Toda la carne al asador: la estrategia de Trump para que EE.UU. vuelva a ser la única potencia dueña del mundo. El 14 de junio cumplirá 80 años y ya no tiene chances para un nuevo mandato presidencial.
La Constitución estadounidense no se lo permite. Cercado por el calendario y aturdido por su egolatría, Donald Trump ha decidido cruzar todos los límites políticos y morales para intentar lo imposible: revertir el declive del imperio y volver a “hacer a Estados Unidos grande otra vez”.
Pero no es sólo Trump. Las acciones terroristas de alta tecnología como las del 3 de enero contra Venezuela son parte del ADN del imperio. El crimen, el saqueo, la violación de los derechos internacionales, la mentira, la tortura y la imposición por la fuerza han sido prácticas históricas de Washington.
América latina, una de sus víctimas predilectas, puede dar fe. Hace 20 años, el entonces presidente Hugo Chávez ya advertía sobre el plan de justificar su secuestro, acusándolo de narco. “Tengo alertas -incluso de gente que no es aliada- sobre una operación en marcha, diseñada en el Pentágono, para señalarme a mí como narcotraficante. ‘Te van a tratar de aplicar la fórmula Noriega’, me han advertido. (Estados Unidos) invadió Panamá, bombardeó y mató a miles, quemó un barrio entero para llevarse a Noriega. Y allí está preso, el que era el presidente de Panamá.
Estados Unidos es la nación más agresora en la historia de la humanidad: se atrevieron a lanzar dos bombas atómicas sobre ciudades indefensas” dijo Chávez a la prensa en 2005.
Desde el “Destino manifiesto” hasta la “Doctrina Monroe” desde los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki hasta los vuelos clandestinos de la CIA (hay casos probados entre 2001 y 2005) que no sólo transportaban detenidos ilegales hacia Guantánamo, sino que también los torturaban en el aire, Washington siempre ejerció la violencia extrema para dominar el mundo.
La gran diferencia es que hoy el imperio ve un futuro ominoso. Estados Unidos está lejos de poder competir con China como principal potencia tecnológica mundial; su dominio geopolítico, económico y militar está menguando y atraviesa una preocupante crisis interna económica y social.
Sin tiempo y desesperado, el presidente Trump actúa con violencia extrema y sin máscaras.
El ataque militar contra Venezuela; la expropiación de buques en aguas internacionales; las amenazas a Groenlandia (apropiarse de ella “les guste o no”); a México (invadirla “para combatir al narco”); a Colombia, a Cuba y a Nicaragua, no son una muestra de fortaleza sino de debilidad.
Antes, cuando su dominio global era absoluto, la Casa Blanca podía forzar a cualquier gobierno del mundo o a sus Fuerzas Armadas a dar golpes de Estados y hacer el trabajo sucio que se necesitara de manera solapada. Hoy ya no puede. A cielo abierto y soportando el alto costo político, económico y de popularidad que eso conlleva, Estados Unidos muestra su verdadera naturaleza.
El objetivo no es sólo América latina
En su Estrategia de Seguridad Nacional 2025, el gobierno de Trump fue explícito: someteremos a América latina “cuándo y dónde lo necesitemos”. Sin embargo, el documento también deja claro que el plan de Estados Unidos es continuar ejerciendo el dominio del mundo entero en función de sus intereses.
Reafirmar su dominio sobre el continente americano no significa –como aseguran algunos analistas- que el plan trumpista se reduzca apenas a un repliegue sobre “patio trasero”.
En las últimas semanas, operaciones en Africa y en Medio Oriente, pero también la advertencia al presidente Xi Jinping sobre la isla de Taiwán y el secuestro de buque ruso nos indican que el plan es amplio y global.
