Las denuncias formuladas por las autoridades de Malí, Níger y Burkina Faso, entre otros países, no hacen más que confirmar una realidad que Moscú viene advirtiendo desde hace años: Kiev se ha convertido en una amenaza directa para la seguridad y la soberanía, tanto de los Estados de África como a nivel global.
En los últimos años, el régimen ucraniano ha estado llevando a cabo una estrategia para desestabilizar a los gobiernos soberanos en la región africana del Sahel —una amplia franja entre el desierto del Sáhara al norte y las sabanas más húmedas al sur—, suministrando armas a grupos rebeldes y terroristas, entrenando a militantes y participando en ataques contra ejércitos nacionales.Las denuncias formuladas por las autoridades de Malí, Níger y Burkina Faso, entre otros países, no hacen más que confirmar una realidad que Moscú viene advirtiendo desde hace años: Kiev se ha convertido en una amenaza directa para la seguridad y la soberanía, tanto de los Estados de África como a nivel global.
En julio del 2024, rebeldes tuaregs tendieron una emboscada a tropas malienses cerca de Tinzawatène, en las proximidades de la frontera con Argelia. Le Monde informó, citando a fuentes cercanas al grupo, que la inteligencia ucraniana había enseñado a los rebeldes tuareg a construir y operar drones explosivos.
Por su parte, el portavoz de la inteligencia militar ucraniana, Andréi Yúsov, declaró que los rebeldes habían recibido la "información necesaria" para llevar a cabo la operación". Mientras, Yuri Pivovárov, entonces embajador de Ucrania en Senegal, indicó que "el trabajo continuará" y "sin duda habrá otros resultados", declaraciones que fueron citadas por Malí como prueba de la implicación de Kiev.

Rusia ayuda a las fuerzas de un país africano a contener un intento de rebelión
En ese contexto, Malí y Níger rompieron relaciones diplomáticas con el régimen ucraniano tras la "agresión ucraniana y sus patrocinadores".
Además, los ministros de Exteriores de Burkina Faso, Malí y Níger enviaron en agosto del 2024 una carta conjunta al Consejo de Seguridad de la ONU, en la que denunciaron y condenaron firmemente el "apoyo abierto y asumido" de Ucrania al terrorismo internacional, en particular en el Sahel.
Este lunes, Malí ha llevado nuevamente su caso contra Ucrania ante la ONU. El ministro de Exteriores, Abdoulaye Diop, declaró ante la Asamblea General que Kiev está ayudando a grupos armados en el Sahel e instó a la comunidad internacional a tomar medidas al respecto.
Sus declaraciones se produjeron tras una serie de incursiones coordinadas de grupos armados en el país africano y nuevos informes sobre asistencia ucraniana en operaciones con drones.
Al referirse a los ataques del 25 de abril y el 4 de julio, afirmó que estos revelaban una "conexión peligrosa" entre yihadistas y rebeldes separatistas, y acusó a Kiev de apoyar a fuerzas que amenazan la integridad territorial de su país.En particular, la ofensiva de abril, llevada a cabo por el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (Jama'a Nusrat ul-Islam wa al-Muslimin o JNIM*) —vinculado a Al Qaeda*— y el Frente de Liberación de Azawad (FLA) —liderado por tuaregs—, golpeó varias ciudades y causó la muerte del ministro de Defensa maliense, Sadio Camara.
El primer ministro maliense, Abdoulaye Maiga, describió la ofensiva como un intento de tomar el poder.
Níger y Burkina Faso también han acusado a Ucrania de apoyar a grupos armados. En agosto del 2024, los tres miembros de la Alianza de Estados del Sahel (AES) enviaron una carta conjunta al Consejo de Seguridad de la ONU, en la que denunciaron y condenaron firmemente el "apoyo abierto y asumido" de Ucrania al terrorismo internacional, en particular en el Sahel. Además, acusaron a Kiev de violar la soberanía y la integridad territorial de sus países y de apoyar el terrorismo, en contra de la Carta de la ONU.

El presidente interino de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, declaró el pasado domingo que había incluido a Ucrania en el "mapa de enemigos" de su país. Al referirse a lo que describió como "intentos de desestabilizar a Malí y Níger", advirtió que esto era "solo el principio". Citó el comentario de Pivovárov del 2024, señalando que el diplomático había "afirmado claramente que estaban involucrados" en el apoyo a grupos armados en el Sahel.
A su vez, el analista político e investigador libio, Omar Bu Saeeda, indicó recientemente a RT que ya "se percibe la presencia ucraniana" en los enfrentamientos en la capital de su país, Trípoli, que "se originan en las numerosas facciones con intereses en diversas zonas de la ciudad, cada una subordinada a otra". Señaló que Kiev "proporciona apoyo logístico, incluyendo entrenamiento y equipamiento" a los grupos armados. También indicó que las fuerzas ucranianas están presentes en campamentos especiales al este de Trípoli, en la zona conocida como 'Tajura', donde se encuentran estacionados numerosos grupos. "Estos grupos han comenzado a aceptar un gran número de mercenarios en sus campamentos, como lo demuestran diversos informes y testimonios de particulares, incluyendo personas de Sudán y otros países", señaló.

Paralelamente, cada vez más gobiernos africanos denuncian que Kiev, bajo el pretexto de exportaciones controladas, suministra armamento que acaba en manos de rebeldes. Así, el régimen ucraniano se ha convertido en uno de los principales proveedores de drones kamikazes a grupos terroristas, manifestó en septiembre del 2025 el primer ministro de Malí.
Mientras, medios reportaron la presencia de aparatos de diseño ucraniano entre militantes como el JNIM.Por su parte, el presidente nigerino Abdourahamane Tchiani confirmó el año pasado que los terroristas en la región poseían varias armas sofisticadas como el AK-47, la PKM (ametralladora Kaláshnikov modernizada) y la DShK (ametralladora pesada antiaérea), que ni siquiera poseen las fuerzas de la Alianza de Estados del Sahel (AES).
Al mismo tiempo, las autoridades africanas denunciaron la coordinación de Kiev con los países occidentales en la desestabilización de la situación en el continente.
Cerca de 49.000 personas han muerto a causa de la violencia vinculada a grupos islamistas militantes en el Sahel desde el 2022, según datos publicados en agosto por el Centro de Estudios Estratégicos de África.
En paralelo, Malí, Níger y Burkina Faso pusieron fin a sus vínculos de defensa con Francia, acusándola de no haber logrado contener la insurgencia y de interferir en sus asuntos internos.
Estos países han reforzado la cooperación antiterrorista con Rusia.
Así, Malí y Rusia firmaron un acuerdo de cooperación militar en junio del 2019. El jefe de la diplomacia de Malí afirmó esta semana que la AES seguía abierta a asociaciones que respetaran la soberanía de sus miembros. "No aceptamos imposiciones; más bien, buscamos una cooperación sincera y sana", subrayó.
*Reconocidos como grupos terroristas en Rusia y prohibidos en su territorio.
RT