El 16 de junio de 1976 una masacre cometida contra estudiantes que peleaban contra el apartheid se convirtió en un emblema de la lucha antirracista hasta la actualidad.
Una multitud de estudiantes escolares del barrio negro de Soweto - ubicado en las cercanías de la capital sudafricana Johannesburgo - se manifestaron aquél 16 de junio de 1976 en contra de recibir la enseñanza obligatoria en lengua afrikaans, una lengua cuyos orígenes se remontan al dominio colonial primero de Holanda (1652) y luego de Alemania e Inglaterra, dominio que en 1806 sería finalmente liderado por los ingleses.
Es debido a esto que la lengua afrikaans es mayoritariamente hablada por minorías blancas. Dichas minorías comenzaron a colonizar lo que hoy conocemos como Sudáfrica mediante la confiscación de tierras a indígenas para establecerse como agricultores, una práctica cuyas consecuencias pueden verse reflejadas en la actualidad.
Aunque Inglaterra estableció su dominio, tanto ingleses como holandeses competían y a la vez compartían un mismo objetivo: dominar a las poblaciones negras. Esto se obtuvo de forma legal en 1948 cuando tras el triunfo del Partido Nacional las minorías blancas formalizaron el apartheid, un sistema de segregación racial en donde se le conferían privilegios a las poblaciones blancas en detrimento de los pobladores originarios negros. La misma palabra proviene de la lengua afrikaans y significa ‘’separación’’ o ‘’apartamiento’’.
Este sistema de apartheid permitía la apropiación de tierras, bienes y propiedades por parte de la minoría afrikaans mediante la Ley de Tierras Nativas de 1913, y además legitimaba la privación de la libertad hacia las poblaciones negras. Al mismo tiempo, generaba grandes ventajas para los blancos a la hora de apropiarse de minerales descubiertos a fines del siglo XIX. El propio Elon Musk tiene ascendencia afrikaner, lo cual explica la enorme riqueza de su familia de origen sudafricano.

Frente a la desigualdad creciente, y con las bases asentadas por los movimientos de guerrilla organizada bajo el liderazgo de figuras perseguidas y encarceladas como Nelson Mandela, el intento de establecer la obligatoriedad de la enseñanza en la lengua que los oprimía fue la gota que colmó el vaso para los estudiantes del barrio de Soweto, quienes realizaron un masivo levantamiento en rechazo a la medida. Esta protesta tuvo un saldo de alrededor de 500 jóvenes muertos.
Pero también cabe señalar que la experiencia de Soweto no fue únicamente una manifestación contra una lengua opresora, sino que también sirvió como modelo de organización popular y resistencia frente a las autoridades que respondían a un sistema de jerarquía racial: en este suceso se impidió el acceso a la policía represora y se conformó un autogobierno informal.
Soweto serviría como modelo de resistencia para múltiples barrios negros que veían negado su derecho a existir día a día y que, frente a esto, tuvieron que implementar medidas estratégicas para su supervivencia, como el boicot hacia comercios de blancos, el rechazo del pago de alquileres e impuestos y más huelgas estudiantiles hacia las escuelas del gobierno supremacista: entre 1985 y 1986, la represión policial hacia las manifestaciones en contra del apartheid se llevaba un muerto por día.
Finalmente, tras más de tres siglos de opresión, asesinatos y persecución hacia todo aquél que enfrentara al régimen del apartheid, la apertura democrática de Sudáfrica permitiría a la figura de Nelson Mandela asumir el cargo de presidente en 1994, cuatro años después de obtener su liberación de la cárcel.
Por más lejano que nos parezca, la histórica confiscación de tierras por parte de las minorías blancas en Sudáfrica continúa siendo un tema de conflicto no sólo dentro de Sudáfrica, sino también en el exterior: el año pasado, el presidente estadounidense Donald Trump había tomado la decisión de no asistir a la Cumbre del G20 acontecida en Sudáfrica debido a un supuesto ‘’genocidio silencioso’’ hacia los afrikaner y en rechazo de - paradójicamente - la ‘’confiscación ilegal de tierras’’ hacia los blancos por parte del gobierno.
Sin embargo, las acusaciones del aparente genocidio blanco no sólo no estaban fundamentadas con hechos, sino que lo que Trump llamaba una confiscación ilegal de la propiedad privada en realidad se trataba de una ley (Ley de Expropiación nº 13 de 2024) que permite la expropiación de tierras sin compensación en casos excepcionales, como por ejemplo para garantizar el acceso equitativo a los recursos naturales de Sudáfrica, incluidos la tierra y el agua.
Dicha ley no se limita únicamente a una mera confiscación, sino que intenta promover una restitución y reparación histórica con el fin de devolver las tierras de las que la población negra fue expulsada por la fuerza durante siglos.
Por Pilar Cortés para Data Urgente
1. https://antiapartheidlegacy.org.uk/heritage-arts-culture/history/apartheid-a-short-history/
3. https://www.elextremosur.com/