Telma Luzzani
05 Apr
05Apr

El nivel de megalomanía del discurso del Presidente estadounidense fue tan alto que parece estar desorientado, desesperado por la caída vertiginosa de su popularidad. El plazo extendido de su tregua unilateral con Irán vence el lunes y aún no hay ni una negociación directa ni un horizonte claro de resolución de la guerra.

Termina hoy una pésima semana para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en relación a la guerra que emprendió junto a Israel contra Irán. Una señal de alarma fue la destitución de altos cargos del Ejército horas después de que el mandatario asegurara, en un discurso a la nación, que prácticamente Irán estaba derrotado.

El jueves pasado, sin mayores explicaciones, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, hizo renunciar “con efecto inmediato” al jefe del Estado Mayor, Randy George. La medida -que sin duda apunta a una reorganización militar en plena guerra- sorprendió a todos. También fueron destituidos otros dos generales: el jefe de los capellanes y el jefe del Comando de Transformación y Entrenamiento del Ejército.

Horas antes, el miércoles 1º de abril, Trump había usado el horario de mayor audiencia para cantar victoria sobre la República Islámica y anunciarle a la nación estadounidense el cercano fin de la guerra. Repitió sus conocidos anuncios triunfales (apuntando a su electorado) y las consabidas amenazas para el gobierno iraní. 
Nada nuevo, salvo que el nivel de megalomanía de su discurso fue tan alto que quedaron en evidencia dos hechos: uno, que Trump no sabe cómo salir del pantano de la guerra y dos, que está desesperado por la caída vertiginosa de su popularidad a siete meses de las elecciones legislativas del 3 de noviembre cuando (muy probablemente) podría perder la mayoría en la Cámara de Representantes. Este organismo se renueva en su totalidad, mientras que el Senado, cambia sólo un tercio.

El resultado del discurso presidencial fue patético. Según la agencia Bloomberg, la falta de un anuncio preciso sobre la cronología del fin de la guerra y la “postura cada vez más defensiva del presidente” provocaron una nueva subida del petróleo y caída de las bolsas.
Para colmo, minutos después de que el mandatario norteamericano asegurara que el Pentágono había “reducido drásticamente la capacidad misilística de Irán”, proyectiles iraníes impactaron en el puerto de Haifa poniendo en evidencia que o Trump no está bien informado o miente.

En su estrategia de “defensa ofensiva”, Teherán ha ido gradualmente elevando el nivel de combate. 

Según un balance realizado por Reuters el 28 de marzo, a un mes de las hostilidades, “la resistencia del gobierno y la capacidad de las fuerzas armadas iraníes de mantener un ritmo constante de respuestas militares contra bases e intereses estadounidenses en la región, así como objetivos en territorio israelí” ha provocado que tanto EEUU como Israel “adoptaran una postura reactiva en lugar de proactiva, evidenciando contradicciones en sus objetivos y dificultades por parte de la administración Trump para justificar las agresiones contra Teherán desde el inicio del conflicto”.

Destrucción de puntos vitales en Irán

No debe minimizarse el nivel de bajas y de destrucción que está afectado a la República Islámica. Ayer sábado un misil estadounidense impactó cerca de la central nuclear de Bushehr. Murió un hombre del equipo de protección del edificio. 
Rusia anunció que ya empezó a evacuar a 198 empleados de la agencia nuclear Rosatom que están trabajando en esa central iraní. 

El argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica, expresó su “profunda preocupación” por el riesgo que significan estos ataques.

Durante esta semana, EEUU e Israel bombardearon también objetivos civiles: barrios céntricos de Teherán, universidades, laboratorios farmacéuticos, hospitales y organismos como el Instituto Pasteur, una joya científica de la investigación médica iraní. Hubo decenas de muertos y cientos de heridos.

Otro ataque muy sensible fue a un importante puente de una autopista iraní que conecta la ciudad de Karaj con la capital. 

