Tras la expulsión militar de Francia en el Sahel y la búsqueda de nuevas alianzas estratégicas, el continente africano ensaya reformas financieras y de coindustrialización para romper definitivamente con el histórico tutelaje occidental.
“África escribirá su propia historia, y tanto en el norte como en el sur será una historia de gloria y dignidad”
(Patrice Lumumba)
África vive hoy una transformación profunda que redefine no solo sus fronteras internas, sino también su relación las potencias históricas y los nuevos hegemones en el tablero geopolítico global. Desde la expulsión militar de Francia en el Sahel hasta la tragedia humanitaria en Sudán y los experimentos democráticos en Somalia, el continente se debate entre la inestabilidad crónica y una búsqueda de nuevos planes para desligarse del legado neocolonial.
La reciente cumbre “África Adelante” realizada en Nairobi. Kenia, en mayo pasado, marcó un hito en la política internacional africana. Por primera vez desde 1973 un encuentro de este tipo se celebró fuera de un país francófono, evidenciando el giro estratégico hacia África oriental y angloparlante.
Emmanuel Macron reconoció que “la era de la influencia privilegiada de Francia en sus antiguas colonias ya terminó”. Sin embargo el repliegue francés no dejó un espacio vacío sino un territorio en disputa altamente competitivo.
Para Macron “la expulsión de las tropas de Mali probablemente no fue la mejor decisión para el país africano” y lo sustenta tras la ofensiva yihadista y separatista de abril de 2026 que golpeó Bamako y resultó en la muerte del ministro de Defensa”. La investigadora Beatriz Mesa advierte que el enfoque occidental falló al simplificar el conflicto como meramente terrorista. Según Mesa, “el Sahel se ha convertido en un laboratorio del orden internacional donde la violencia está intrínsecamente ligada al reparto del crimen organizado (secuestros, narcotráfico y oro), camuflados como ideologías”.
El vacío que dejó Francia está siendo disputado por Rusia, a través del Grupo África Corps (antes Wagner), China y Turquía, que intensifican la competencia geopolítica sin que esto se traduzca, necesariamente, en un modelo de desarrollo a largo plazo.
Mientras experimenta cambios de tutelaje externo, Sudán vive lo que la periodista Anne Aplebaum llama el conflicto más nihilista del planeta. Lejos de cualquier ideología clara o propósito nacional, la guerra civil entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las de Apoyo Rápido (RSF) se alimenta de la codicia externa de empresas transnacionales.
El resultado hasta hoy es más que alarmante: cerca de 150 mil muertos, 14 millones de desplazados y 29 millones sumidos en inseguridad alimentaria. Jartum, la capital, reducida a escombros, presenta distritos enteros deshabitados. La violencia sexual se utiliza como arma de guerra.
A pesar de la magnitud de la catástrofe la respuesta internacional es insuficiente. La congelación de fondos, por parte de potencias clave y la distracción global, convirtieron a Sudán, junto a Gaza, en el peor laboratorio de atrocidades contemporáneo. El riesgo de una partición definitiva del país amenaza con desestabilizar a sus siete vecinos fronterizos.
Hacia el norte Libia, sigue atrapada en una parálisis política violenta tras el asesinato de Kadafi en 2011. La Misión de Apoyo de la ONU lanzó una nueva hoja de ruta electoral de 18 meses pero el optimismo es escaso. Un informe interno reveló fallos sistémicos en la gestión y gobernanza de la propia UNSMIL, cuestionando su capacidad para mediar en un proceso que requiere confianza extrema entre facciones rivales. El general Haftar, en el este, propone alternativas tribales, y el primer ministro Dbeibah, en el oeste, bloquea cualquier avance. Para los observadores libios, las iniciativas internacionales solo parecen prolongar la crisis en lugar de resolverla.
En contraste al pesimismo de Sudán y Libia, Somalia dio pasos significativos hacia la democratización. Las recientes elecciones bajo el sistema “una persona, un voto” en Mogadiscio demostraron que la participación universal es posible, desafiando los antiguos pactos entre élites de clanes. Aunque se duda sobre la transparencia y la seguridad, el debate pasó de la capacidad logística a la credibilidad política. El presidente Hassan Sheikh Mohamud enmarcó el proceso como el fin de la era de pactos entre clanes y el comienzo del voto universal.
Por su parte, en la República Democrática del Congo, la salida de la misión de paz MONUSCO dejó un vacío crítico de seguridad, especialmente en Kivu del Sur y las comunidades locales están desarrollando sus propios mecanismos de protección civil desarmada. Comités de paz dirigidos por civiles, redes de mujeres comerciantes y grupos de alerta temprana por WhatsApp están logrando negociar ceses al fuego y prevenir desplazamientos masivos.
Si bien estos sistemas son fragmentados, expertos como Christian Moleca, sugieren que su integración formal en el marco de monitoreo internacionales podría ser la clave, ante la reducción de tropas militares, para una estabilidad duradera
Finalmente, Nigeria, la mayor economía del continente, enfrenta su propio vía crucis. El gobierno de Bola Tinubu implementó reformas radicales (eliminación de subsidios; liberación del tipo de cambio) pero el impacto en la productividad aún no se evidenció. Con una inflación persistente e inversión extranjera directa mínima (0,4% del PBI en 2024), la productividad es ínfima, menor a la década pasada. A esta realidad se suma el asedio de Boko Haram y del Islamic State West Africa Province, con un costo humano que supera los 50 mil muertos desde 2009.
África rechaza los patrones de dependencia para liderar un cambio conceptual en el Sur Global. Dirigentes como el keniata William Ruto impulsan una reforma profunda de la arquitectura financiera para tener voz propia en las instituciones que históricamente marginaron al continente. La entrada de Marruecos, los Estados del Golfo, Rusia y China ofrecen alternativas de inversión tecnológica e infraestructural que rompen el antiguo monopolio occidental. El éxito africano no se medirá por las fotos de sus mandatarios en las cumbres, sino por su capacidad para implementar acuerdos de coindustrialización e innovación.
África lucha por dejar de ser un tablero de TEG para potencias externas, convirtiéndose finalmente en protagonista de su propio destino.
TIEMPO ARGENTINO
Por: Alí Mustafá