Pilar Cortés
29 Aug
29Aug

Paula Acunzo es una reconocida fotoperiodista que ha vivido en carne propia la realidad del pueblo congoleño. En esta entrevista nos relata su experiencia. 

La República Democrática del Congo es de los territorios históricamente más codiciados por parte de principales potencias económicas y armamentísticas que son, según Paula,  Estados Unidos y Francia: incluso durante el siglo XIX fue propiedad exclusiva del rey Leopoldo II de Bélgica, quien ordenaba aplicar castigos físicos y torturas hacia los congoleños que no cumplieran con los objetivos de producción requeridos por el régimen.[1] 

Tras lograr la independencia en 1960, su principal líder de emancipación anticolonialista y antiimperialista, Patrice Lumumba, fue perseguido, torturado y asesinado en 1961 bajo las indicaciones de Bélgica y Estados Unidos: su cuerpo fue despedazado y sumergido en ácido para borrar todo rastro físico. Sin embargo, su huella sigue presente en todo el mundo.[2] 

Actualmente, y a pesar de que la RDC posee un modelo aparentemente democrático, los conflictos armados financiados desde el exterior para el control de minerales estratégicos no cesan.

 El genocidio hacia civiles y el terror son moneda corriente para los congoleños, quienes ven convertida su mayor riqueza en su mayor condena. Entrevistamos a Paula Acunzo, periodista, fotoperiodista y corresponsal. Desarrolló su trabajo de campo enfocándose en los derechos humanos, los derechos de las mujeres y los vínculos en contextos conflictivos. 

Su práctica cruza imagen, ética y relato en primera persona, priorizando el proceso, la cercanía y la construcción de memoria colectiva por fuera de la lógica mediática y espectacular. Desarrolló su trabajo en países como Colombia, RDC, Sudán del Sur, Ruanda, Vietnam, Camboya, entre otros. Pueden ver su trabajo en la página web https://acunzofotografia.com.ar/ y en Instagram @pauacunzo. 

-¿Qué fue lo que me impulsó a realizar la cobertura en la zona República Democrática del Congo?  

‘’Creo que es una zona que no está totalmente expuesta, fotografiada o narrada. Hay un conflicto muy grande que está siempre fuera de la agenda de los medios hegemónicos, es decir, cuentan muy por arriba siempre que hay crisis humanitaria o que el M23, que es un grupo rebelde que ha cooptado gran parte del país, está en la zona, pero nunca terminan de explicar el conflicto o qué hay además de eso. 

Básicamente es como que se representa un país vacío que está lleno de grupos rebeldes y que no se entiende qué pasa ahí.Entonces fui para tratar de entender qué era lo que pasaba más allá de lo que pudiera leer, para de alguna manera conectar, escuchar y entender a la gente que vive en ese país en primera persona. 

Creo que poniendo el cuerpo es donde realmente entendés a un otro, compartiendo sus actividades, su vida diaria, su realidad, sus peligros, sus alegrías, realmente podés entender al otro de alguna manera y fotografiarlo con total respeto y dignidad y con una profundidad que de alguna manera uno trata de que, si bien uno no puede cambiar la realidad de lo que se vive, sí puede llevar esas voces a otras partes del mundo o a otras personas para que no sean olvidadas’’. 

-¿Cómo percibiste/cómo te relataron la vida cotidiana del pueblo congoleño? ‘’Primero entré a un centro de acogida y ahí fui muy bien recibida por los niños principalmente, por las personas que estaban ahí. Había una hermana franciscana que llevaba adelante ese lugar, con la que tuve muy buen vínculo, de hecho hasta hoy, que fue trasladada a España, nos seguimos escribiendo bastantes mensajes, por lo cual yo me sentí muy tranquila. 

Pero también, como cualquier persona, hay una reticencia o algo que no se entiende, ¿no? No es un país donde normalmente reciben a turistas o que puedan estar acostumbrados a ver cámaras, y menos una mujer blanca, siendo un país donde el feminismo y los derechos de las mujeres son prácticamente inexistentes.

Entonces fue también un proceso donde entramos en confianza, compartí la vida diaria de ellos haciendo las mismas mismas actividades: me levantaba a la misma hora, compartía los mismos peligros, si había que ir a misa iba a misa, y a veces tenía que estar 12 horas clavada porque no me podías ir: toda esa zona está llena de rebeldes y además, si no me mataba un rebelde, me mataba el ejército congoleño. 

