De la Cumbre Ministerial Contra el “terrorismo político de extrema izquierda” al informe denominado “Cuba: capital del comunismo del Siglo XXI”, el secretario de Estado desempolva un discurso que estigmatiza a los movimientos populares de América Latina, refuerza la narrativa que busca justificar una intervención militar en Cuba y amenaza las libertades y derechos de los propios estadounidenses.
En la década de 1950, el senador republicano Joseph McCarthy encabezó una política de persecución ideológica dentro del propio Estados Unidos. En el comienzo de la Guerra Fría y con un discurso cargado de paranoia se acusó – sin fundamentos – a científicos, artistas, miembros de la cultura y a todo tipo de ciudadanos de “simpatizar con el comunismo”, lo que era visto como un acto de “traición a la patria”.
La persecución desatada desde el Estado provocó la violación de derechos civiles y el atropello a las libertades individuales de los propios ciudadanos norteamericanos. A toda aquella política represiva se la conoció con el nombre de “macartismo”.
A pesar de que hace décadas que terminó la Guerra Fría y que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir en 1991, el actual secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, fantasea con reinstalar la teoría de “la amenaza comunista” y el enemigo interno.
En esta ocasión, según Rubio, el país que podría poner en jaque la seguridad nacional de los Estados Unidos no es una poderosa potencia nuclear ni económica, la actual amenaza es Cuba. La isla que según el propio Rubio es “un Estado fallido” que se encuentra sumergido en una profunda crisis (producto del bloqueo que el secretario de Estado ignora deliberadamente en sus discursos), es la gran “amenaza” para la principal potencia militar del mundo.
El pasado 16 de junio, el secretario de Estado convocó a representantes de más de 60 países a participar en Washington de la “Cumbre Ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político”. El mal a enfrentar en esta ocasión, según el propio documento del Departamento de Estado, es el “terrorismo político de extrema izquierda como amenaza transnacional”.La propuesta de Marco Rubio para los aliados de Estados Unidos en Asia, Europa y América es profundizar la coordinación y el intercambio entre los servicios de inteligencia y reforzar los mecanismos internacionales para “contrarrestar dicha amenaza”.
Durante el encuentro, Rubio aseguró: “Todos nuestros amigos aquí, provenientes de los países del hemisferio occidental, recuerdan las décadas de secuestros, atentados con bombas, asesinatos y ejecuciones: el terror violento de los Tupamaros, los Montoneros, las FARC y el ELN.
Recuerdan la inhumana brutalidad de Sendero Luminoso en Perú: los fanáticos maoístas que masacraron a los campesinos peruanos, asesinando a mujeres embarazadas y recién nacidos con hachas y machetes. Recuerdan a las decenas de miles de guerrilleros marxistas entrenados para matar en los campos terroristas cubanos de Castro”.
El secretario de Estado sostuvo que “La extensa red de inteligencia e ideológica del régimen cubano ayudó a construir la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio, y sigue indisolublemente vinculada a los grupos y movimientos de extrema izquierda a través y más allá de Occidente”.
Durante su discurso, en una de las clásicas “reflexiones profundas” con las que Rubio suele argumentar sus posturas, aseguró que esos grupos terroristas “desprecian a Occidente porque Occidente es genial”.
En el documento difundido ese mismo día por el Departamento de Estado se sostiene, sin citar fuentes ni datos comprobables, que “históricamente, la mayor parte del terrorismo de motivación política en Occidente ha sido perpetrado por grupos e individuos violentos de extrema izquierda. Entre 1970 y 1980, los terroristas de extrema izquierda fueron responsables del 93 % de los atentados terroristas y del 58 % de las muertes relacionadas con el terrorismo”.
“Desde 2016, los complots y atentados terroristas de extrema izquierda han aumentado considerablemente en Estados Unidos y Europa, con una tendencia creciente a la violencia contra las personas”, se asegura en el texto.Luego se remarca que “el terrorismo antigubernamental de extrema izquierda representa actualmente un mayor número de atentados y complots en Estados Unidos que cualquier otra categoría ideológica.
Los actores de extrema izquierda fueron responsables del 63 % de todos los atentados o complots antigubernamentales registrados, así como de tres de las cuatro víctimas mortales por actos antigubernamentales en Estados Unidos en 2025”.
