29 Nov
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A 50 años de su institucionalización, la periodista Stella Calloni advierte que el Plan Cóndor no es solo un capítulo del pasado, sino una estrategia que hoy reaparece bajo nuevas formas de guerra híbrida.

A cinco décadas del Plan Cóndor, para la periodista y escritora argentina Stella Calloni aquella red represiva coordinada por dictaduras del Cono Sur bajo liderazgo estadounidense no solo marcó un periodo de exterminio en América Latina, sino resurge hoy transformada en operaciones híbridas, judicialización de la política y ofensivas geopolíticas destinadas a recolonizar la región.
Un operativo que buscó “aniquilar un continente”

Durante una entrevista concedida a teleSUR, Calloni explicó que el Plan Cóndor fue el brazo operativo de un proyecto mayor: Las dictaduras de seguridad nacional promovidas por Washington durante la Guerra Fría.

Su objetivo fue claro: Eliminar físicamente a la izquierda regional, desarticular movimientos sociales y abrir el camino al neoliberalismo en América Latina.

Cóndor no surgió de la nada, sino de la simultaneidad de dictaduras en Chile, Uruguay, Brasil y posteriormente en Argentina, las cuales articularon una red de inteligencia clandestina y operaciones transnacionales de persecución, secuestro y asesinato, recordó.
Argentina, precisó, ya participaba desde inicios de los años 70, aunque su incorporación formal ocurrió en 1975, antes del golpe de 1976.

Precedentes internacionales:

De Vietnam a Europa, antes del Cóndor latinoamericano

Calloni situó el origen profundo del sistema represivo en dos antecedentes clave: La operación Fénix en Vietnam, diseñada por la CIA para aniquilar estructuras insurgentes mediante tortura, infiltración y asesinatos selectivos, y la operación Gladio en Europa, red clandestina integrada por fascistas, exagentes nazis y mercenarios europeos.

Muchos de esos operadores, como Vinciguerra y Delequiaie, fueron enviados a Chile para asesorar directamente a la dictadura de Augusto Pinochet en métodos represivos.
Los grupos terroristas cubanoamericanos radicados en Miami también jugaron un papel central, especialmente en el asesinato del excanciller chileno Orlando Letelier en Washington (1976), lo cual por primera vez obligó a la justicia estadounidense a reconocer la existencia del Plan Cóndor.
De asesinatos selectivos a exterminio masivo

En su fase inicial, el Cóndor actuó como una maquinaria “elitista”, orientada a eliminar presidentes, líderes políticos y cuadros guerrilleros.

Pero en países como Argentina y Uruguay, la represión fue expandida hasta convertirse en un sistema industrial de desapariciones y exterminio civil: 30 mil en Argentina. miles en Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, y redes de centros clandestinos, vuelos de la muerte y coordinación continental.
De acuerdo con Calloni, esa estructura represiva no puede entenderse sin el marco de la doctrina de Seguridad Nacional, eje de la política exterior estadounidense y brazo militar de la Doctrina Monroe, hoy reactivadas bajo nuevas formas.

El Plan Cóndor como parte del proyecto estadounidense de control continental

La operación formal fye firmada el 25 de noviembre de 1975 por los jefes de inteligencia de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. Con posteridad sumarñian a Brasil (1976), Ecuador y Perú (1978).

Diversas fuentes señalan participaciones indirectas de autoridades de Colombia.

Venezuela, por el contrario, rechazó abiertamente la operación y pasó a ser uno de los principales destinos de exilio, donde fueron recibidos decenas de miles de perseguidos del Cono Sur.
Con el paso de los años, el Plan Cóndor quedó consolidado como una organización clandestina internacional, dirigida desde Washington, con redes de asesinatos, secuestros y operaciones encubiertas en América Latina, Estados Unidos y Europa.

Los “Archivos del Terror”, encontrados en Paraguay en 1992, dieron cifras estremecedoras: 50 mil personas asesinadas, 30 mil desapariciones forzadas y 400 mil encarcelados. 
La dimensión económica: el neoliberalismo como fin últimoCalloni destacó la contrainsurgencia vinculada directamente con la imposición del modelo neoliberal.

Las dictaduras, con apoyo del FMI y Estados Unidos, generaron endeudamiento masivo, privatización de sectores estratégicos. desmantelamiento industrial y subordinación económica a corporaciones transnacionales.

Testigo directo: el caso Ferro y la “obediencia” a Estados Unidos

El coronel uruguayo Eduardo Ferro, extraditado en 2021, fue parte de los grupos operativos del Cóndor.
Conforme a una entrevista reciente, Ferro reconoció la participación de Estados Unidos en el análisis de la situación y admitió su capacitación en inteligencia y contrainsurgencia provenía íntegramente de agencias norteamericanas.

También justificó sus acciones como una supuesta defensa ante la Junta de Coordinación Revolucionaria, aun cuando la mayoría de los movimientos insurgentes fueron desarticulados.
Persistencias del Cóndor: crímenes en democraciaAun después del retorno de los Estados de derecho, Calloni recordó la persistencia de estructuras clandestinas vinculadas al Cóndor.
El caso más emblemático fue el secuestro y asesinato del químico chileno Eugenio Berríos en 1992, perpetrado por militares chilenos y uruguayos en plena "democracia".

A 50 años de su inicio, la región todavía arrastra miles de personas desaparecidas cuyo paradero se desconoce, restos hallados décadas después que revelan torturas y vejámenes, adultos que aún desconocen su identidad robada en la niñez y juicios incompletos y responsables impunes. 

El “nuevo Cóndor”: guerra híbrida, lawfare y recolonización

Calloni advirtió el regreso del Cóndor, pero con ropajes distintos.

En su opinión, hoy Estados Unidos impulsa la guerra híbrida, campañas psicológicas, interferencia mediática, judicialización de la política (lawfare), operaciones coordinadas con la OTAN, presencia militar en el Caribe e intervención directa en Venezuela y otros países.
Para la analista, el objetivo es el mismo de hace 50 años: Impedir proyectos soberanos en América Latina y recolonizar el continente.

“Hoy estamos viviendo una guerra contra el continente. No es un Cóndor clásico, es una guerra geoestratégica de recolonización”, apuntó.

Una advertencia histórica para América LatinaA juicio de Calloni, el Plan Cóndor es un capítulo pendiente de memoria y justicia. Pero, sobre todo, constituye una advertencia: “Si no entendemos el Cóndor, no podremos comprender las agresiones actuales ni construir la unidad necesaria para defender la soberanía regional”.


AlMayadeen



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