Las sequías se agravan en ambos países debido a las altas temperaturas y la falta de precipitaciones, afectando a millones de personas, la agricultura y los ecosistemas. Francia mantiene restricciones en gran parte de su territorio, mientras Inglaterra registra condiciones de sequía en más de 70% de su superficie.
Francia y Reino Unido enfrentan una severa escasez de agua después de meses marcados por temperaturas récord y precipitaciones por debajo de lo habitual, una situación que ha obligado a las autoridades a limitar el uso del recurso y ha incrementado la presión sobre la agricultura y los ecosistemas.
En suelo francés, casi el 70% del territorio metropolitano se encuentra bajo algún nivel de restricciones, mientras que en 67 de los 101 departamentos se decretó el nivel máximo de alerta.
En estas zonas, el agua queda reservada para actividades prioritarias como el suministro potable, la atención sanitaria, la protección civil y el saneamiento.
Las medidas también limitan actividades como el riego de jardines y espacios verdes, el llenado de piscinas, el lavado de vehículos y el riego de cultivos, dependiendo del nivel de alerta establecido en cada territorio. París se encuentra entre las zonas sujetas a las restricciones.
La situación de los recursos hídricos también se refleja en las reservas subterráneas.
Dos tercios de los acuíferos que abastecen de agua potable a Francia se encuentran por debajo de sus niveles habituales, debido al déficit de precipitaciones registrado en julio y al aumento de la demanda, particularmente en sectores como la agricultura y el turismo.Julio de ese año fue el mes más caluroso registrado en Francia y también uno de los más secos.
Según Météo-France, las precipitaciones tuvieron un déficit cercano a 70% en el conjunto del país, mientras las sucesivas olas de calor contribuyeron a agravar la sequía y los incendios forestales.
En Inglaterra, 71,3% del territorio se encuentra en situación de sequía, una proporción que aumentó desde finales de julio. Las condiciones afectan a unos 45 millones de personas, de las cuales 27 millones están sujetas a restricciones en el uso del agua, mientras los niveles de ríos, embalses y aguas subterráneas continúan disminuyendo.
La escasez también genera consecuencias para el sector agrícola y la fauna británica. El Gobierno anunció apoyo para que los agricultores puedan construir embalses de riego, mientras las altas temperaturas incrementan el riesgo de incendios y afectan a aves reproductoras, anfibios y poblaciones de peces de agua dulce.
La crisis hídrica ocurre en medio de la quinta ola de calor del año en Gran Bretaña. Inglaterra y Gales registraron provisionalmente su julio más seco en 190 años, y el sureste de Inglaterra recibió apenas 1% de las precipitaciones promedio previstas. Las autoridades británicas estiman además que 2.877 personas han muerto este año por causas relacionadas con el calor.
SPUTNIN