24 Oct
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La relación simbólica entre Gernika y Palestina se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles de la movilización vasca. Se hace necesario que en Euskal Herria y en el mundo entero, vuelvan a llenarse las calles de multitudes y banderas palestinas.

La movilización ciudadana, el compromiso sindical y las iniciativas de cooperación han convertido la solidaridad con el pueblo palestino en una causa visible en numerosos pueblos y ciudades vascas. 

Cualquier visitante de Euskal Herria llega a sorprenderse cuando observa en las calles de sus principales ciudades o pueblos, ondear en los balcones la bandera palestina, algo que se convierte en habitual en el Casco Viejo de cada una de las ciudades, donde desde pasacalles hasta murales alusivos ratifican el apoyo a la Resistencia palestina.

Hay pueblos que conocen de cerca las heridas de la guerra. Pueblos que conservan en su memoria el recuerdo de las bombas, la destrucción de sus hogares y el sufrimiento de la población civil. En Euskal Herria, Gernika ocupa un lugar especial en esa memoria colectiva. 

El bombardeo del 26 de abril de 1937 forma parte de la historia vasca y constituye uno de los símbolos internacionales de los horrores de la guerra contra la población civil.Esa memoria ayuda a comprender una parte de la solidaridad que hoy se expresa en Bizkaia, Gipuzkoa, Áraba, Nafarroa, y las provincias vascas de Iparralde (bajo dominio francés), con el pueblo palestino. 

Desde el comienzo de la guerra de agresión sionista contra Gaza, tras el heroico levantamiento del pueblo palestino, representado en esta ocasión por Hamas, el FPLP, la Yihad Islámica, el FDLP, el FPLP Comando General e innumerables grupos de combatientes autónomos, contra "Israel" el 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva militar israelí, miles de personas han salido a las calles para reclamar el fin de la violencia genocida, el apoyo incondicional a la Resistencia, la protección de la población civil y el respeto de los derechos del pueblo palestino.La solidaridad vasca con Palestina no nació de la noche a la mañana. 

Se apoya en una trayectoria de internacionalismo, asociaciones ciudadanas, organizaciones sindicales y movimientos sociales que llevan años denunciando la ocupación, la expansión de los asentamientos israelíes y la vulneración de los derechos de la población palestina. Sin embargo, la devastación de Gaza ha dado a esta causa una nueva dimensión social y política.

Gernika y Palestina: dos memorias que dialogan

La relación simbólica entre Gernika y Palestina se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles de la movilización vasca. No se trata de afirmar que dos conflictos históricos sean idénticos, sino de reconocer el valor universal de la memoria cuando sirve para defender la vida, la dignidad humana y la protección de quienes sufren la guerra.

La Plataforma Palestinarekin Elkartasuna (Solidaridad con Palestina) es una de los dos estamentos militantes que logra convocar en las calles a miles de manifestantes solidarios con la causa del pueblo palestino. Está conformada por numerosas organizaciones sociales y populares, y entre sus actividades está la permanente denuncia de la complicidad institucional y empresarial vasca con la ocupación "israelí".  

Critican las relaciones económicas, industriales y políticas de Euskal Herria y el Estado con "Israel", señalando a empresas como CAF por sus proyectos ferroviarios vinculados a los territorios ocupados, como es el caso de los tranvías de "Tel Aviv".  Bajo la consigna "Boicot a 'Israel'" y “Viva la Resistencia Palestina”, esta Plataforma pone la mira sobre los equipos deportivos o la esporádica presencia cultural "israelí" en el País Vasco. 

En ese sentido, han organizado movilizaciones y protestas en Vitoria-Gasteiz para exigir la suspensión de partidos de Euroliga entre el Baskonia y equipos como el Maccabi "Tel Aviv" o el Hapoel, acusando a "Israel" de usar el deporte para blanquear su política criminal

Por otro lado, la iniciativa ciudadana Gernika-Palestina ha desempeñado un papel destacado en la tarea de sensibilizar sobre lo que ocurre en Palestina. Desde 2023 ha impulsado manifestaciones, actos públicos y campañas para reclamar un alto el fuego, una solución política y el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino. 