En representación de Argentina – y en un nuevo gesto de alineamiento incondicional con Washington – estuvieron presentes en el encuentro, el Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Pablo Quirno, y el subsecretario de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), José Lago Rodríguez.
El canciller Quirno tuvo un lugar destacado en la actividad al ser, según resaltan varios medios, el único funcionario extranjero invitado a disertar en la actividad.En contraposición, a pesar de haber sido invitados, los gobiernos de México, Colombia y Brasil, rechazaron asistir al encuentro.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sostuvo que “en este caso, dado que era un tema desde nuestra perspectiva más político que un asunto realmente relacionado con el combate a los grupos delincuenciales u otros temas de seguridad, consideramos que era mejor no asistir”.

El documento publicado el 20 de julio por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y denominado “Cuba: capital del comunismo del Siglo XXI”, no solo busca construir la narrativa que justifique la intervención militar en la isla caribeña, del texto se desprende una clara amenaza contra los propios ciudadanos estadounidenses: contra sus libertades democráticas, su derecho a organizarse y a protestar, contra las organizaciones defensoras de derechos humanos, contra los movimientos universitarios de ese país.
El documento concluye que “durante 67 años, el régimen cubano ha librado esa campaña (contra Estados Unidos) en todos los frentes. Ha armado a guerrilleros, entrenado a terroristas, refugiado a fugitivos, se ha infiltrado en el Gobierno de los EE. UU., ha formado a generaciones de élites estadounidenses, ha creado redes de influencia dentro de nuestras instituciones y ha abierto el hemisferio occidental a una serie de potencias extranjeras hostiles.
Ha tratado de socavar, degradar y desestabilizar a los Estados Unidos con espías y soldados, pero también con estudiantes e intelectuales; con células terroristas, pero también con comités de solidaridad y redes sin ánimo de lucro; con agentes de inteligencia que operan bajo cobertura diplomática, pero también con intercambios aparentemente privados, organizaciones sin ánimo de lucro, organizaciones políticas y redes de activistas”.
Sin tener en cuenta las causas que llevaron a que miles de ciudadanos se lancen a las calles a protestar, por ejemplo, tras el asesinato a manos de la policía del ciudadano afroamericano George Floyd, el texto sostiene que “muchas de las convulsiones más significativas de la historia política estadounidense reciente, desde los disturbios por George Floyd hasta el auge de Antifa, pasando por la explosión del activismo partidario del terrorismo en los campus universitarios estadounidenses pueden vincularse, de una u otra manera, a la influencia cubana”.
En febrero de este año, en declaraciones a la prensa, el presidente norteamericano Donald Trump aseguró que el gobierno cubano “tiene problemas muy serios, como ustedes saben. No tienen dinero, no tienen nada…” y sostenía que estaba “a punto de caer”, pero solo cinco meses después, el documento del Departamento de Estado afirma que “desde su ubicación frente a la costa de la Florida, la Cuba moderna desempeña un papel clave en el apoyo a las principales redes terroristas extranjeras.
Al mismo tiempo, el régimen sigue gestionando una extensa red de inteligencia de campo en los Estados Unidos, con una penetración significativa en instituciones civiles y militares sensibles en territorio estadounidense.
El peligro que supone esta penetración de los servicios de inteligencia se ve agravado por las nuevas alianzas de Cuba, ya que la isla acoge en su propio territorio un número cada vez mayor de instalaciones militares, de inteligencia y terroristas extranjeras, lo que supone una amenaza sin precedentes para la seguridad nacional estadounidense”.
“El ataque de Cuba contra los Estados Unidos nunca fue, en el fondo, una disputa sobre política económica, soberanía o incluso la propiedad de un territorio concreto. Fue una revolución contra la propia civilización occidental: librada, en parte, mediante el novedoso e insidioso método de persuadir a los hijos de Occidente para que se volvieran contra su propio legado”, sostiene el texto.
En el documento se afirma que “el método” utilizado por Cuba era: “atacar a los Estados Unidos no desde fuera, sino desde dentro: convertir a los estadounidenses en instrumentos de la perdición de su propia nación”.Por último, se asegura que “hoy sirve como tejido conectivo de una coalición antiestadounidense más amplia, un escenario donde las ambiciones de Moscú, Pekín y Teherán convergen con los movimientos radicales que operan al interior de nuestras propias fronteras”.
