01 Aug
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El mismo día en que el Gobierno interino de Venezuela celebraba el natalicio de Hugo Chávez, hizo público su disgusto con el régimen de Irán.

El 28 de julio de este 2026 tuvo una connotación especial en Venezuela. Símbolo de los nuevos tiempos que vive lo que Fernando Mires ha llamado el "tercer chavismo".

 El mismo día que el Gobierno de los hermanos Rodríguez celebraba el natalicio de Hugo Chávez, en simultáneo cruzaba una suerte de Rubicón, al hacer público su disgusto con el régimen de Irán, en una nueva dinámica que alinea aún más a Caracas con la agenda de Washington.

El día que Chávez habría cumplido 72 años, el Gobierno interino de Delcy Rodríguez convocó al embajador de Irán en Caracas, Ali Chegini, para entregarle una nota de protesta formal. 

El motivo: las "expresiones despectivas e impropias" del canciller iraní Abbas Araghchi sobre las instituciones y autoridades venezolanas. Las redes venezolanas explotaron. Y no era para menos. Lo inédito de esta respuesta diplomática en un cuarto de siglo llevó a analistas a sostener que se veía con claridad, en política exterior, el reordenamiento que se vive en Caracas tras la caída de Nicolás Maduro.

En una entrevista reciente, Araghchi había declarado, en el contexto de las tensiones entre Teherán y Washington: "Esto no es Venezuela, donde toman a una persona y todas las demás se asustan y retroceden". La frase, interpretada como una alusión directa a la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 por fuerzas estadounidenses, generó una reacción inusual que se inscribe en la nueva dinámica.

 Desde Caracas, una semana después de que el secretario de Estado Marco Rubio anunciara que Washington va a desmantelar a la Corte Penal Internacional, el régimen que encabeza Delcy Rodríguez se apresuró en ser el primer país en anunciar su retiro formal de dicha instancia.

A Teherán, la Cancillería venezolana le exigió "el cese de toda alusión o comparación que menoscabe la dignidad, la soberanía, la institucionalidad o el buen nombre" de Venezuela y reafirmó que las relaciones entre estados deben regirse por el "respeto recíproco, la igualdad soberana, la no injerencia en los asuntos internos y los demás principios del Derecho internacional".

La Embajada de Irán respondió que las palabras de Araghchi fueron sacadas de contexto y reiteró el respeto mutuo, sin emitir juicios negativos. Sin embargo, el gesto de Caracas marcó un punto de inflexión.

Durante más de dos décadas, desde el Gobierno de Hugo Chávez y durante los años de Maduro en el poder, Venezuela e Irán forjaron una alianza estratégica cimentada en la oposición compartida a EEUU. 

Cooperaron en energía, minería, salud y defensa; Teherán envió combustible y apoyo técnico bajo sanciones.
Esa relación, de prácticamente un cuarto de siglo, se resquebraja ahora bajo el Gobierno interino. 

Analistas coinciden en que el impasse revela el rápido enfriamiento de los lazos históricos y la alineación de Caracas con la Administración Trump.

Otra demostración de la distancia actual que Caracas pone de Teherán se evidenció en la reunión que sostuvo Delcy Rodríguez con una misión israelí enviada a Venezuela a propósito de los terremotos de junio. 

Fue la primera vez en el siglo XXI que un jefe de Estado venezolano atendió a una delegación de Israel, tras 17 años sin relaciones formales. Rodríguez agradeció el apoyo técnico en evaluación de daños y planes de reconstrucción, un gesto que consolida el giro pragmático hacia Occidente y aleja al Gobierno interino de sus antiguos aliados antiisraelíes.

Desde la caída de Maduro, el Ejecutivo ha restaurado plenamente las relaciones diplomáticas con EEUU —rotas desde 2019—, abierto el sector petrolero y minero a inversores estadounidenses y avanzado en una alineación pragmática con Occidente, alejándose de antiguos socios antioccidentales como Irán, Rusia y China.

Un ejemplo elocuente de esa tutela se produjo en mayo de 2026. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció antes que Caracas que Delcy Rodríguez viajaría a la India para negociar la venta de petróleo. El anuncio, inusual por provenir de un funcionario extranjero, ilustró cómo Washington anticipa movimientos de la diplomacia venezolana.

Este giro no es solo retórico. El "tercer chavismo", encabezado por los hermanos Rodríguez —Delcy en la Presidencia interina y Jorge en la Asamblea Nacional—, se caracteriza por un pragmatismo que prioriza la supervivencia política y económica sobre la ideología. 

La designación, el 13 de julio de 2026, de Félix Plasencia como nuevo canciller lo confirma. Plasencia, internacionalista de confianza de Delcy Rodríguez y hasta entonces encargado de negocios en EEUU, reemplazó a Yván Gil, un antiguo aliado de Cuba.

Plasencia, quien ya había ocupado la Cancillería entre 2021 y 2022 y fue embajador en China, Colombia y Reino Unido, representa el perfil conciliador y comercial que el nuevo gobierno busca proyectar. Su llegada desde Washington simboliza la consolidación del eje Caracas-Washington. Analistas señalan que esta reestructuración alinea la diplomacia con objetivos económicos urgentes: atraer inversión, gestionar la emergencia tras los terremotos del 24 de junio de 2026 y estabilizar el país bajo supervisión estadounidense.

Irán no solo ha perdido a Venezuela como aliado, en este 2026 también Bolivia, en medio de la transición post "evismo" (los años de gobierno de Evo Morales y Luis Arce), el Gobierno de Rodrigo Paz ha puesto distancia con Teherán al anunciar el cierre de su embajada en la capital iraní. El canciller Fernando Aramayo confirmó que las relaciones se atienden desde Turquía con un encargado de negocios, tras cancelar un acuerdo militar de 2023. Este giro consolida el alejamiento boliviano de aliados antioccidentales y el realineamiento hacia Washington, tal como lleva adelante Caracas.

En el caso de Venezuela, observadores políticos consideran que este rediseño de la política exterior responde a una lógica de supervivencia. Tras la caída de Maduro, el Gobierno interino enfrenta una triple crisis: legitimidad cuestionada, devastación por los sismos de junio (con miles de muertos y damnificados) y la necesidad de reconstruir la economía bajo la tutela de Washington. 

El alejamiento de Teherán no es un capricho: forma parte de las exigencias implícitas de EEUU. Rubio y Trump han elogiado reiteradamente a Delcy Rodríguez por su "cooperación", mientras supervisan ingresos petroleros y reformas legislativas que abren el sector energético a empresas estadounidenses.

El tercer chavismo que encabezan los hermanos Rodríguez no se define por el antiimperialismo retórico de Chávez o Maduro sino por el cálculo de poder. Los hermanos Rodríguez han demostrado capacidad de adaptación: mantuvieron el control del aparato estatal y militar dentro de Venezuela a cambio de ceder espacios a Washington. La nota de protesta a Irán, precedida de la designación de Plasencia, configura un nuevo mapa en política exterior.


Por Salvador Bracho

Diario de Cuba