"Con Donald Trump el fascismo se hizo con el poder de la Casa Blanca. Juró sin poner su mano sobre la Biblia: cree haber sido electo por Dios para inaugurar la ‘Edad de oro de América’, la tierra prometida de puritanos y sionistas. Trump está más cerca de Hitler que de James Polk, Richard Nixon, Ronald Reagan o George W. Bush. No puede considerarse como parte del establishment de Estados Unidos ni de la tradición política del Partido Republicano".
Con este retrato brillante e incisivo, el historiador cubano Ernesto Limia, comenzó su diálogo con El Destape. El propósito de la entrevista fue desmenuzar y comprender los objetivos, las estrategias y el alcance de la política de Trump, un presidente disruptivo, que gobierna la potencia militar más poderosa del mundo, en momentos de transformaciones sistémicas sin precedentes.
Limia es historiador, ensayista y autor de numerosos libros. Es licenciado en Derecho y Especialista en Análisis de Información, con diplomados en Migraciones, Economía Política y Gestión de Negocios. Desde 2021 escribe, conduce y dirige el espacio televisivo cubano MARCAS.
-¿Cómo llega a la Casa Blanca alguien que ningunea al establishment político tradicional?
Hasta el 16 de junio de 2015 Donald Trump era sólo un multimillonario que había ganado celebridad con sus edificios en Manhattan; hoteles y campos de golf en todo el mundo, y como conductor por catorce temporadas de un reality show.
Encarnaba el símbolo del magnate arrogante, sin escrúpulos. Cuando decide involucrarse en política es un momento en que la clase trabajadora anglosajona, con su fe en el excepcionalismo estadounidense, estaba en pánico. Como consecuencia del orden neoliberal la pobreza alcanza a 41 millones de personas. Dos o tres trabajos no alcanzan para vivir.
Las viviendas son inadecuadas; el sistema educativo fallido; la atención médica mala. Al mismo tiempo aumenta el número de los "sin techo": la miseria y las drogas deambulan por las calles…
- Y Trump sabe cómo usar ese pánico.
Sí. Dice que el “sueño americano está muerto” y que él lo va a reconstruir. Su retórica refuerza la fe en el excepcionalismo de los supremacistas blancos y gran parte de la clase trabajadora anglosajona. Trump supo sembrar la percepción de que los intereses de los trabajadores son nacionales y no de clase. Es decir que tienen más en común con la élite del 1% que se beneficia de su trabajo (porque también son “estadounidenses”), que con los trabajadores de otras partes del mundo. Lejos de culpar al orden neoliberal por la precarización de su modo de vida, los trabajadores ven como responsables a los emigrantes. Trump reforzó esa matriz de opinión con mecanismos de control y manipulación ideológica que promueven el odio, el miedo y la violencia.
- Es un embaucador
Hubo sectores afectados por la crisis global de 2008 que sabían que era un fanfarrón y un embustero, pero les prometió hacerlos ganar dinero, y le creyeron…. A las trasnacionales les ofreció un marco regulatorio "hospitalario" para que regresaran las fábricas a EEUU. Les dio dos concesiones de un alcance insospechado: retirarse del Acuerdo de París sobre cambio climático y una reforma fiscal más profunda que la de los años 90. Todo lo emprendió con la venia del Congreso.

- Y en este segundo mandato
La estrategia fue crear la percepción de una "victoria inevitable". Si no ganaba era porque le habían robado las elecciones. Sentó así las bases de una crisis política. La autoproclamada meca de la "democracia" devino bomba de tiempo conectada a un reloj de arena.
- Y así es como el fascismo tomó la Casa Blanca
Trump no respeta ni a los aliados ni a los súbditos. No necesita congraciarse con nadie, se siente un líder excepcional. Las clases medias anglosajonas lo retornaron al Despacho Oval. No fueron las élites millonarias ni el establishment tradicional del Partido Republicano que, de hecho, le dio la espalda a raíz del asalto al Capitolio en enero de 2021. Una vez en la Casa Blanca, no solo cargó contra la izquierda y exacerbó su retórica anticomunista sino que se puso como meta depurar de adversarios políticos los centros claves de la política.
- Las purgas y los juicios son parte de la actual política interna de Trump. Está usando la Justicia como arma contra sus opositores: contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y contra el gobernador de Minnesota, Tim Walz, porque se opone a la represión contra los inmigrantes en su Estado, acción que provocó el asesinato de Renee Good a manos de un agente del ICE