“Cree el ladrón que todos son de su condición”, sostuvo el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel al comenzar un posteo en la red social X en respuesta a las acusaciones hechas contra el gobierno de la isla.“Nada más acertado para caracterizar el informe del Dpto. de Estado vs Cuba, promovido por uno de los funcionarios más corruptos de la actual administración, de probados nexos con narcotraficantes y terroristas de la Florida”, sostuvo.Luego, agrega que “si un país ha espiado y agredido a otro a niveles obscenos, ha sido EE.UU. contra Cuba” y sostiene: “Son públicas las partidas millonarias que anualmente se destinan a los programas de cambio de régimen en Cuba, apelando lo mismo a la subversión que al terrorismo”.“La historia registra episodios criminales, incluyendo plagas y enfermedades introducidas en Cuba, el dengue hemorrágico que cobró la vida de 101 niños; el derribo de un avión con 73 personas a bordo; las bombas en hoteles; los intentos de magnicidio o la guerra psicológica”, recordó el mandatario cubano.Luego agregó que “añádase el bloqueo y la dimensión genocida que adquiere con el actual reforzamiento y cerco energético. No hay mayor acto de subversión contra un Estado, concebido y descrito oficialmente por EE.UU. para agotar al pueblo y resquebrajar su apoyo a la Revolución” y remarca: “lo que ha hecho la Revolución cubana a lo largo de su historia es defenderse de estas sucesivas e interminables agresiones, por legítimo derecho”.“Cuba jamás ha obrado para dañar al pueblo estadounidense, ni se ha propuesto afectar la seguridad nacional de EE.UU.”, sostuvo Díaz-Canel.El mandatario cubano concluyó que “el neo-macartismo trasnacional que se reinstaura en EE.UU., desde una corriente claramente fascista, recurre a la mentira para generar pretextos sobre los cuales sostener agresiones contra Cuba y coartar libertades civiles en EE.UU.”.
Lo primero siempre es el discurso, el relato que crea las condiciones para las acciones. ¿Para qué prepara el terreno hoy la administración de Trump? La Cumbre Ministerial y el documento del Departamento de Estado sobre Cuba parecen parte de una estrategia con varios objetivos.Uno, seguir con la construcción de una narrativa que justifique la tan ansiada intervención militar contra Cuba.Dos, utilizar a los servicios de inteligencia, las Fuerzas Armadas y policiales de otros países en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana, lo que incluye la estigmatización de los movimientos sociales y de las organizaciones del campo popular para justificar la represión.Tres, generar las condiciones para la represión en el propio Estados Unidos, contra todos los espacios que sean críticos o desafíen las políticas de la actual administración de la Casa Blanca.Ya en septiembre de 2025, en una reunión convocada de urgencia en la base del Cuerpo de Marines en Quantico (Virginia), ante más de 800 militares de los más altos cargos del Pentágono, el presidente Trump aseguró: “Estamos sufriendo una invasión desde dentro. Es lo mismo que una invasión extranjera, pero en muchos sentidos es más difícil porque no llevan uniforme”, aseguró y luego agregó: “eso también es una guerra. Es una guerra desde dentro”.Según informó la periodista Telma Luzzani en un artículo publicado en El Destape, Trump buscó sostener su narrativa al argumentar: “nuestra historia está llena de héroes militares que se enfrentaron a todos los enemigos tanto extranjeros como nacionales. Ustedes conocen muy bien que el juramento dice: nacional y extranjero. También tenemos enemigos nacionales. Washington, Lincoln, Bush padre y muchos de nuestros líderes usaron las FFAA para mantener el orden y la paz internos”.El relato sobre el enemigo interno vuelve a aparecer con fuerza, ahora en la voz del Secretario de Estado. La amenaza es contra Cuba, contra los movimientos sociales que en cualquier parte del mundo desafíen las políticas de Washington y contra las libertades y derechos de los propios estadounidenses.Héctor Bernardo*– Periodista, escritor y profesor de Introducción al Pensamiento Social y Político Contemporáneo – Facultad de Periodismo y Comunicación Social – UNLP.Foto de portada: Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, Agencia EFE – Autor: EZRA ACAYAN – POOL
Por Héctor Bernardo*-