Entre sus acciones se encuentran las concentraciones celebradas en decenas de localidades y los actos que han reunido a miles de personas.Una de las imágenes más representativas de esta conexión tuvo lugar en Gernika en diciembre de 2023, cuando participantes en una movilización formaron un mosaico humano con la bandera palestina junto a la referencia simbólica del Guernica de Picasso. La iniciativa trasladó un mensaje sencillo: el recuerdo del sufrimiento pasado puede convertirse en una responsabilidad ante el sufrimiento presente.

La tarea de ambas plataformas también ha permitido que la solidaridad trascienda los grandes núcleos urbanos. La causa palestina ha encontrado espacios en plazas, centros culturales, barrios, centros de trabajo y actividades populares, demostrando que la movilización no depende exclusivamente de las grandes organizaciones políticas.Uno de los episodios de abierta solidaridad con la lucha palestina ocurrió en Euskal Herria en ocasión de la Vuelta Ciclista española. 

Cuando los competidores atravesaron los pueblos de Euskal Herria, en ninguno de ellos faltaron las concentraciones con cientos de personas agitando banderas palestinas frente al tandem "israelí", que a pesar de los pedidos formulados a los organizadores de la carrera, no fueron excluidos de la misma. El plato fuerte de este escrache masivo, ocurrió en Bilbao, donde debía concluir la etapa. 

Allí, desde temprano, miles de manifestantes con banderas palestinas impidieron que la vuelta terminara en el sitio elegido por las autoridades del evento, y se vieron obligados a que la competencia finalizara varios kilómetros antes. A pesar de las continuas cargas policiales, los manifestantes no dejaron de gritar su solidaridad con Palestina, sintetizada en consignas como "Boicot a 'Israel'", "Gora Errezistencia” (Viva la Resistencia) e "'Israel' Suntsitu" (Destruir a "Israel").Otra acción solidaria de gran importancia ha sido la participación de militantes vascos y vascas en la Flotilla Global Sumud. 

No solo en una sino en varias de las iniciativas en ese sentido. Y como todos los activistas del mundo que intentaron por esta vía mostrar su apoyo a Palestina, sufrieron las consecuencias de la violencia israelí, al ser capturados en alta mar y luego trasladados a prisiones donde fueron vejados y torturados con total impunidad. 

Esos golpes recibidos de los militares sionistas, se repitieron en el aeropuerto de Bilbao, cuando en ocasión de la última flotilla, los solidarios vascos que volvían a casa -varios de ellos con costillas rotas y otras afecciones- fueron recibidos por la policía vasca (la Ertzaintza) a porrazos, insultos, patadas y la consecuencia de varios detenidos. La explicación es simple: la Ertzaintza, mantiene desde su creación en 1982, lazos muy estrechos con sus pares israelíes y el propio Mosad. 

Recibieron cursos de instrucción y no pocas charlas de adoctrinamiento, lo que deriva en que la militancia pro palestina en Euskal Herria, es mal vista por este cuerpo policial represivo. 

Los sindicatos llevan la solidaridad a los centros de trabajo

Uno de los rasgos distintivos de la respuesta vasca ha sido la implicación del movimiento sindical. Organizaciones como ELA, LAB, CCOO, UGT, ESK, STEILAS, CGT y otras centrales han promovido o respaldado distintas iniciativas de protesta, aunque con diferencias en sus planteamientos y estrategias.

El 15 de octubre de 2025 se celebró una importante jornada de paros y movilizaciones en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa. Según los datos difundidos por los sindicatos convocantes, más de 110 mil personas participaron en las manifestaciones del mediodía en las cuatro capitales. La cifra corresponde a la estimación de las propias organizaciones convocantes.