Sí, ha purgado el Pentágono, el FBI, la CIA, el Departamento de Estado y el de Justicia. Para regir a su antojo, echó a un lado a los neoconservadores y se rodeó de un segmento fascista encabezado por Peter Hegseth en el Departamento de Guerra y Marco Rubio en el Departamento de Estado. Ambos, desde el primer día, participaron de la nueva máxima imperial: imponer la paz mediante la fuerza. Trump llego a acusar de socialista al Partido Demócrata. Resulta patético observar cómo el Congreso marcha a la zaga de este nuevo “emperador” (que se rige de acuerdo con los dictados de su retorcida moralidad), legitimando sus decisiones inconsultas.
- En América latina no sólo ha amenazado a Cuba, Colombia, México, Groenlandia, Canadá, sino que ha ordenado un ataque terrorista contra Venezuela
A diferencia de sus predecesores, Trump no considera a América Latina su traspatio, sino parte intrínseca de sus predios, el reservorio de sus consorcios y del Comando Sur. El “corolario Trump” de la Doctrina Monroe, le sirve de fundamento doctrinario a la filosofía del despojo. Es un muestrario más del injerencismo yanqui. Trump ha sido franco y en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 les recuerda a sus aliados, rivales y enemigos la determinación de usar todo el poder letal estadunidense. Fíjese que no ha dejado de reforzar la disposición militar del Pentágono en Medio Oriente, el Indo Pacífico y Latinoamérica.

En cuanto a Venezuela, Trump tiene dos intenciones: 1) Abaratar la energía de modo que propicie el regreso de la planta industrial estadounidense al territorio, promesa de campaña que necesita cumplir frente a sus bases electorales cuando se acercan las elecciones legislativas de noviembre 2026. 2) Preservar a EEUU como la mayor potencia económica del mundo, en un instante en que los números y los acontecimientos apuntan a que China lo va a desplazar.
Trump ya privó a China del petróleo venezolano y ahora se propone privarlo del iraní, su cuarto suministrador de crudo. Un conflicto en Medio Oriente deriva en un alza internacional de los precios del petróleo, pero EEUU estaría en ventaja absoluta porque incautó para sí toda la producción venezolana, que paga a precio de ganga.
- Las amenazas contra Groenlandia escalan cada día más. ¿Puede terminar con una ruptura con Europa y una crisis interna de la OTAN?
Trump reclama la incorporación de Canadá ―cuyo jefe de Estado es el rey de Gran Bretaña― y Groenlandia, colonia danesa a territorio de EEUU. Ambas naciones son miembros de la OTAN. No es que quiera romper con Europa. Sabe de la subordinación financiera, militar y política europea a los intereses de EEUU, articulada estructuralalmente por el Plan Marshall y la creación de la OTAN.
Él quiere remarcar que se trata de una relación de vasallaje y que todo el que se oponga a uno solo de sus designios tendrá que afrontar las consecuencias de su ira.
- ¿Hasta el punto de usar la fuerza militar?
No lo descarta, pero todavía no quiere recurrir a ese método extremo porque, aunque echó abajo el andamiaje del orden multilateral que primó en los últimos 80 años al tildar de “ridícula e inservible” a la ONU ―cuya creación lideró el propio EEUU―, sabe que una acción bélica en Groenlandia haría trizas su alianza con la Unión Europea.
En este momento Trump necesita a los europeos para encarar un eventual conflicto tanto con China y Rusia como, eventualmente con los ocho países árticos (siete integran la OTAN). Trump quiere moldear un nuevo sistema global, pero el tiempo no corre a su favor. Pronto habrá elecciones y él tiene que actuar contrarreloj.
Telma Luzzani
EL DESTAPE