A veces uno cree que porque vos sos blanco no tenés privilegios. A veces te hace que seas lejano, pero de alguna manera si le contás a la gente que también atravesás violencias y cuestiones que, si bien no son iguales (porque si uno vive en un lugar donde tiene calles, donde tiene servicios públicos y demás tiene cierto privilegio), siendo una mujer, que atraviesa violencia, que está en un ambiente masculinizado y que también sufre muchas experiencias, de alguna manera esto permite ser vista como una persona más con la que compartir sus experiencias.

Después en la zona rebelde me contaban cosas que eran terroríficas: desde mujeres que fueron golpeadas, violadas, torturadas, que le quemaban la casa y mataban a los hijos, a compartir cantos, que creo que tiene que ver con compartir la vida diaria de ellos y nunca ponerte en un lugar donde las personas son un objeto. 

Siempre la idea es vivir en la casa con ellos, no en un hotel, si hay que ir al baño en una letrina, si hay que bañarse con 2 cm. de agua, hay que respetar la cultura. Al fin y al cabo uno quiere hacer algo, pero está de visitante y nada de lo que hagas va a cambiar esa realidad, pero sí podés fotografiarlos (si lo hacés con respeto) y llevar esa realidad a otros lugares. Así que yo creo que de por sí me sentí siempre protegida, cuidada y bien recibida’’.

- ¿Qué tipo de obstáculos o desafíos atravesaste durante tu trabajo? ¿Recibiste amenazas?  

‘’Yo venía de cubrir refugiados de Sudán del Sur, porque hay un gran conflicto en la frontera con Uganda, y se me dio la posibilidad de ir a República Democrática del Congo, atravesando Ruanda en micro.Para que tengas una idea, no es un micro común, vos ya sabés que llegás. Tenés que atravesar todo Uganda, la frontera con Ruanda, todo Ruanda, la frontera de Ruanda con República Democrática del Congo y después donde yo ingresaba, que fue Goma. Goma es un distrito muy importante de República Democrática del Congo, que aún hoy está cooptado por el grupo rebelde M23.La primera cuestión a la que me enfrenté fue vinculada al idioma. 

Tomé cursos para aprender francés, pero toda mi vida hablé inglés. Y la realidad es que tampoco hablaban francés, hay una muy pequeña población que habla francés. Ese fue el primer obstáculo.Me subí a un micro, la vestimenta que tenía no era apropiada para atravesar Ruanda, porque en Uganda hacía mucho calor y la verdad es que no sé por qué motivo nunca busqué la información de que en Ruanda hacía mucho más frío. 

Me encontraba con pollera y ropas características, porque no se usaba jean, totalmente desabrigada, en un micro donde eran todas personas extrañas, no había casi ninguna mujer, sumado a que ahí adentro no hay servicios para ir al baño o comer.Y cuando llegué a la frontera de Ruanda me trataron muy mal, fue una frontera muy hostil. 

El  micro te deja en el medio de un bosque y tenés que cruzar solo sin que nadie te guíe. Yo no tenía ya conectividad porque el chip que había comprado no funcionaba en Ruanda. Me abrieron la valija  en medio de un bosque, hicimos filas en medio de la tierra con distintos soldados armados que van revisando. Yo tuve varios problemas y si bien siempre estoy acreditada, me revisaron fuertemente la valija, me tiraron la ropa, me amenazaron de muerte. Me sacaron, porque yo tenía ropa con ziploc y es ilegal en el país entrar las bolsas. 

Si bien fui acreditada como periodista y me insistieron varias veces para que cuente para qué medio trabajo, y la verdad es que hice un chiste de mal gusto, era bastante la violencia que ejercían conmigo, me decían insultos, me hicieron arrodillar y me ponían como el pene en la cara mientras estaba arrodillada buscando la ropa y toda la gente en el micro esperándome, insultándome y qué sé yo. Obviamente cuando ingresé a República Democrática del Congo me detuvieron; ingresar al país fue muy difícil. 

Tengo una amiga abogada que me ayudó y finalmente pude ingresar pero con una orden de que si yo fotografiaba y me veía el ejército congoleño, tenían orden prácticamente de fusilamiento, por lo cual eso me empujó a que estuviera muy poco tiempo en Goma, en un centro de acogida de niños que son abandonados y de mujeres que sufren violencia en zonas rebeldes donde de alguna manera no me persiguiera el M23 que es el grupo rebelde.

