La Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica lo deja escrito sin vuelta: aquel 12 de octubre no hubo descubrimiento. Hubo invasión, saqueo y despojo.
Hace 534 años, el 12 de octubre de 1492, una flota europea tocó una isla que ya tenía nombre. Los lucayos la llamaban Guanahaní. Cristóbal Colón la rebautizó San Salvador y anotó que había descubierto un mundo. Descubrir supone un vacío. No lo había. Había gente, lengua, cultivo, ruta y dios. Lo que empezó ese día, dicen los pueblos originarios, fue una invasión, un saqueo, una colonización forzada.
Lo dice la la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), que articula a más de 500 pueblos de los nueve países de la cuenca. En su página sobre esta fecha no hay eufemismo: no hay nada que celebrar en la colonización. Sí en la resistencia que, más de cinco siglos después, sigue siendo el modo de existir.

En 1992, al cumplirse cinco siglos, la calle contestó el festejo con una consigna: 500 años de resistencia. No era un lema de oficina. Era la memoria de quien nunca firmó la llegada.Después, algunos Estados empezaron a escuchar, tarde y a medias.Costa Rica, en 1994, lo llamó Día de las Culturas.
Venezuela, el 10 de octubre de 2002, por decreto de Hugo Chávez, dejó el Día de la Raza y puso Día de la Resistencia Indígena.
Nicaragua, en 2007, amplió el nombre: Día de la Resistencia Indígena, Negra y Popular, para que la memoria afrodescendiente entrara en la misma frase.
Perú habló de pueblos originarios y diálogo intercultural.
Bolivia, en 2011, lo nombró Día de la Descolonización. Ecuador, interculturalidad y plurinacionalidad.
México, en 2020, Día de la Nación Pluricultural. Colombia, en 2023, Día de la Diversidad Étnica y Cultural.No son el mismo gesto. “Encuentro de dos mundos”, como sigue diciendo
Chile, todavía suena a que las dos orillas llegaron iguales a la playa. Unos venían de lejos, con bandera y con hambre de oro. Otros estaban en su casa.La Coica elige la palabra más clara: resistencia. Defender el territorio, la lengua, la forma de vivir. No como pieza de museo. Como trabajo de este lunes.
Alguien quiere devolver el nombre viejo

Este 12 de octubre de 2026, el gobierno de Argentina vuelve a escribir “Día de la Raza” en el calendario oficial de feriados y en sus mensajes públicos. Lo viene haciendo desde 2024.
La ley no acompañó ese retroceso: la Ley 27 mil 399 sigue llamando a la fecha Día del Respeto a la Diversidad Cultural, el nombre que en 2010 reemplazó a la conquista como motivo de festejo.Dos nombres dentro del mismo Estado. Uno presenta a Colón como el inicio de la civilización en el continente.
El otro, el que quedó escrito en la ley y el que sostienen los pueblos, dice que antes ya había civilización, y que lo que siguió fue despojo.Nombrar el día desde el barco o desde la isla no es un detalle de redacción. Es decidir de qué lado se cuenta la historia.
La Coica lo recuerda cada vez que llega esta fecha: la amenaza no se quedó en el siglo XVI.Minería, tala ilegal, agronegocio, megaproyectos. El bosque se abre para que alguien se enriquezca a costa de la vida. En la cuenca hay pueblos que pelean, en castellano y en su propia lengua, el título de la tierra, y pueblos que eligieron no ser contactados.
La organización habla también por unos 66 pueblos en aislamiento voluntario o contacto inicial: comunidades a las que “descubrir” puede costar la vida.Por eso el 12 de octubre, dicho desde ellos, no es una ofrenda al navegante. Es un día para exigir reparación. Tierra.
Voz en las leyes que deciden el agua, el alimento y el bosque. Los saberes de quien sembró sin agotar el suelo no son folklore: son una forma de seguir vivos en un planeta que se calienta. La Coica lo dice así: sin esa voz, cualquier plan para cuidar la Tierra queda a medias.
Muchos Estados se fundaron sobre tierra tomada. La deuda no se salda con un adjetivo nuevo en el calendario. Se salda cuando la decisión sobre el territorio la toman también quienes lo habitan desde antes del mapa.Así queda el día, si se lo mira desde los pueblos. Hubo una casa con gente adentro. Hay lenguas que no se rindieron. Hay más de cinco siglos de resistencia, y un nombre para hoy: el que ellos eligieron.
AlMayadeen