Pilar Cortés
19 Apr
19Apr

Un nuevo hecho de apropiación cultural ‘’israelí’’ se suma a la lista de acusaciones. Entrevistamos al antropólogo Esteban H. Rodriguez.   

Nuevamente, el ente sionista ‘’israelí’’ es acusado por apropiarse de culturas ajenas. Lo que comenzó con la apropiación sistemática de la literatura, la gastronomía, la vestimenta, los bordados típicos y por supuesto los territorios y recursos del pueblo palestino[1][2], hoy se traslada hacia otras regiones, en este caso Egipto. 

El profesor e investigador del folclore egipcio, Hamd Khaled Shaib, denunció prácticas sistemáticas de apropiación del patrimonio popular de su país y afirmó que “Israel” tomó cerca de cuatro mil cuentos tradicionales

Durante su participación en el Congreso de Artes Orales (Universidad de Matrú, en Egipto), también señaló las investigaciones que expusieron tanto estas prácticas como la “apropiación y atribución al ente sionista de motivos de la vestimenta del Sinaí, adjudicándolos como propios”. El experto calificó esta situación como ‘’una violación de la identidad cultural de la región y de la singularidad de la vestimenta tradicional’[3].

Muchos se preguntarán: ¿Cuál es la diferencia entre apropiación e inspiración? ¿Qué intenta demostrar el ente sionista al intentar apropiarse de diversas culturas? Para esclarecer estas dudas, entrevistamos al antropólogo y magíster Esteban H. Rodríguez.

 ¿Cómo definirías la apropiación cultural? ¿En qué se diferencia de la inspiración?

La apropiación cultural puede pensarse como extractivismo simbólico. Es el acto de tomar mitos, relatos, componentes estéticos o rituales de un grupo subalterno por parte del opresor, mutilándose así la densidad histórica y política de esos elementos culturales. Luego, esos elementos, ya separados de las personas en que emergieron, son puestos en función de objetivos que benefician al dominador. La diferencia con la inspiración radica principalmente en la gran desigualdad de poder. La inspiración ocurre en diálogo, implica flujo relativamente libre, más allá de que siempre existan asimetrías o intereses tensionantes entre los actores involucrados.

¿Con qué fin suele realizarse desde los regímenes coloniales o de ocupación?

Durante los regímenes coloniales la apropiación cultural tiene fines estratégicos. La adopción de mitos o estéticas locales naturaliza la presencia del ocupante, que se enraíza simbólicamente. Así, el invasor borra su carácter foráneo y se presenta como continuidad legítima. Y acá no deben perderse de vista los procesos de colonialismo interno.Los Estados son los grandes apropiadores culturales de nuestra época. Son parásitos carentes de identidad que necesitan robarla. Además, como diría James Scott, los Estados requieren realidades culturales legibles para poder controlarlas. Las culturas, con mitos vivos, suelen ser caóticas. Entonces, los Estados toman esos mitos, los simplifican y estandarizan, matando su naturaleza indómita. Los cercan simbólicamente, los patrimonializan. Luego, celebrar la cultura muerta, como objeto de museo, permite seguir administrando la cultura viva. El ocupante ahora cuida el legado, justificando su dominio.

¿Qué consecuencias puede traer para las comunidades víctimas de esa apropiación?

Las comunidades víctimas de la apropiación pasan a ver sus propios símbolos usados en su contra. Se da un proceso de alienación, donde sus elementos culturales se vuelven propaganda del poder que los oprime. Y la mayor consecuencia es que la comunidad pierde soberanía sobre su propia narrativa, que ahora pasa a ser controlada por el nuevo administrador, el invasor.

¿Qué puede hacer la población cuya cultura está siendo apropiada al respecto?

Utilizar marcos legales internacionales suele no resultar fácil, sobre todo en zonas de conflicto. Denunciar abiertamente el etnocidio puede ser una posibilidad. Y las poblaciones afectadas pueden intentar mantener los significados dentro de la comunidad, fuera del alcance del mercado o el ocupante. Es decir, hacer que sus relatos o mitos no sean legibles por el invasor. Volverlos inasimilables. También actualizar la dimensión política de sus símbolos, frente a la condición del mito apropiado que propone adorar cultura embalsamada. Estas poblaciones necesitan resistir la ventriloquía y sostener sus prácticas culturales asociadas a sus luchas. Sería una forma de ejercer la insumisión simbólica. Claramente no es nada fácil, ya que hay en juego fuertes procesos de construcción de hegemonía.    

- ¿Y los gobiernos?

Los gobiernos deberían, en teoría, crear leyes de protección, exigir el cumplimiento de convenios internacionales como el que implica la obtención del Consentimiento Previo, Libre e Informado y promover la gestión comunitaria de sus elementos culturales. Pero eso rápidamente puede generar una desestabilización, ya que los Estados no pueden administrar lo ilegible o no codificado para su gestión. ¿No son acaso los Estados máquinas de captura y destrucción de la autonomía simbólica de las comunidades? Entonces, no podemos esperar que los gobiernos sean los únicos encargados de resolver conflictos de apropiación cultural, porque estos viven de ella. 

La protección efectiva se da cuando las comunidades logran impedir que sus elementos culturales se conviertan en recursos gestionables por otros.

De todas maneras, es de lo más frecuente encontrar procesos en los que sectores subalternos adoptan herramientas del opresor para dar legitimidad a sus reclamos. Y no lo hacen ingenuamente: saben que están siendo dominados y por quiénes. Es en base a posibilidades contextuales que buscan ampliar su autonomía, aunque esto implique circunstancialmente apelar a herramientas de la dominación. Se diseñan novedosas formas de relación con el Estado. Y encontrando puntos de contradicción se producen grietas desde donde vehiculizar algunos reclamos. 



Por Pilar Cortés para Data Urgente



[1] https://www.ffippeu.com/blog/2021/8/19/test [2] https://www.tatreezandtea.com/tatreezing/2025/5/stolen-threads [3] https://espanol.almayadeen.net/noticias/cultura/2160299/profesor-egipcio-acusa-a--israel--de-apropiarse-de-cuatro-mi