Telma Luzzani
25 Oct
25Oct

A pedido de África, la ONU sugiere un planisferio que quita peso geográfico al Occidente hegemónico.

El 4 de septiembre pasado, África ganó una batalla ideológica decisiva para el Sur Global. Logró que la gran mayoría de los países del planeta reconociera que el clásico mapamundi que desde hace siglos usan los gobiernos, las escuelas, las empresas y ahora las plataformas está distorsionado y que ha llegado la hora de reemplazarlo.

El motivo no es cartográfico sino político. El mapa en cuestión fue diseñado hace 457 años, en 1569, por el cartógrafo flamenco Gerardus Mercator para mejorar la navegación. Su objetivo era que el marino pudiera calcular correctamente la distancia entre un punto y otro y que, ayudado por la brújula, llegara a su meta. 

Su mapa alcanzó muy bien el objetivo.Sin embargo, con el proceso de expansión colonizadora de los imperios europeos, el mapamundi Mercator pasó a ser mucho más que un instrumento de navegación. La imagen centralizada y gigante de Estados Unidos y de Europa fue el arma ideológica perfecta para imponer visualmente jerarquías entre las naciones y los habitantes del planeta.

“Un mapa nunca es neutral”, afirmó Robert Dussey, canciller de Togo, país que presentó, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, la propuesta de sustituir “la proyección Mercator” por otra que reflejara con mayor precisión y justicia la dimensión de los países.“Un mapa moldea las percepciones e influye en cómo se entiende el lugar de los pueblos y los continentes. Un mundo justo comienza con un mapa justo”, subrayó el canciller. La votación del pasado 4 de septiembre, en la ONU, fue contundente: 167 países a favor, uno en contra (Estados Unidos) y 6 abstenciones (Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania).

Que la iniciativa haya sido promovida por un continente depredado por las potencias occidentales e injustamente marginado durante siglos habla, sin dudas, de que corren nuevos tiempos. La propuesta surgió hace un año en la Unión Africana (entidad conformada por 55 países de ese continente) con la campaña “Corrijan el mapa” (Correct the map).

La campaña promovió la adopción de la proyección Equal Earth (Tierra igualitaria), desarrollada, en 2018, por los cartógrafos Bojan Šavrić, Tom Patterson y Bernhard Jenny. Los tres especialistas se propusieron diseñar un mapa que respetara la proporción entre las superficies terrestres y evitara las deformaciones visuales de otros mapas. 

La Unión Africana lo adoptó en febrero pasado y luego presentó el proyecto en la ONU.“Nuestra razón y nuestro argumento para adoptar una nueva proyección como Equal Earth son muy simples”, explicó esa entidad continental. 

“Se trata de frenar la desinformación más longeva de la historia.”La imagen no es inocenteComo bien señala la Unión Africana, a lo largo de los siglos, el diseño de Mercator nos fue instalando una imagen mental falsa de nuestro planeta: una América del Norte y una Europa centradas y con dimensiones mayores a las reales, mientras que Australia, América del Sur y sobre todo África aparecen reducidas y marginales.

El resultado de esta tremenda distorsión es que, en el mapa que tenemos internalizado, África tiene el mismo tamaño que Groenlandia cuando, en realidad, es ¡14 veces más grande!, y Brasil aparece casi igual a Alaska pero su superficie es 5 veces mayor.“Correct the map”, en su campaña en las redes, lo dejó bien claro: “África tiene más de 30 millones de kilómetros cuadrados. Se podría meter adentro a Estados Unidos, China, India, Japón, México y gran parte de Europa y aún sobraría tierra”.

Los océanos son otro buen ejemplo. El Atlántico reina en el medio del mapamundi tradicional, mientras el Pacífico, al estar dividido en dos partes, parece menor.

 La realidad es que el Pacífico ocupa un tercio de la superficie terrestre, es aproximadamente 1.5 veces más grande en superficie y 2 veces más grande en volumen que el Atlántico.El semiólogo argentino Walter Mignolo, en su ensayo “Cartografías del poder entre los procesos de reoccidentalización y desoccidentalización”, muestra claramente cómo, a partir del mapamundi de Mercator, se fue reescribiendo el imaginario eurocéntrico.

