Más de 7,4 millones de bolivianos eligen este domingo 335 alcaldes y nueve gobernadores en la prueba de fuego más temprana para el gobierno de Rodrigo Paz
Este domingo, más de 7,4 millones de bolivianos acuden a las urnas para elegir a nueve gobernadores y 335 alcaldes en unas elecciones subnacionales que ya han comenzado a marcar el pulso político del país.
La jornada, que se inició a las 08:00, hora local, y se extenderá hasta las 16:00, se desarrolla en más de 33.400 mesas distribuidas en 5.800 recintos electorales.
En un escenario cargado de tensiones, estos comicios representan una prueba determinante para el presidente Rodrigo Paz, cuya gestión apenas suma cuatro meses y ya enfrenta fracturas internas, incluida la ruptura con su vicepresidente Edmand Lara. Sin embargo, la lectura política va más allá del oficialismo: el proceso también refleja la vigencia del liderazgo popular de Evo Morales y el peso histórico del Movimiento al Socialismo (MAS).
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha calificado la elección como una de las más complejas de la historia reciente, con más de 18.000 candidaturas, 135 organizaciones políticas y hasta 500 formatos distintos de papeletas.
La cifra récord de participación ha sido capitalizada por Paz como un supuesto logro democrático de su administración. Sin embargo, analistas advierten que ese volumen refleja más la fragmentación política del país que una apertura genuina: es el síntoma de un sistema sin hegemonía, no la señal de un gobierno fuerte.
Uno de los focos clave está en Cochabamba, donde el exsenador Leonardo Loza, respaldado por Evo Morales, se perfila como una figura central. Analistas coinciden en que su candidatura simboliza la continuidad de un proyecto político arraigado en las bases sociales, frente a propuestas alineadas con intereses empresariales.
En Santa Cruz y La Paz se concentran disputas estratégicas que definirán el nuevo mapa de poder regional. Estas regiones, consideradas el “eje central”, no solo concentran población y recursos, sino que también son el termómetro de la correlación de fuerzas entre los distintos bloques políticos.
La alianza oficialista Patria, que aglutina al recientemente resucitado Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) del expresidente Jaime Paz Zamora —padre del actual mandatario—, ha inscrito candidatos en varias regiones sin que ninguno haya destacado en las encuestas. Ese dato no es menor: si el partido del padre de Paz no despega en estas elecciones, el mensaje sobre la base real de apoyo del presidente será inocultable.
Las reglas electorales establecen que los alcaldes serán elegidos por mayoría simple, mientras que en el caso de las gobernaciones podría haber segunda vuelta si ningún candidato alcanza el 50% más uno de los votos o una ventaja del 10%.
El TSE prevé difundir resultados preliminares al 90% del cómputo hacia las 21:00, lo que permitirá delinear el nuevo equilibrio territorial del país. Sin embargo, más allá de los números, estas elecciones se inscriben en una disputa más profunda sobre el rumbo político y económico de Bolivia.
El historial del MAS en elecciones subnacionales habla por sí solo: en 2010 y 2015 conquistó seis gobernaciones y más de 220 alcaldías; en 2021, pese al golpe del año anterior, retuvo tres departamentos y ganó en 240 municipios.
Hoy, en un escenario de crisis reproducir esos números sería un milagro, pero en política boliviana, los milagros a veces tienen nombre y apellido.
Las urnas hablarán esta tarde, y lo que digan definirá si Rodrigo Paz tiene realmente el país en la mano, o si la Bolivia profunda —la de los movimientos sociales, las comunidades indígenas y las clases populares que construyeron el proceso de cambio— sigue sin rendirse.
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