Aquella jornada mostró que la solidaridad con Palestina podía expresarse también en los lugares de trabajo y no únicamente mediante concentraciones en la calle. Los convocantes reclamaron medidas políticas y económicas, entre ellas la suspensión de relaciones comerciales e institucionales con Israel.Las organizaciones sindicales han defendido que la defensa de los derechos laborales no puede separarse de las condiciones de vida de las personas que sufren guerras, desplazamientos y privaciones. 

Desde esta perspectiva, la solidaridad internacionalista consiste en reconocer que los derechos humanos no deben depender del lugar de nacimiento ni de la nacionalidad.No obstante, las organizaciones no siempre han coincidido en la forma de articular las protestas, el alcance de los paros o las medidas que deben adoptar las instituciones. 

Esas diferencias forman parte del debate sobre cómo convertir la movilización ciudadana en decisiones concretas.

De las manifestaciones a la ayuda humanitaria

La solidaridad no se limita a las pancartas ni a las declaraciones públicas. También puede traducirse en apoyo económico, cooperación internacional y colaboración con organizaciones que trabajan directamente con la población palestina.En este ámbito destaca la campaña Solidaridad Activa, impulsada por Gernika-Palestina junto con Yala Nafarroa y la colaboración de la organización de cooperación Mundubat. 

La iniciativa ha canalizado recursos para proyectos en Gaza y ha apoyado a organizaciones palestinas que trabajan en ámbitos como la agricultura, la asistencia social, la defensa de los derechos humanos y la atención a la población más vulnerable.

Según la información publicada por la propia iniciativa, los fondos recaudados han permitido a organizaciones palestinas distribuir alimentos y agua. Este tipo de actuaciones recuerda que la ayuda humanitaria debe responder a necesidades concretas y llegar a las personas afectadas a través de mecanismos seguros, transparentes y eficaces.

La cooperación, sin embargo, se enfrenta a enormes dificultades cuando las infraestructuras están destruidas, el acceso a los suministros es limitado y la población se ve obligada a desplazarse repetidamente. 

Por ello, las campañas solidarias pueden aliviar necesidades inmediatas, pero no sustituyen la obligación de garantizar el acceso humanitario ni la necesidad de una solución política duradera. La ayuda debe acompañarse de información contrastada sobre sus destinatarios y resultados, así como de respeto a la autonomía de las organizaciones palestinas. 

La solidaridad efectiva no consiste en hablar en nombre de quienes sufren, sino en contribuir a que dispongan de recursos, protección y capacidad para decidir sobre su futuro.

Una reivindicación que interpela a las instituciones

Las movilizaciones también han situado en el centro del debate la responsabilidad de los gobiernos, las instituciones europeas y las empresas.

Los colectivos solidarios han reclamado distintas medidas: el reconocimiento efectivo de los derechos nacionales palestinos, el fin de la ocupación, la protección de la población civil, la entrada de ayuda humanitaria y la rendición de cuentas por las posibles violaciones del derecho internacional.Parte del movimiento reclama, además, que las administraciones y las empresas suspendan sus relaciones comerciales con "Israel". 

Otras voces ponen el acento en las sanciones, el embargo de armas, la presión diplomática o el fortalecimiento de los mecanismos judiciales internacionales.

Para una parte importante del movimiento solidario vasco, el objetivo es que la movilización social no se quede en una expresión simbólica de rechazo, sino que se traduzca en decisiones verificables por parte de las instituciones y los agentes económicos.

Una solidaridad plural, más allá de las siglas

La solidaridad con Palestina reúne a personas con trayectorias, sensibilidades y motivaciones diferentes. Participan organizaciones sociales, sindicatos, colectivos juveniles, asociaciones culturales, personas vinculadas a la cooperación internacional y ciudadanos que se movilizan por primera vez ante las imágenes de destrucción y sufrimiento.