Básicamente esa fue mi primera experiencia en un país donde yo no conocía, por eso vuelvo a resaltar siempre cuando doy mis charlas la importancia de planificar cada uno de los detalles que sean posible. 

A veces te lleva 6 meses o 7 meses planificar para un viaje que quizás estás un mes. Por suerte ya te digo, tenía conocidas o amigas, gente que me estaba esperando que de alguna manera me contuvo o me acompañó. Si bien uno puede planificar al máximo, nunca está exento a ninguno de los peligros propios de ese lugar. 

Sí, obviamente hay zonas en donde tenés que pasar fronteras ilegales y hay grupos rebeldes que te dicen cuánto tiempo podés estar. Por ejemplo, te puede pasar que el rebelde se haga tener sexo oral adelante tuyo y te diga: "Bueno, si vos te hacés la canchera, podés pasar". Te puede pasar lo mismo a vos, que te que te sometan sexualmente.

 El miedo a que seas asesinado por cualquier rebelde, porque ahí no sirve de nada que vos tengas cartel de prensa, y menos si sos mujer. Sí, obviamente, como te contaba, fui amenazada porque sos un extraño que de alguna manera vas a retratar las violaciones de los derechos humanos. 

Pero sí, de alguna manera fui preparada y de alguna manera cuidada, y tener como mi fixer me permitió poder con mucha cautela moverme. Creo que los obstáculos también tienen que ver con la falta de costumbre de estar en espacios como la soledad extrema, donde vos no podés hablar con la cotidianidad de tu idioma, o no poder dormir porque todo el tiempo estás en peligro, estás en alerta de que te puedan atacar donde vos estés. 

Pero bueno, digamos que son obstáculos que son imposibles de prevenir porque no es como acá que vas a cubrir la represión de una protesta frente al ajuste hacia los jubilados, la pasaste una vez mal y la próxima ya vas bien preparado. Son obstáculos de zonas que no están muy documentadas, como te decía, o que es muy difícil encontrar gente que ya haya atravesado esos obstáculos. Pero bueno, creo que de por sí principalmente tiene que ver con la misma violencia que atraviesa el país y de la que vos sos parte, aunque tu cartel sea de prensa’’. 

-Los testimonios que te relataron las mujeres congoleñas son desgarradores. ¿Cómo puede explicarse la violencia ejercida hacia ellas? ¿Quiénes la promueven? 

‘’Es un país muy complejo. Para que tengas una idea, en República Democrática del Congo se encuentra el 80% del coltán del mundo, que es un mineral muy valioso que se utiliza desde la tecnología, como los celulares, las pantallas táctiles, la NASA, los vehículos, que no son alternativos. Y eso lleva a muchos intereses y pujas internacionales, especialmente de regionales e internacionales. 

Regionales con respecto a Ruanda e internacionales con respecto a Estados Unidos y Francia, que de alguna manera, directa o indirectamente, terminan financiando que haya permanentes conflictos internos porque muchas de esas minas están gobernadas o cooptadas por estos grupos rebeldes. Y como tienen ese interés de tener minerales que son valiosísimos, hasta para la NASA,  financian directa o indirectamente el conflicto.

Es un país muy machista, que está manejado muchas veces por costumbres tribales donde las mujeres no tienen derecho y sus roles están vinculados a las tareas de cuidado y demás, sumado a que hay una fragilidad institucional porque el Estado está totalmente ausente. 

El último presidente fue elegido con bastantes irregularidades. Entonces, la ausencia del Estado, una frágil institucionalidad y los grupos rebeldes hacen que no haya políticas vinculadas al feminismo o a los derechos de las mujeres. Hay imposibilidad de acceso a la educación, solo hay educación pública gratuita primaria, lo cual hace que las mujeres, como tienen estas tareas de cuidado (donde tienen que ir a zonas cooptadas por el M23 como reservas naturales para buscar la leña) siempre son las que terminan atravesando estas violencias’’. 

-¿Volverías a realizar coberturas en la RDC? 

‘’En este momento no volvería a realizar coberturas, creo que estoy enfocada en otro momento de mi vida y en otras cuestiones. Sí me gustaría volver a viajar cuando mi hija sea un poquito más grande, porque mi hija es pequeña y la verdad es que estoy muy comprometida a acompañarla en su niñez; siento que es un momento muy importante que a mí me faltó. No juzgo a mis papás, pero siento que ellos se abocaron mucho en su profesión y de alguna manera yo trato de buscar un equilibrio donde trato de estar presente con ella más allá de mi profesión. Y vuelvo a decir, no los juzgo ni los critico, lo que trato de buscar es cierto equilibrio, pero sí me gustaría volver a África en la última parte de mi vida y cuando mi hija sea más grande, pero ya no con el rol de periodista, sino más como docente porque creo que es algo pendiente en mi vida’’. 

