Telma Luzzani
03 May
03May

Rusia y China presionan por una salida negociada mientras el bloqueo en el estrecho de Hormuz amplifica el conflicto y despierta advertencias globales por sus consecuencias económicas, humanitarias y sanitarias.

El intercambio de fuego se ha detenido. El 7 de abril Teherán y Washington pactaron un cese de hostilidades por dos semanas que luego el presidente estadounidense Donald Trump prorrogó indefinidamente. 

Desde entonces, la confrontación escaló en otro escenario, el estrecho de Ormuz, globalizando aún más el conflicto y aumentando el estado de alerta en el resto del mundo.
Las predicciones catastróficas inundan los medios hegemónicos de Europa y Estados Unidos (algunos para presionar al gobierno de Trump, otros para demonizar a Irán). 

Antonio Guterres, secretario general de la ONU, aseguró que si no se pone fin al bloqueo naval, el suministro de petróleo, gas, fertilizantes, productos petroquímicos y otros bienes básicos se verán tan afectados que el mundo enfrentará hambrunas y enfermedades inesperadas.

“Si el bloqueo naval se prolonga hasta mediados de año, 32 millones de personas se verán abocadas a la pobreza, con el incremento de la inflación y la disminución del crecimiento económico; y otros 45 millones de personas se enfrentarán a la hambruna extrema, con la escasez de fertilizantes y rendimientos de los cultivos inferiores a lo esperado”, aseguró.

La salud de la población también sentirá el efecto. Cerca del 3% de los derivados del petróleo se utiliza en la industria farmacéutica y médica. Los productos petroquímicos son clave tanto en la fabricación de medicamentos comunes sintetizados a partir de derivados del benceno (aspirina) o el fenol (paracetamol) como en la práctica médica general: desde la esterilización del instrumental (requiere óxido de etileno) hasta la fabricación de material básico como jeringas, guantes, catéteres o válvulas cardíacas.

Un poder racional encontraría una salida negociada a esta catástrofe. Una potencia equilibrada buscaría una solución que, a la larga, le fuera menos costosa y no pusiera al planeta al borde del desastre. No es el caso de EE.UU. Como sugiere el economista estadounidense Jeffrey Sachs, las contradicciones de Trump no tienen salida: por un lado “está bastante desesperado por un alto el fuego” pero por otro “la única paz que tolera es la hegemónica”.

“Sin dudas estamos viendo los límites del poder de Estados Unidos”, afirmó Sachs en una entrevista con el politólogo noruego Glenn Diesen. Su visión es pesimista. “Me temo que estemos marchando hacia una guerra total con Irán. La Casa Blanca aceptó el formato de conversación presentado por Irán y luego se echó atrás. Esto se basa en la renuencia de encontrar una paz que no esté basada en la dominación.”

Como todas las semanas, el presidente estadounidense lanzó algunas declaraciones fuera de lugar. El viernes pasado, en relación al bloqueo marítimo impuesto a Irán, alardeó sobre la fuerza naval de EE.UU.: “Interceptamos el barco, la carga y el petróleo; es un negocio muy lucrativo. Somos en cierto modo como piratas … pero no es ninguna broma”.

La presión internacionalCon declaraciones cada vez más firmes tanto Rusia como China presionan por una salida negociada en el conflicto entre Washington-Tel Aviv contra Teherán. Ninguno ofreció ni proporcionó ayuda militar a Irán, pero ambos respaldan abiertamente a su socio estratégico en el grupo BRICS y pieza clave en la nueva arquitectura de Eurasia.

El lunes 27 de abril, el canciller iraní Sayed Abbas Araghchi fue recibido por el presidente ruso, Vladimir Putin, en su ciudad natal, San Petersburgo. Si el gobierno iraní buscaba respaldo del Kremlin, Putin no dudó en dárselo. “Apreciamos cómo el pueblo de Irán lucha valiente y heroicamente por su independencia y soberanía”, dijo el presidente ruso.