Las diferencias existentes, más allá del objetivo común de apoyar la causa palestina, pasan por el énfasis que algunos ponen en reivindicar a la Resistencia armada, el boicot y la desaparición del sionismo de suelo palestino.  Otros, en cambio, centran sus consignas en el tema de las víctimas del genocidio, o en reivindicar como solución, la teoría de los dos Estados.

Esa pluralidad constituye una característica relevante de las protestas. No todas las personas comparten la misma interpretación del conflicto ni defienden idénticas soluciones políticas. 

Sí pueden coincidir en principios básicos: la protección de la población civil, la liberación de los miles de presos palestinos. el rechazo de los ataques contra civiles, el acceso de la ayuda humanitaria y la defensa de los derechos fundamentales.

De la memoria a la responsabilidad colectiva

La solidaridad vasca con Palestina plantea una pregunta que va más allá de las manifestaciones: ¿qué significa solidarizarse cuando la distancia geográfica parece separar a quienes protestan de quienes padecen las consecuencias de la guerra?

Significa, en primer lugar, no acostumbrarse al sufrimiento. 

No naturalizar un genocidio ni mirar a un costado frente al mismo, como han hecho la mayoría de las instituciones. Significa informarse, apoyar iniciativas de lucha y denunciar las atrocidades cometidas por el sionismo. Ese mismo sionismo que tiene también representantes en Euskal Herria y que en sus puestos partidarios no dejan de hacer propaganda pro-israelí con la impunidad que le dan sus cargos. 

Significa también escuchar las voces palestinas, reconocer su diversidad y respetar su derecho a determinar su propio futuro.

Gernika ofrece a esta reflexión un referente histórico de gran fuerza. Su memoria no tiene por qué convertirse en una comparación automática entre tragedias, sino en una invitación a impedir que la violencia contra la población civil se normalice.

La experiencia de los últimos años demuestra que la sociedad vasca dispone de redes ciudadanas capaces de organizar campañas, de ganar masivamente las calles, y también acciones de cooperación. 

El reto consiste en mantenerlas en el tiempo, ampliar la participación, preservar su carácter plural y vincular sus reivindicaciones con medidas concretas y evaluables.

La solidaridad no pone fin por sí sola a una ocupación pero puede contribuir a mantener la atención pública, apoyar a quienes combaten sobre el terreno y recordar a los responsables políticos que los derechos humanos no deben quedar subordinados a los intereses estratégicos, ni a consignas electorales.

Desde Gernika hasta Bilbao, desde Donostia hasta Vitoria-Gasteiz, la solidaridad con Palestina ha encontrado un espacio en la vida pública vasca. Su significado más profundo no reside únicamente en el número de manifestantes, sino en la voluntad de transformar la memoria en compromiso y la indignación en acciones sostenidas.

Cuando se habla de Palestina también se piensa en Euskal Herria, una nación sin Estado, bajo dominio político, económico y militar español y francés desde hace siglos. Un pueblo que no ha bajado la cabeza frente a sus opresores y que en función de esto mismo, sabe pulsar el internacionalismo solidario con otros pueblos que sufren similares situaciones.

Porque recordar una tragedia histórica implica también preguntarse qué se hace ante las tragedias del presente. Y porque la defensa de la dignidad humana solo puede ser universal si se aplica a todos los pueblos, sin excepciones.

Hoy más que nunca se hace necesario que la solidaridad militante con Palestina no decaiga, ya que la entidad sionista israelí se apresta a intentar dar el golpe definitivo, para quedarse con todos los territorios ocupados, y a la manera hitleriana expulsar a los habitantes originarios, o directamente, como viene ocurriendo en Gaza dia a día, asesinarlos. 

De allí, que se hace necesario que en Euskal Herria y en el mundo entero, vuelvan a llenarse las calles de multitudes y banderas palestinas, demostrando a las instituciones y mega organismos internacionales que ante su silencio son las calles las que gritan: no puede haber paz sin la desaparición definitiva del sionismo. Palestina libre del río hasta el mar.


Por  Carlos Aznárez

AlMayadeen