Pilar Cortés
07 Apr
07Apr

Mientras el continente africano en su momento respaldó a la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, la República Argentina recientemente votó en contra del reconocimiento de la esclavitud como crimen contra la humanidad. 

La República Argentina tiene un vínculo directo con el continente africano desde 1534 con la primera trata transatlántica de esclavos provenientes de África.

Sin embargo, la gran masa de esclavitud se produjo dos siglos más tarde, entre los años 1700 y 1750. En aquel entonces fueron traídas a la fuerza 14.000 personas esclavizadas, cuyo destino fue realizar labores domésticas, ser vendedores ambulantes, artesanos o vendidos a otros ‘’amos’’: se les prohibió hablar sus propias lenguas forzándolos a hablar español, sus religiones les fueron negadas y se les forzó a practicar el catolicismo, pero sobre todo se les obligó a deberle fidelidad a su ‘’amo’’ y se les anuló cualquier reconocimiento ante la ley. 

Esto permitía que el propietario de la persona esclavizada pudiera hacer con ella lo que quisiera, desde forzarla a realizar trabajos que exceden su condición física hasta castigarla, violarla o torturarla. Junto a los pueblos originarios, ambas poblaciones padecieron el colonialismo y la explotación en su máxima expresión[1]

Para 1778 la población negra conformaba el 30% del padrón de lo que hoy conocemos como Argentina[2]. Paulatinamente se fue produciendo el camino hacia la abolición de la esclavitud en 1853, aunque ésto no garantizaría aún la completa libertad: los esclavizados se convirtieron en sirvientes y los amos en patrones. Los primeros debían respeto y sumisión al patrón y los segundos debían asegurar la educación, ‘’ejemplo moral’’, la ropa necesaria a su ejercicio, la abstención de castigos rigurosos y servicios superiores a su fuerza o estado de salud y la moderación en el proceder y tratamiento con el sirviente. 

El patrón podía conservar a su siervo mientras cumpliera con sus obligaciones anteriores, de lo contrario, el sirviente podía recurrir a un juez con el fin de exigir la separación de la casa del patrón y avisar al gobierno para que se le documente provisoriamente[3]

En resumen, nuestro país tiene una historia marcada por la inmigración forzada, la explotación y la tortura incluso de nuestros propios pueblos originarios, quienes fueron los primeros esclavizados.

 Pero el vínculo entre Argentina y África no se limita sólo a una marca dolorosa y sangrienta en nuestra historia: en el año 2013 durante la Cumbre América del Sur-Africa (ASA), en Guinea Ecuatorial, los 54 países del continente africano reconocieron los legítimos derechos de soberanía de la Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes[4]

Este apoyo fue agradecido por el entonces canciller Héctor Timerman, quien afirmó que ‘’constituye una victoria diplomática para nuestro país, pues es la primera vez que toda África se suma a nuestro continente en declarar los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía sobre las islas Malvinas”. 

Sin embargo, 13 años más tarde el gobierno de Javier Milei tomó la decisión de darle la espalda a nuestra historia y a nuestra deuda con el pueblo africano: el 25 de marzo en el período 80º de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas se aprobó la Resolución A/80/L.48, la cual califica la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada de africanos como "el crimen de lesa humanidad más grave de la historia”. Sólo tres países votaron en contra: Estados Unidos, ‘’Israel’’ y Argentina[5]

Dicha Resolución tiene como objetivo traspasar el umbral del reconocimiento simbólico, e implica una rendición de cuentas institucional y la imprescriptibilidad de los crímenes cometidos. Su texto expresa que ese sistema de explotación, que se prolongó durante más de cuatro siglos, constituye una violación del derecho internacional de carácter imprescriptible y sus consecuencias continúan afectando a millones de personas en todo el mundo. 

El hecho generó repudio por parte de sectores de la sociedad argentina y de figuras como Guillermo Justo Chávez (ex jefe de gabinete de cancillería durante el gobierno de Alberto Fernández), quien declaró que esta postura no responde a una estrategia profesional, sino a un alineamiento automático con potencias extranjeras: "el único criterio que tiene es seguir las acciones de Israel y Estados Unidos; entonces, no tiene en cuenta el interés nacional de la Argentina. (...) Votar en contra de esto es votar en contra de lo más elemental que es considerarse ser humano; hay un proceso de deshumanización por parte de este gobierno"[6]. 

La decisión aislada del gobierno argentino no es una novedad: el año pasado Argentina votó en contra de la adhesión de Palestina como Estado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la cual fue aprobada por 143 votos a favor y sólo 9 en contra. Esto dejó nuevamente a esa nación - que continúa padeciendo un genocidio ante los ataques del ejército de ocupació ‘’israelí’’ dirigidos hacia la población civil - a un paso de ser reconocida como miembro pleno del organismo. 


Por Pilar Cortés para Data Urgente 



[1] https://www.aacademica.org/000-097/101.pdf [2]https://culturaypensamientodelospueblosnegros.com/apuntes-sobre-la-historia-de-los-afrodescendientes-en-argentina/

 [3]https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.15274/pr.15274.pdf 

[4] https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214476-2013-02-23.html

 [5]https://www.palabrasdelderecho.com.ar/articulo/6644/La-ONU-califico-a-la-trata-transatlantica-de-esclavos-y-la-esclavitud-racializada-de-africanos-como-el-crimen-de-lesa-humanidad-mas-grave-de-la-historia

 [6]https://www.radiobuenosaires.com.ar/por-que-argentina-voto-en-contra-de-la-resolucion-sobre-esclavitud-en-la-onu