Su designación se da en medio de un “proceso exploratorio” diplomático, pero su historial en Nicaragua y Honduras revela una práctica sistemática de interferencia en asuntos soberanos.
El gobierno de Estados Unidos anunció este jueves el nombramiento de Laura Dogu como nueva encargada de negocios de la Oficina Externa para Venezuela, con sede en Bogotá, Colombia.
La decisión se produce a 21 días después del ataque militar del 3 de enero, que incluyó bombardeos contra Caracas y el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Dogu, funcionaria de carrera del Servicio Exterior, reemplaza a John T. McNamara, quien en enero encabezó la primera delegación estadounidense en visitar Caracas desde 2019. Su nombramiento coincide con el anuncio del gobierno venezolano, encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, de iniciar un “proceso exploratorio de carácter diplomático” orientado al restablecimiento de misiones bilaterales.
Formación entre la diplomacia y el Pentágono
Dogu no es una diplomática convencional. Además de una licenciatura en humanidades y una maestría en administración empresarial, posee un posgrado en el Colegio Industrial de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, institución clave en la formación de estrategas militares.
Actualmente se desempeña como asesora de Política Exterior del jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, quien, según fuentes oficiales estadounidenses, lideró la operación “Resolución Absoluta”, el nombre dado por Washington al ataque del 3 de enero contra Venezuela, así como la operación “Martillo de Medianoche”, que en junio de 2025 atacó instalaciones nucleares iraníes.
Además, fue directora adjunta de la Célula de Fusión para la Recuperación de Rehenes del FBI, unidad que coordina diplomáticos, militares e inteligencia para rescatar ciudadanos estadounidenses detenidos en el extranjero, una experiencia directamente relevante en un escenario donde EEUU retiene a Maduro como “prisionero de guerra”.
Injerencia documentada en Centroamérica
Su trayectoria en América Latina está marcada por intervenciones recurrentes en asuntos internos:
En Nicaragua (2015–2018), utilizó su cargo para criticar abiertamente al gobierno de Daniel Ortega, al sistema de salud, al sistema educativo y al empresariado local, en clara violación del principio de no intervención.En Honduras, generó una crisis diplomática al referirse al entonces designado presidencial Salvador Nasralla como “vicepresidente”. Tras las protestas del entonces canciller Enrique Reina, se disculpó argumentando un “error de traducción”.Posteriormente, cuestionó públicamente la elección del fiscal general, las políticas energéticas del gobierno de Xiomara Castro y las reformas laborales. Pero su gesto más grave ocurrió en agosto de 2024, cuando calificó al ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, como “narcotraficante” tras una reunión de cooperación entre militares hondureños y venezolanos.
La presidenta Xiomara Castro respondió con dureza: “La injerencia y el intervencionismo de EEUU, así como su intención de dirigir la política de Honduras a través de su Embajada, es intolerable”, y ordenó denunciar el tratado de extradición con Washington.
Intenciones de “diálogo”
La reapertura de canales diplomáticos no representa un cambio de rumbo en la política exterior de Estados Unidos, sino una reconfiguración táctica tras el uso de la fuerza militar directa.
La designación de Dogu, con dominio de español, árabe y turco, y experiencia en crisis complejas, refleja la intención de Washington de negociar desde una posición de dominio, no de igualdad.
Mientras tanto, el gobierno venezolano insiste en que cualquier entendimiento debe basarse en el respeto a la soberanía, la no intervención y la dignidad histórica