Putin se comprometió a interceder por Irán para acelerar el proceso de paz. “Por nuestra parte, haremos todo lo posible para que la paz llegue cuanto antes, por nuestros intereses y por los intereses de todos los pueblos de la región”.

Dos días después Putin y Trump mantuvieron una larga conversación telefónica donde las guerras en Ucrania e Irán fueron centrales. Poco trascendió de lo charlado, pero según el presidente estadounidense su par ruso ofreció colaborar para resolver uno de los puntos más empantanados en las negociaciones entre Washington y Teherán: el tema del uranio enriquecido. Científicos rusos son colaboradores en el programa nuclear iraní.

En relación a China la situación es mucho más compleja. No sólo el país asiático se ve afectado directamente por el bloqueo en el estrecho de Ormuz, sino que se aproxima la fecha de la megacumbre entre los presidentes Xi Jinping y Trump, ya postergada una vez. El pasado 30 de octubre, ambos líderes se reunieron en Corea del Sur al margen de la cumbre internacional de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) que tuvo lugar en Busan y combinaron un encuentro para abril en Beijing. La inesperada resiliencia de Irán y la prolongación de las tensiones internacionales obligaron a Trump a posponer la reunión hasta mediados de mayo.

En estos dos meses de guerra, Beijing, a través de su cancillería, hizo explícito una y otra vez su apoyo a Teherán. “China respalda a Irán en la defensa de su soberanía, integridad territorial y dignidad nacional”, subrayaron.

Ayer sábado, Trump amenazó con sancionar a las compañías navieras que paguen a Irán el peaje por atravesar el estrecho de Ormuz, lo que aumentó muchísimo más la tensión en el Golfo Pérsico. China reaccionó de inmediato y emitió una orden legal que prohíbe a sus empresas cumplir con las sanciones de EE.UU. contra Irán, calificando estas medidas de violación al derecho internacional y las normas internacionales básicas.

La flotilla y las manifestacionesEntretanto, los pueblos en diversos lugares del mundo se pronunciaron en las calles a favor de la paz y sobre todo en contra del genocidio palestino.

El 1º de Mayo en varias ciudades europeas los manifestantes combinaron la tradicional celebración del “Día de las y los trabajadores” con una fuerte protesta contra el gobierno de Israel y la denuncia del genocidio que el primer ministro Benjamin Netanyahu está cometiendo en la Franja de Gaza. También denunciaron el ataque de Israel a la Flotilla Global Sumud.

La flotilla y su más de mil miembros —que desde hace años intentan romper el bloqueo israelí y llegar a la Franja a través del Mar Mediterráneo para llevar ayuda humanitaria a los gazatíes y abrir un corredor humanitario permanente— fueron interceptados a 965 kilómetros de la costa de Gaza en aguas internacionales, cerca de Grecia, el 29 y 30 de abril.

Una parte siguió hacia Palestina pero otras naves fueron detenidas. Hubo 31 militantes heridos y más de 175 apresados. La organización Global Movement To Gaza Spain denunció que el palestino Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Avila fueron presos por las fuerzas israelíes. El pasado 31 de marzo, el gobierno de Javier Milei, obediente a las órdenes del Departamento de Estado de EE.UU., le prohibió a Thiago Avila el ingreso al país: fue retenido y deportado.

Brasil, Turquía, Bangladesh, Colombia, Jordania, Libia, Malasia, Maldivas, Mauritania, Pakistán, Sudáfrica, Cuba y España, entre muchos otros países, condenaron los ataques israelíes contra la Flotilla Global Sumud; denunciaron violaciones flagrantes del derecho internacional y exigieron la liberación inmediata de los activistas civiles.

La última información sobre los detenidos es que Saif y Thiago habrían sido severamente golpeados y sometidos a tortura bajo custodia de autoridades israelíes. Ellos y varios otros militantes heridos (4 de Nueva Zelanda y Australia; 3 de Italia y Estados Unidos; y 2 de Canadá, Países Bajos, España, Reino Unido, Colombia y Alemania) padecieron falta de agua y alimentos por 40 horas. Una vez más, Israel viola impunemente las reglas internacionales.


Por Telma Luzzani

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