Mientras las poderosas iglesias evangélicas estadounidenses exigen a sus fieles un apoyo eufórico e incondicional a Israel, los cristianos de Tierra Santa y de toda Asia Occidental son sistemáticamente hostigados, atacados y masacrados por el régimen israelí.
Por Alberto García Watson
Hay una contradicción perversa en predicadores que invocan a Jesucristo para santificar a las fuerzas armadas de un Estado que profana iglesias, masacra fieles y tolera la violencia impune contra quienes preservan la presencia cristiana en la tierra donde realmente nació el cristianismo.
El negocio del Armagedón y la complicidad evangélica
El sionismo cristiano estadounidense ha transformado una interpretación fanática del Apocalipsis en una maquinaria política y financiera multimillonaria. Para organizaciones como Christians United for Israel, liderada por el pastor John Hagee, la consolidación territorial del régimen israelí no es una cuestión de justicia o derecho internacional, sino el combustible necesario para provocar el Armagedón.
Un entramado financiero que mueve miles de millones de dólares anuales promueve la subordinación incondicional a Tel Aviv, exigiendo a millones de creyentes que estén dispuestos a sacrificar sus vidas y sus recursos por un Estado extranjero.
En esta ecuación ideológica, el destino de los cristianos locales de Palestina, Líbano y Siria resulta irrelevante: para la industria del sionismo evangélico, la destrucción de las comunidades cristianas históricas es apenas un daño colateral aceptable en su agenda apocalíptica.
Violencia, profanación y la falsa narrativa del "único refugio"
Benyamin Netanyahu vende al mundo la falacia de que Israel es el "único refugio seguro" para el cristianismo en Asia Occidental. La realidad sobre el terreno desmiente categóricamente esta propaganda. Las autoridades israelíes no solo consienten el acoso constante contra la presencia cristiana, sino que forman parte activa de su asfixia.
Sacerdotes, monjas y peregrinos sufren a diario agresiones físicas, insultos y escupitajos sistemáticos por parte de sectores extremistas en las calles de Jerusalén, ante la complicidad y la pasividad deliberada de las fuerzas de seguridad e instituciones de Israel.
Durante las festividades religiosas, las restricciones militares bloquean el acceso de los fieles a la Iglesia del Santo Sepulcro, sofocando la libertad de culto bajo pretextos de seguridad.
En la Palestina ocupada, el hostigamiento contra las comunidades cristianas es incansable: expropiación de tierras eclesiásticas, violencia impune de los colonos, restricciones severas de movilidad y la destrucción progresiva de su tejido social. Esta persecución no se detiene en las fronteras de Palestina:
Las raíces ideológicas del desprecio
La hostilidad hacia la presencia cristiana encuentra amparo y validación en corrientes de la literatura rabínica tradicional que el supremacismo religioso en Israel utiliza para justificar el desprecio hacia la figura de Cristo y sus seguidores.Textos del Talmud de Babilonia (como el tratado Gittin 57a) denigran explícitamente a Jesús, condenándolo metafóricamente a "hervir en excrementos en el infierno", al tiempo que en interpretaciones rabínicas se refieren a su madre, María, en términos abiertamente ofensivos como prostituta. Lejos de ser meras curiosidades de archivo, esta matriz ideológica alimenta el odio dogmático que hoy se traduce en pintadas ofensivas, escupitajos a clérigos y la vandalización impune de templos y cementerios cristianos en Jerusalén y los territorios ocupados.
¿A quién defienden realmente los sionistas cristianos?
Resulta intolerable que los predicadores que imponen lealtad ciega al régimen de Israel cierren los ojos cuando los herederos directos de las primeras comunidades cristianas son bombardeados, expulsados o humillados. ¿Dónde están las protestas de la derecha evangélica estadounidense cuando un tanque israelí destruye una iglesia de los primeros siglos del cristianismo o cuando un sacerdote es asesinado en el Líbano?
El cristianismo no nació en Washington ni en los platós de televisión de los telepredicadores tejanos; nació en Asia Occidental. Exigir la protección y la pervivencia de los cristianos de Tierra Santa implica denunciar directamente las políticas de ocupación, limpiezas étnicas y violencia de Estado ejecutadas por el régimen de Israel.
Quien utiliza el nombre de Dios para justificar el arrasamiento de las comunidades donde caminó Jesús no defiende la fe: defiende una maquinaria imperialista y un negocio sangriento que utiliza la religión como escudo geopolítico.
HISPANTV