Por: Luis Atilio Violini Rosas
Por un periodismo con memoria.
Las tragedias no tienen ideología, pero los oportunistas siempre buscan redituarlas. El terrible choque de dos trenes de alta velocidad a la altura de Urda, en la provincia de Toledo, que enluta este miércoles a España con decenas de víctimas fatales, golpea de manera implacable el corazón de cualquier peronista y resuena con un eco doloroso al otro lado del Atlántico.
Es imposible escuchar las noticias que llegan desde el corredor ferroviario sur español sin retrotraerse de inmediato a aquella fatídica mañana de febrero de 2012 en la estación de Once, en Buenos Aires. Aquel día, la tragedia ferroviaria se cobró vidas inocentes y desató una de las operaciones políticas y mediáticas más crueles y deshumanizadas que recuerda la historia reciente de Argentina.
El manual del buitre: Cuando el dolor se vuelve campaña
En Argentina, el accidente de Once fue instrumentalizado sin piedad por los sectores concentrados del poder económico, los grandes medios de comunicación y la oposición política de entonces. No buscaban justicia para las víctimas ni respuestas técnicas sobre fallas operativas o responsabilidades; buscaban demoler al gobierno popular de Cristina Fernández de Kirchner.Utilizaron el sufrimiento de las familias como ariete electoral, instalando la teoría de la corrupción sistémica como única causa y convirtiendo cada féretro en un editorial de placa roja.
Fue una bajeza política y humana atroz, donde el dolor genuino de los familiares fue secuestrado por laboratorios de marketing político que querían cobrarse a cualquier precio la cabeza del proyecto nacional y popular.Hoy, la política española se asoma al mismo abismo.
Con un escenario electoral latente y una pulseada feroz en el horizonte, los sectores más recalcitrantes de la derecha española ya afilan los dientes para cargar contra el gobierno de Pedro Sánchez. Van a intentan instalar el relato de la desidia institucional, buscando erosionar al Ejecutivo a costa de la tragedia.
La verdad de los rieles: Inversión frente al relato carroñero
Sin embargo, frente al uso mezquino de la desgracia, los hechos son tozudos. Pretender culpar a la administración de Pedro Sánchez por un colapso estructural en materia ferroviaria es, además de una bajeza ética, una falsedad empírica insostenible.
Desde una mirada peronista —que entiende al Estado como el único garante de la justicia social y el desarrollo de la infraestructura estratégica—, es de estricta justicia reconocer el monumental esfuerzo inversor que el gobierno español ha realizado en los últimos años en materia ferroviaria.
España se consolidó como un faro mundial en alta velocidad gracias a una política pública sostenida de expansión, modernización y robustecimiento de redes como ADIF y Renfe. Apostar por el tren es apostar por la integración federal, la ecología y el transporte popular. Un accidente trágico, sujeto a peritajes técnicos y potenciales factores imprevistos o humanos, no borra de un plumazo años de inversión récord que convirtieron al sistema ferroviario español en orgullo europeo.
Una advertencia necesaria desde Acá
La política española transita horas decisivas. Pretender capitalizar electoralmente el llanto de los familiares de Toledo para desgastar a Sánchez no solo es una bajeza calcada de la peor derecha argentina, sino una afrenta a la convivencia democrática.Los políticos españoles de la oposición deberían mirarse en el espejo retrovisor de lo que ocurrió en Argentina tras la tragedia de Once: el barro con el que se ensucia la política nunca se quita del todo, y tarde o temprano, la historia juzga a quienes hicieron leña del árbol caído y especularon electoralmente con la muerte.Hoy la única tarea ineludible es el acompañamiento a las víctimas, la solidaridad con el pueblo español y el respeto absoluto al dolor.
La política canalla que convierte ataúdes en votos merece el repudio unánime de los pueblos libres.