“Si hasta ese momento, cada civilización contaba con una imagen espacial de su territorio (…) en el siglo XVI, el mapamundi reinscribe el orden mundial (…) desautoriza todas las concepciones del espacio existente hasta ese momento e impone el mapa (Mercator) como la verdad geográfica de un mundo con un nuevo centro.”

“El continente Tawantinsuyu, Anahuac y Abya Yala fue unificado y nombrado Indias Occidentales, luego Nuevo Mundo y luego América. (…) Así América ingresó al mapamundi diseñado en el proceso de construcción de la idea de civilización occidental”, agregó el académico abocado desde hace décadas al pensamiento descolonial.Cuando en el siglo XIX Inglaterra desplazó a España en el control del orden global, se impuso como centro de referencia mundial el meridiano de Greenwich o meridiano cero. 

Este acto de reafirmación del poder anglosajón se concretó en una conferencia internacional convocada por el presidente de EE.UU., Chester Arthur, en 1884, en Washington. Allí se acordó desplazar como hito al “Meridiano de París”. A la conferencia asistieron apenas 25 países (la mayoría eran todavía monarquías).

“La cuestión de qué figura aparece en el centro del planeta responde al hecho de quién controla el conocimiento y qué posibilidades tiene de imponer su visión”, asegura Mignolo. “Es así que la cartografía del poder político/económico moderno/colonial configuró la distribución del capital y del conocimiento, desde el siglo XVI, con la aparición de los primeros mapamundi europeos. 

Fue la cartografía europea y no la China o la Islámica la que impuso ‘una’ visión planetaria.”Un nuevo mapa, una mueva mirada implican definitivamente la emergencia de un nuevo orden y, por lo tanto, el fin de una época. 

En ese marco, África al presentar Equal Earth en la ONU obliga a adoptar una nueva perspectiva y a poner en cuestión presunciones ideológicas como quién ocupa el centro del mapa, quién impone su visión y quién dice cómo se distribuye el saber y el poder.

La resolución de la ONU no prohíbe la utilización del mapamundi tradicional ni obliga el uso de un único diseño, sino que recomienda a todas las instituciones estatales, los centros de estudios, las organizaciones internacionales y las empresas tecnológicas del planeta sustituir Mercator por Equal Earth o por cualquier otra proyección que no reproduzca una matriz colonial de dominación.

Es obvio por qué Estados Unidos fue el único país de la ONU que votó en contra. Sin ningún pudor, la nación más belicista de la Tierra protestó porque la resolución no cumplía con el propósito de “velar por la paz”. “En lugar de centrarse en los problemas reales de la paz internacional, la prosperidad o las buenas relaciones, la ONU está debatiendo proyectos cartográficos del siglo XVI y su papel en la promoción de reparaciones y la ‘justicia cognitiva’”, afirmó la representante estadounidense Yaryna Ferencevych.

Los otros mapas

Hay una verdad indiscutible que todos los cartógrafos saben desde hace siglos: resulta matemáticamente imposible proyectar de manera exacta el volumen curvo de la Tierra sobre una superficie plana como un papel. 

El punto es, entonces, qué se elige sacrificar: ¿las formas, los tamaños, las ubicaciones?Mercator no respetó las líneas curvas de los meridianos (que se unen en los polos) y las trazó como rectas paralelas de manera que, a medida que los territorios se alejan del Ecuador aparecen más anchos (sobre todo los del Norte). 

Deforme pero, como se dijo, efectivo para la navegación.Seis décadas antes, en 1507, el geógrafo y cartógrafo alemán Martín Waldseemüller, dibujó, por primera vez, América totalmente separada de Asia y rodeada de agua. La nombró América en honor al navegante Américo Vespuccio.“Cuando apareció, por primera vez, en Alemania, el mapa de Waldseemüller, Fernando de Magallanes no había llegado todavía al estrecho que el cartógrafo alemán ya había dibujado”, señaló el filósofo e historiador Enrique Dussel durante las “Jornadas sobre cartografía del poder”, dictadas en 2013 en el Ministerio de Defensa argentino.

