Un informe de la Abin advierte sobre planes de EEUU y Donald Trump para interferir en las elecciones de Brasil 2026.
La Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) elevó a "nivel crítico" la posibilidad de influencia e interferencia externa de Estados Unidos (EEUU) en los comicios brasileños de 2026, según un informe reservado sobre amenazas al proceso electoral que el organismo remitió a fines de agosto a la Presidencia de ese país, al Tribunal Superior Electoral (TSE) y al Ministerio de Justicia.
El documento —reseñado por Folha De S.Paulo— describe una “tendencia de escalada de presión sobre Brasil”, y sostiene que se registra una intensificación selectiva y una reconfiguración del asedio que ejerce Washington sobre el país suramericano, sin que ello implique una ruptura del patrón estructural de influencia que ya existía.
La agencia ubica el problema en un ámbito regional más amplio, pues afirma que la reafirmación de la hegemonía estadounidense en América Latina —enmarcada en la doctrina Donroe— constituye una prioridad del segundo gobierno de Donald Trump.
A partir de documentos estratégicos difundidos por la Casa Blanca entre noviembre de 2025 y mayo de 2026, el informe atribuye a Trump dos objetivos centrales: reducir la influencia de las potencias “rivales” de EEUU en la región —tales como China— y negarles el acceso a activos estratégicos, riquezas naturales e infraestructuras, en beneficio del control directo o indirecto del gobierno norteamericano o de su capital privado.
En este contexto, la Abin considera que Brasil cuenta hoy con un gobierno que dispone de mayor voluntad política y de más medios para defender su autonomía estratégica frente a las exigencias estadounidenses de concesiones y realineamiento geopolítico, razón por la cual se convirtió en blanco de represalias en varios frentes.
Pese a lo que el organismo especifica una supuesta distensión y repliegue por parte de Trump ante Brasil, el organismo advierte que las acciones estadounidenses desde mayo apuntan a una escalada, en particular después de que Washington comenzó a designar como supuestos "terroristas" a organizaciones criminales brasileñas, y anunció nuevas represalias comerciales.
De la narrativa a las sanciones
El informe identifica un punto de inflexión en julio, cuando EEUU “sancionó” a dos ciudadanos brasileños, a tres empresas radicadas en Brasil y a una en Portugal por supuestos vínculos con redes de lavado de dinero asociadas al Primer Comando de la Capital (PCC).
Para la agencia, esa medida unilateral representa un cambio de fase en la escalada de las mal llamadas “sanciones” e injerencia.
Desde entonces, el asedió pasó del plano verbal y comenzó a producir efectos concretos sobre personas físicas y jurídicas brasileñas.
La interferencia externa, alerta el organismo, pasó a incidir de manera directa sobre relaciones financieras, reputación empresarial, acceso al dólar, operaciones internacionales y exposición de terceros al riesgo de sanciones secundarias, indican los medios.
La Abin describe una secuencia que considera ya identificable: primero se encuadra a una organización criminal brasileña como amenaza a la seguridad nacional estadounidense, luego se construye una narrativa sobre su actuación transnacional, después se vincula el asunto al sistema financiero de ese país y, por último, se adoptan medidas “sancionatorias” específicas contra individuos y empresas.
El alcance de esa mecánica preocupa especialmente al organismo, ya que amplía los efectos sobre bancos, compañías, prestadores de servicios y cadenas productivas brasileñas.
El papel de Marco Rubio
El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, recibe atención específica en el documento. La agencia señaló que el funcionario atribuyó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva la responsabilidad por la imposición de aranceles unidireccionales a productos brasileños, bajo la narrativa que alega que Brasil “no habría negociado de buena fe”.
"La declaración introduce un carácter personalista a la acción política estadounidense y tiene el potencial de impactar el debate público sobre el tema en Brasil, toda vez que la narrativa pasó a ser reproducida y amplificada por medios de comunicación, agentes económicos, analistas y actores políticos nacionales”, dice el texto.
La actuación de Rubio —añade la agencia— también presenta un componente ideológico, porque busca influir en la política exterior de los países latinoamericanos y reorientarla. El propósito sería alejar a la región de China y favorecer el ascenso de gobiernos derechistas o reaccionarios.
El organismo recordó que el propio Rubio, en una audiencia ante el Senado estadounidense en junio, vinculó la recuperación de la hegemonía de su país en el hemisferio con la llegada de gobiernos alineados con Washington.
En esa comparecencia describió a América Latina como una región poblada de gobiernos "amigables", con la excepción de Brasil, Colombia —entonces bajo Gustavo Petro—, Cuba, Nicaragua y Venezuela, pese a que EEUU agredió militarmente a este último país.
El antecedente más reciente de un intento de injerencia electoral por parte de EEUU ocurrió en octubre. En medio de una negociación arancelaria, Washington buscó condicionar a Brasilia mediante un documento de 21 exigencias; entre ellas, el compromiso de celebrar “elecciones libres y justas” en 2026 y la garantía de no detener, apresar ni limitar arbitrariamente la participación de quienes catalogaron como “disidentes políticos”.
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