-Tu trabajo es ampliamente reconocido y admirado. ¿Cuáles son tus ambiciones o proyectos a futuro? 

‘’Te lo agradezco. Tengo aspiraciones vinculadas con nuevas búsquedas estéticas. Ahora estoy tratando de contar las historias desde otras formas. Más que grandes aspiraciones es tratar de subsistir o sobrevivir en un mundo que está totalmente deshumanizado, que el periodismo está siendo atacado tanto económicamente como físicamente, como emocionalmente. Soy una mujer que tiene más de 40 años y es muy difícil. Entonces, a veces no tengo más aspiraciones que sobrevivir, realizar búsquedas estéticas. 

Desde mi lugar lo que trato es de buscar pequeñas historias donde yo pueda meter mi compromiso, lo que yo creo que tiene que ver con la justicia social y llevar esa voz sin necesidad de tener que viajar tanto.

Estoy de nuevo recomponiendo una segunda parte de un trabajo que hice, que tiene que ver con la diversidad de género y espero poder empezarlo en este cuatrimestre, porque llevo ya bastante tiempo pensándolo. Tengo que defender mi tesis para recibirme de licenciada en periodismo de la UNDAV, de la Universidad Nacional de Avellaneda, que espero también que pase este cuatrimestre porque ya entregué mi tesis, que está vinculada a la comunicación digital y la economía popular. 

Pero más que nada tiene que ver con esto que te contaba: poder sobrevivir de algo que yo elegí como un estilo de vida y poder llevar mis relatos vinculados al documentalismo a pequeñas historias siempre relacionadas a la justicia social, al feminismo, los derechos humanos y diversidades, y poder de alguna manera empujarlo y visibilizarlo a todo el mundo

Para mí el fotoperiodismo, que yo lo considero fotodocumentalismo, tiene que ver con conectar con la gente y contar temas o llevar historias o voces que normalmente son relegadas y que están fuera de la agenda. 

Obviamente me toca hacer historias o temas que tienen que ver con la actualidad, con la urgencia y que salgan en el medio lo más rápido posible, pero yo trato de conectar con la gente desde otro lugar para poder contar esas historias o esas voces que están fuera de la agenda. 

Yo no considero a la gente como un objeto donde tengo que ir a robar una foto y rápido entregarla, sino que lo considero un proceso donde te ganás la confianza, compartís su vida desde su comodidad, su alegría, su incomodidad, sus sueños y sus proyectos para tratar de entenderla sin prejuzgar, para poder de alguna manera, más allá de mis propios prejuicios e ideas que pueda tener, compartir su mundo y llevar esas pequeñas voces y ese compromiso y esas cosas que están fuera de la agenda a otras partes, y hacerlo más público y masivo.

Y para mí eso tiene que ver con mi militancia en la vida, que es poder compartir con ellos la misma realidad. Me ha tocado estar en Asia y si yo tenía que levantarme a la misma hora y trabajar en el campo, trabajaba en el campo con mis limitaciones, obviamente, porque no nos olvidemos que soy una persona que nunca en su vida trabajó en el campo. 

O estar en Colombia y cubrir la dejación de las armas de las FARC y, de alguna manera, levantarme a la misma hora, fotografiar sus actividades diarias, obviamente siempre olvidarme de que soy fotoperiodista. Si ellos se levantaban a las 5, levantarme a las 5, dormir en el mismo lugar donde se encontraban ellos, estar atenta a las pequeñas actividades que podían haber de charlas o momentos de ocio, tratar de hablar con la gente para poder conectar o entender la realidad de lo que se vive desde ese lugar. 

Lo digo siempre sin olvidarme de que soy periodista y que tampoco creo en la objetividad, todos somos sujetos y estamos llenos de nuestra propia subjetividad,  obviamente que se ve en la historia porque tiene que ver con el encuadre, los puntos de vista y demás, pero de alguna manera siempre trato de llevar mi compromiso de militar la humanidad y esas pequeñas voces fuera de la agenda’’. 


                                                                                    Por Pilar Cortés para Data Urgente  




[1] FUENTE: https://www.resumenlatinoamericano.org 

[2] FUENTE: https://mppre.gob.ve/publicacion/1219-0