinacional estadounidense Cargill estuvo en las dos cumbres entre Xi Jinping y Trump, en la de Washington y en la de Beijing. Hay gráficos que muestran que el agronegocio brasileño se benefició mucho de la guerra comercial entre EEUU y China. En un gobierno Bolsonaro, ese sector, con un Estado mínimo, sin los subsidios del Banco de Brasil y sin la Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria) que, como el mismo Flavio anunció, va a ser destruida, deja de ser competitivo.
- Que Brasil deje de ser un rival en ese plano es una muy buena noticia para EEUU.
- Así es. El agro es un lobby muy importante en EEUU. Dentro de Brasil hay sectores miopes que sólo ven el corto plazo. El capitalismo es corto plazo, es lucro inmediato. Si el sector de agronegocios brasileño razonara bien, no apoyaría a Bolsonaro. Pero salvo algunos que lo estarían viendo (con una mirada coyuntural, no profunda, es decir, por “no desagradar a China”), el agro nunca votó a Lula ni al Partido de los Trabajadores (PT) por odio de clase. Y esto también se viene machacado desde hace más de una década.
- Otro punto importante son las tierras raras. Brasil tiene la segunda mayor reserva del mundo.
- Sí. Hay dos temas más de enorme importancia: petróleo y tierras raras. El diésel está por las nubes. Trump se tuvo que agachar y hacer un acuerdo con el presidente ruso Vladimir Putin, algo que puede ser la antesala del congelamiento o incluso el fin de la guerra en Ucrania.
Por otro lado, todo indica que podría haber un nuevo ataque a Irán y, en consecuencia, una profundización de la crisis del combustible. Ya hay problemas con el abastecimiento. También va a haber dificultades con los fertilizantes lo que sumado a los efectos climáticos de El Niño va generar una grave crisis alimentaria.
- El escenario es muy preocupante.
- El otro factor son las tierras raras. Bolsonaro las va a entregar a EEUU pero ¿quién las va a procesar? China.
Ahora hay en Brasil planes de procesar tierras raras aquí y de paso aprender de los chinos, pero con Bolsonaro se va a ir todo por la borda. Un nuevo mandato de Lula frenaría esa locura.
Es cierto que tendría un Senado muy en contra, pero aun así no se afectarían las políticas sociales. Los políticos brasileños de derecha también son muy pragmáticos. Con Lula habría otro tipo de negociaciones y, desde el Ejecutivo, se podría profundizar la industrialización y aprovechar la Petrobras. El petróleo en Brasil significa un tercio de la balanza comercial positiva. Tierras raras, petróleo y sector agrícola son el eje de la bonanza de Brasil.
Por Telma Luzzani
EL DESTAPE