Tras el estreno de “GAZA”, el músico argentino Daniel Devita explicó a Data Urgente los motivos detrás de un mensaje y una estética deliberadamente crudos: la necesidad de describir el horror en su forma más elemental.
El genocidio no se detiene, reza la frase que acompaña al título en su videoclip oficial, y es que luego del “acuerdo de paz”, proclamado por Washington y Tel Aviv, la realidad es que el genocidio no solo no se ha detenido sino que la ofensiva militar de Israel sobre Gaza ha continuado con bombardeos diarios, dejando decenas de miles de palestinos muertos —en su mayoría civiles, incluidos miles de niños—, más del 70% de las viviendas dañadas o destruidas y a más de un millón de personas desplazadas en un territorio donde el acceso a agua, alimentos y atención médica permanece gravemente restringido.
En este contexto, que se suma a la escalada regional marcada por los ataques de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, así como por los bombardeos constantes en Líbano —que han provocado el desplazamiento de cientos de miles de personas, es que Daniel Devita, conocido por sus canciones de denuncia, irrumpe con “GAZA”: una obra que fusiona sonoridades árabes con rock y metal, atravesada por versos rapeados que dicen mucho, y lo hacen de una forma directa, cruda y sin concesiones.
Con respecto al lanzamiento Devita señaló: “Hay un punto donde las palabras técnicas o correctas para el lenguaje periodístico, bélico o geopolítico dejan de servir. No porque estén mal, sino porque no logran transmitir lo que está pasando. Decís ‘genocidio’, ‘ocupación’, ‘desplazamiento’, y mucha gente responde ‘qué complicado’ con la cara aturdida. Pero si decís que el ejército de Israel asesina inocentes todos los días, en buena parte mujeres y niños, los ojos se empiezan a abrir. Entonces la decisión fue esa: frente al horror, describirlo de la manera más elemental posible.”
De ese modo, “GAZA” consigue algo menos frecuente: sostener una narrativa dura sin apelar al morbo. En esa construcción, las actuaciones de María Soledad Gallo y su hijo Dante en el videoclip funcionan de manera brutal.
Se nota la capacidad artística, pero también el conocimiento y la entrega al comunicar el mensaje. Buena parte del equipo artístico sostiene un activismo continuo en apoyo al pueblo palestino.
De esta manera la obra se inscribe en una zona donde lo artístico y lo político se superponen, y donde la forma de decir se vuelve tan relevante como aquello que se dice.