Una multitud comenzó a desfilar este lunes en Belgrado ante el féretro del ex jefe militar de los serbios de Bosnia Ratko Mladic, condenado por «genocidio y crímenes de guerra», antes de un polémico funeral que ha suscitado indignación en la mal llamada comunidad internacional, léase Occidente y su repetido macartismo.
Mladic falleció a finales de agosto, a los 84 años, en La Haya (Países Bajos), donde cumplía una pena de prisión por «genocidio, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad» cometidos durante la guerra de Bosnia.
Fue uno de los funerales públicos más multitudinarios celebrados en Serbia desde la caída del comunismo en 1990 y puso de manifiesto el respeto que Mladic sigue inspirando entre muchos serbios y en la República Serbia autónoma de Bosnia, pese a sus condenas por su papel en Srebrenica de 1995 y en el asedio de Sarajevo.
El féretro de Mladic, rodeado de soldados armados vestidos de faena y acompañado por una banda de música, fue luego llevado en procesión por calles abarrotadas de personas, que coreaban su nombre. Fue enterrado en un cementerio cercano, junto a su hija, fallecida en 1994.
Vestidos de luto, numerosos simpatizantes del dirigente al que medios internacionales habían apodado el «Carnicero de los Balcanes» se congregaron en la iglesia ortodoxa de de San Lucas en Belgrado a partir de las 7 de la mañana, hora local.
«Es un héroe», afirmó Djordje, un hombre de 34 años que viajó desde Prijepolje para rendir homenaje a Mladic. «Fue un gran estratega militar». La muerte de Mladic ha despertado fuertes emociones que se remontan a la desintegración de Yugoslavia y a los conflictos étnicos que se desataron a raíz de ella en los Balcanes.
En este último homenaje, muchos besaron el féretro cerrado de Mladic, inicialmente flanqueado por militares, mientras sacerdotes ortodoxos serbios recitaban oraciones, según un fotógrafo de la AFP. La policía cerró las calles próximas a la iglesia debido a la cantidad de gente, entre la que había numerosos veteranos serbios. Banderas serbias fueron colgadas en las inmediaciones y una inmensa pancarta desplegada sobre la calle proclamaba: «Bienvenido, general. Gracias a tu madre por haber dado a luz a un héroe, para que vuelva la gloria de la Gran Serbia».

Apoyo innegable de la población y el gobierno
Cuando los restos mortales de Mladić fueron repatriados la semana pasada, el presidente serbio Aleksandar Vučić prometió «todo tipo de apoyo logístico, de transporte y de otra índole» para la celebración del funeral, y así fue, porque las autoridades ofrecieron transporte gratuito desde Bosnia y desde la mayoría de las localidades de Serbia a todos aquellos que quisieran rendirle homenaje.La conmemoración de Estado comenzó hacia el mediodía con una ceremonia en la iglesia de San Lucas, oficiada por el patriarca Porfirio, jefe de la Iglesia Ortodoxa Serbia, quien declaró que el nombre de Mladić descansará «profundamente entretejido en la memoria y las oraciones de la gran mayoría de nuestro pueblo ortodoxo serbio, que siente y cultiva una profunda gratitud hacia él».

En el acto estuvieron presentes algunos miembros del Gobierno de Vučić, como el ministro de Defensa, Bratislav Gašić, o el titular de Justicia, Nenad Vujić, además del expresidente de la República Srpska Milorad Dodik y su sucesor, Siniša Karan. El actual embajador de Rusia en Serbia, Alexander Botsan-Kharchenko, tampoco quiso perderse una cita a la que acudieron decenas de miles de personas.
Quien no acudió fue el presidente Vučić, reunido con un dignatario de Uzbekistán que se encontraba de visita en el país, aunque sí lo hizo su hijo Danilo. El ministro de Asuntos Exteriores de Bosnia y Herzegovina, Elmedin Konaković, no rebajó las críticas contra el mandatario serbio pese a su ausencia. «Todos sabemos muy bien que él es el organizador, el ejecutor y personalmente la persona más responsable», denunció.
En la misma línea se expresó la investigadora Jovana Kolarić, especializada en documentar los crímenes de las guerras de la antigua Yugoslavia: «No puede sorprendernos [el número de personas frente a la iglesia de San Lucas], teniendo en cuenta que el presidente de Serbia, como la persona que en realidad está detrás de toda esta organización, al menos desde el punto de vista ideológico, ya había anunciado que habría tanta gente».

Las autoridades enterraron a Mladić en el cementerio de Topčider, en una tumba junto a su hija Ana, que se suicidó en 1994. Una banda militar y una guardia de honor aguardaban en el camposanto, y una unidad del Ejército efectuó una salva de tres descargas tras depositar el féretro en la tumba. «Gracias, hermanos, por venir a juzgar si mi padre fue un héroe o un criminal», expresó su hijo Darko Mladić, sable en mano. «¡Héroe, héroe!», respondieron al unísono los presentes.
La víspera, los ultras del Estrella Roja de Belgrado aprovecharon el derbi contra el Partizán para desplegar en el fondo sur del estadio Marakana un tifo con el rostro de Ratko Mladić.
Debajo, la leyenda «Dirección: Potocari», una referencia explícita a la localidad bosnia próxima a Srebrenica, donde permanecen enterradas las víctimas del crimen de guerra más grave ocurrido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.Las escenas vistas este lunes en Belgrado hicieron saltar las alarmas en Bruselas. «Cualquier glorificación de los criminales de guerra, la negación del genocidio y el revisionismo contradicen los valores europeos más fundamentales y no tienen cabida ni en la UE ni en los países candidatos a la adhesión a la UE», manifestó a través de un comunicado el Servicio Europeo de Acción Exterior de la UE.
La comisaria europea de Ampliación, Marta Kos, canceló esta semana una visita a Serbia, candidato oficial a la adhesión a la UE desde 2012, tras conocer los planes de Vučić, aunque la portavoz de la Comisión, Paula Pinho, desmintió este lunes que hubiera habido un funeral con honores de Estado justo antes de afirmar que «corresponde a Serbia decidir cómo organizará el funeral».
Resumen Latinoamericano