“Waldseemüller había comprado unos mapas en Venecia y a partir de allí dibujó otro en el que aparece nuestro continente. ¿De dónde lo sacó?”, se pregunta Dussel. Y se responde: “De los mapas chinos. Ellos estuvieron en América un siglo antes que los españoles. Por eso la geopolítica de China en el siglo XXI no hay que pensarla como un milagro sino como el despertar de un largo sueño. 

Ese país vuelve a ser lo que era hace dos siglos: la potencia industrial y tecnológica de la Tierra”.Dussel agregó, además, algo poco conocido sobre China: “Toda la trayectoria tecnológica de la Revolución Industrial británica y hasta la concepción misma de la máquina a vapor son de origen chino”. 

Según el filósofo argentino esto se encuentra muy bien desarrollado en el libro “Los orígenes orientales de la civilización occidental” (2004) del canadiense John M. Hobson, emérito de la Universidad de Sheffield (Inglaterra) quien subraya que “los chinos conocían el acero desde hacía 4.000 años y que ellos fueron quienes pusieron en Sheffield la primera fábrica de acero de Inglaterra”. La máquina a vapor de James Watt, asegura Hobson, no es un invento británico sino un perfeccionamiento de la máquina de fuego hidráulica inventada por los chinos en 1313.

Ya en el siglo XX, algunos cartógrafos han buscado contrarrestar el sesgo ideológico de la perspectiva Mercator y diseñar planos con el Océano Pacífico en el centro o colocar el sur en la parte de arriba del mapa para que no se considere ese hemisferio menos importante por estar abajo.

Una de las primeras expresiones políticas que reivindican la centralidad de América del Sur fue “América invertida”, del pintor modernista uruguayo Joaquín Torres García, quien dibujó, en 1943, un cuadro en el que aparece el Polo Sur en la parte superior, invirtiendo el clásico enfoque norte-sur.

Tanto el Instituto Geográfico Militar de Chile como el Instituto Geográfico Nacional (IGN) de Argentina editan versiones con esta orientación. El IGN, además, elaboró, en 2010, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el mapa bicontinental argentino, otro aporte fundamental para acabar con la distorsión ideológica.

Este mapa —de uso obligatorio— muestra la dimensión real de nuestra plataforma marítima y las superficies continental, insular y antártica, una visión fundamental para entender la importancia geoeconómica y geopolítica que tiene nuestro país.Otro caso muy interesante es el del australiano Stuart McArthur. 

En 1979, a los 21 años, Stuart publicó el “Mapa correctivo universal del mundo de McArthur”, en el que se ve el Pacífico en el centro y el llamado Sur Global en la parte superior del mapa con un lugar central para Australia.

Cuenta la historia que ya a los 12 años, en 1970, dibujó un mapa con Australia en el centro y su profesor lo conminó a que lo hiciera de la manera “correcta”. A los 15, durante un viaje de intercambio estudiantil, Stuart sufrió burlas por venir de Australia.

Años después, ya en la Universidad de Melbourne, consiguió publicar su mapamundi en la conmemoración del Día Nacional de Australia, el 26 de enero de 1979. “Estaba cansado de los chistes sobre Australia y de las insinuaciones de las naciones del norte de que el prestigio de un país se determina por su ubicación espacial”, explicó.

En el “Mapa correctivo universal de McArthur”, Australia y Nueva Zelanda, como núcleo principal, aparecen pintados de blanco. El resto de los países tienen tonos naranjas en degradé, del más suave al más fuerte, a medida que se alejan del punto central. Además de invertir la tradicional perspectiva del norte y el sur, en el mapa McArthur, el Océano Atlántico aparece dividido en dos partes y el Pacífico completo en toda su extensión.

Ahora Equal Earth invita al mundo a descolonizar la mirada y a deshacerse de los viejos esquemas de dominación. Será sin dudas un largo proceso, pero como aseguró Walter Mignolo: “Nos encontramos por primera vez en 500 años con un escenario en el que el capital y el conocimiento ya no están controlados de manera exclusiva por la centralidad del Atlántico Norte y su centro el meridiano Greenwich”.

La transformación hacia un nuevo orden mundial se juega en todos los campos. Los mapas son también un frente de batalla. África ya ha dado el primer paso.


Por: Telma Luzzani

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