En su red Truth Social, Trump subió videos del bombardeo contra lo que describió como “el puente más grande de Irán” y advirtió que “esto es sólo el principio” si Irán no acepta poner fin al conflicto “antes de que sea demasiado tarde”.

Las conversaciones de paz están en un punto muerto. Tanto los ataques contra civiles como la parálisis de las negociaciones de paz siguen aumentando el rechazo a la guerra y la oposición contra la Casa Blanca, en la población norteamericana.

Además de las multitudinarias marchas de la semana pasada contra Trump, el jueves 2 de abril, en el sitio Just Security, más de 100 expertos de las universidades de Harvard, Yale, Stanford y California publicaron una carta advirtiendo que los ataques estadounidenses podrían constituir crímenes de guerra; violaciones al derecho internacional y humanitario. La carta denuncia que además de la pérdida de vidas humanas, la guerra provoca graves daños ambientales y económicos y citan a la Media Luna Roja según la cual EEUU e Israel han atacado 67.414 sitios civiles; 498 escuelas y 236 centros de salud iraníes.

Irán mete cizaña entre Macron y Trump

Por su parte Irán también infringió importantes pérdidas a sus enemigos. En lo que consideraron “una hazaña histórica en la batalla inmortal”, las fuerzas armadas iraníes derribaron el viernes pasado un avión de combate A-10 Thunderbolt II; un caza F-15 y al menos 2 helicópteros estadounidenses que buscaban rescatar a los pilotos de éste último avión.

Ambos se eyectaron antes de que la nave se estrellara. Uno de ellos fue rescatado. El otro piloto está desaparecido en territorio iraní. Teherán ofreció una recompensa a quienes dieran información fehaciente para encontrarlo.

Uno de los principales objetivos de Trump es recuperar el control del estrecho de Hormuz y sacarle ese poder a Teherán. Sus aliados de la OTAN le han dado vuelta la cara cada vez que el norteamericano los ha arengado, por las buenas y por las malas, para que lo acompañen en esa cruzada. 
En una jugada estratégica de peso, esta semana, Irán aprovechó las grietas entre Bruselas y Washington para meter cizaña entre el presidente Emmanuel Macron y su par estadounidense usando la ficha del estrecho de Hormuz.

El viernes, por primera vez desde que se inició la guerra, un buque francés fue autorizado por Irán a pasar por el estrecho. Con la misma lógica que usa Washington de sancionar a quienes considera una amenaza u hostiles a sus políticas, Teherán prohíbe, desde el inicio de la guerra, el paso de las naves estadounidenses, israelíes y europeas por Hormuz. Exige además un pago que debe ser hecho en cualquier moneda menos en euros o dólares (preferentemente en yuanes) ¿En que habrá pagado Francia?

La autorización iraní se produjo luego de que Francia, junto con China y Rusia, frenara en el Consejo de Seguridad, una iniciativa de los países del Golfo (pergeñada por EEUU) para que la ONU autorizara a usar la fuerza militar en el Estrecho de Hormuz. De los cinco países del Consejo de Seguridad, sólo Reino Unido y EEUU, lo avalaban.

El permiso de Irán para que pase un barco francés no sólo es un premio para el Eliseo sino una bomba que debilita tanto a la Unión Europea como a Trump.Otro punto importante para el éxito de la guerra asimétrica que está encarando Irán es la creciente coordinación entre distintas fuerzas irregulares que combaten contra Israel y EEUU y a favor de los palestinos e iraníes, desde distintos países de Oriente Medio.

Las principales son la Resistencia Islámica Iraquí (una coalición que ha lanzado drones y misiles a las bases del Pentágono en Iraq); el brazo armado del Partido Hezbola (que ataca a Israel desde el Líbano); los hutíes en Yemen (que han bombardeado objetivos marítimos en el Mar Rojo y territoriales en Israel) y Kataib Yund al-Karar, un grupo recientemente formado en Siria, que atacó el jueves pasado la base estadunidense Al Yafaf H5 en Jordania.


Telma Luzzani

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