Pilar Cortés
08 May
08May

Varios acuerdos de ayuda sanitaria han sido pausados o rechazados debido a controvertidos requisitos por parte de Estados Unidos. 

La clásica estrategia del mandatario Donald Trump de amenazar para luego ofrecer alternativas poco favorables para sus oponentes también fue aplicada en el área de la salud: tras afirmar en 2025 que Estados Unidos suspendería la ayuda sanitaria mundial, comenzaron a circular propuestas de acuerdos bilaterales entre el país del norte y los países ‘’en desarrollo’’, específicamente aquellos pertenecientes al continente africano[1]

El ejemplo más reciente es Zambia, cuyo gobierno declaró el lunes 4 de mayo que se opondrá al intento de Estados Unidos de acceder a datos sanitarios y a minerales críticos a cambio de ayuda[2]

El ministro de Asuntos Exteriores, Mulambo Haimbe, declaró que Estados Unidos había ofrecido un apoyo sanitario de hasta 2.000 millones de dólares durante los próximos cinco años, pero a cambio se reclamaba el acceso preferencial por parte de empresas norteamericanas a minerales críticos y el intercambio de datos sanitarios de la población, esto último durante un plazo de diez años. 

La declaración del ministro Haimbe se emitió en respuesta a las críticas del embajador saliente de Estados Unidos, Michael Gonzales, quien acusó a Zambia de no participar en la oferta de financiación para la salud, acusación negada por Haimbe[3]

Otro caso reciente es el de Ghana, en donde rechazaron un acuerdo de salud propuesto por EE. UU. a fines de abril por el mismo motivo que Zambia: el intento del país del norte en obtener datos sensibles de la población africana. Es sabido que la utilización del financiamiento o de préstamos para obtener dependencia económica en regiones ricas en recursos es una estrategia muy utilizada por los grupos económicos y políticos de Estados Unidos y de la OTAN en general. 

Sin embargo, las exigencias de intercambio de datos y minerales ‘’no tienen precedentes’’ en la historia de EE. UU., afirma el medio Al Jazeera. De todas formas, no es novedad el hecho de que EE. UU. realice experimentos con poblaciones del Sur global o con raíces africanas: basta con recordar el proyecto Tuskegee realizado en el propio suelo estadounidense, en donde utilizando a la atención médica gratuita como anzuelo, experimentaron el avance del sífilis en alrededor de 400 personas en condiciones de pobreza y afroamericanas[4], algo muy similar con la oferta de ayuda sanitaria que se ofreció en el último tiempo a África. 

El proyecto abarcó desde 1932 a 1972, cuarenta años de experimentación. Bill Clinton se disculpó por este hecho en 1997. También está el caso de Guatemala en los años 40’, en el cual se utilizaron nuevamente a sectores vulnerables de la población para el propio beneficio. Prostitutas, pobres, indígenas y soldados fueron nuevamente conejillo de indias para la experimentación de sífilis y gonorrea. El saldo fue de 5.500 pacientes engañados, 1.300 infectados y 83 muertos[5]

Por último, y volviendo al continente africano, es necesario recordar el reciente caso de Guinea-Bissau en donde el gobierno canceló el controvertido experimento de vacunación propuesto por EE. UU. La idea consistía en utilizar 14.000 bebés para pruebas de hepatitis B, de los cuales a 7.000 se les aplicaría la vacuna correspondiente seis semanas posteriores al nacer, cuando la recomendación por parte de la medicina es realizarla apenas nazca el bebé[6]

Según el portal Health Policy Watch, los países que han firmado acuerdos con el país gobernado por Trump en diciembre de 2025 son Kenia, Ruanda, Liberia, Uganda, Lesoto, Suatini, Mozambique, Camerún, Nigeria, Madagascar, Sierra Leona, Botsuana, Etiopía y Costa de Marfil. 


Por Pilar Cortés para Data Urgente



[1] https://www.aljazeera.com [2] https://www.reuters.com/ [3] https://qiraatafrican.com/ [4] https://www.elindependiente.com/ [5] https://www.elmundo.es/ [6]https://www.dataurgente.com/noticias/cancelan-ensayo-de-vacunas-financiado-por-el-gobierno-de-trump-en-guinea-bissau