De hecho, la Estrategia de Seguridad Nacional apunta a “reclutar a India”; a “detener y revertir el daño continuo que los actores extranjeros infligen a la economía estadounidense, manteniendo el Indo-Pacífico libre y abierto” y a “impedir que una potencia adversaria domine Medio Oriente, sus suministros de petróleo y gas, y los puntos de estrangulamiento por los que pasan”. En cuanto a Africa, el texto propone un giro pragmático para “aprovechar los abundantes recursos naturales y el potencial económico latente” de ese continente.
Pruebas al canto.
En Navidad, diez días antes del asalto a Venezuela, el Pentágono bombardeó Nigeria para (supuestamente) “combatir al grupo yihadista Estados Islámico”. Nigeria es la mayor potencia demográfica y económica de África, riquísima en gas y petróleo y miembro de los BRICS desde febrero de 2025. Mantiene una excelente relación con China y Rusia.
Días después, el 28 de diciembre, reunido en su residencia de Miami con el presidente israelí, Benjamin Netanyahu (quien busca ser reelegido este 2026), Trump se comprometió a atacar Irán. “Les vamos a volar la cabeza”, matoneó el norteamericano.
La orden ya estaba dada. Horas después, como ironizó el sagaz analista británico Alastair Crooke, “la moneda iraní se desplomó vertiginosamente y los iraníes salieron a la calle”. Las protestas que en pocos días se expandieron por todo el país tienen tufillo a “revolución de colores”. Parte de las operaciones desestabilizadoras contra el gobierno legítimo de Irán están dirigidas, desde Estados Unidos, por Reza Pahlevi, hijo del Sha, quien pretende reinstalar la monarquía persa.
La Inteligencia Artificial contra Venezuela
La distorsión informativa plantada por el Pentágono en las primeras horas del 3 de enero sugería una traición de algún alto cargo bolivariano. Sin embargo, lentamente, aparecen elementos impactantes de la “Operación Resolución Absoluta” que van mostrando otra realidad.
Gaza, como hemos publicado en estas páginas, es el laboratorio donde Israel y Estados Unidos ensayan el uso de Inteligencia Artificial para el genocidio y la guerra.
Con el golpe en Venezuela, el Pentágono constata y perfecciona el uso de la alta tecnología con fines bélicos y terroristas.Según aseguró el general del Pentágono, Daniel Caine, a la prensa, “la operación fue largamente planificada, con décadas de experiencia aérea, terrestre y marítima” y en ella intervinieron, además, las agencias de inteligencia NSA, CIA y NGA, la agencia de inteligencia geoespacial.
Se sabe que minutos antes de la embestida del Pentágono hubo un apagón total en toda Venezuela (sabotaje que desde hace tiempo se venían produciendo). Hubo además bloqueo de las redes de comunicación, virus informáticos impulsados por IA para infiltrar mensajes en plataformas como Whatsapp, anulación de los radares y neutralización de la capacidad de las armas antiaéreas así como las de la fuerza aérea.
Según expertos en ciberseguridad se utilizó la llamada “IA ofensiva” cuyos algoritmos automatizados son capaces de rastrear las vulnerabilidades en los sistemas venezolanos en cuestión de segundos y obturar así cualquier reacción defensiva.
“Convergieron en simultáneo más de 150 aviones que actuaron al unísono para mantener la sorpresa táctica” dijo el general Caine y enumeró algunas de las acciones (muchas procesadas por la IA ofensiva) como la de los aviones EA-18G Growler que “desactivaron los sistemas de radar y comunicación venezolanos, dejando ‘ciegas’ sus defensas”.
Caine también informó sobre el uso de satélites y drones para reconocimiento avanzado y localización de objetivos con precisión y en tiempo real, así como capacidades cibernéticas integradas para un procesamiento masivo de datos y toma de decisiones algorítmicas como las usadas por Israel en Gaza.
En esta guerra entre David y Goliath está ganando el gigante. No obstante, en su interior crecen las vulnerabilidades. Cientos de miles de estadounidenses protestan a diario contra el trumpismo, sus guerras y sus crímenes internos. En noviembre, en las elecciones legislativas, el pueblo de Estados Unidos hablará.
Telma Luzzani
EL DESTAPE