Irán registró formalmente las islas del Golfo Pérsico bajo su soberanía, consolidando legalmente su control y reafirmando su importancia estratégica en la región.
Por: Ivan Kesic
La semana pasada, un paso administrativo en Irán resonó con un importante peso geopolítico, marcando la culminación de un largo proceso histórico y legal.
La Organización Nacional de Registro de Bienes Inmuebles de Irán emitió formalmente documentos catastrales para las tres islas estratégicas del Golfo Pérsico: Tonb Mayor, Tonb Menor y Bu Musa, registrándolas bajo la propiedad del Gobierno de la República Islámica de Irán.
Con anterioridad, el gobierno designó el 9 de noviembre, aniversario de la retirada británica de las tres islas del Golfo Pérsico, como el Día Nacional de las Tres Islas del Golfo Pérsico.
Aunque esta medida fue enmarcada a nivel nacional como una implementación rutinaria de la ley sobre el levantamiento de tierras, representa una reafirmación legal definitiva de la soberanía iraní, con el objetivo de “poner fin a cualquier reclamación infundada” sobre las islas del Golfo Pérsico.
Para comprender la importancia de este acto burocrático, es necesario ir más allá de los titulares recientes y considerar las profundas raíces históricas, motivaciones estratégicas y disputas diplomáticas que han rodeado estas islas durante más de un siglo.
¿Cuáles son las bases históricas de las islas del Golfo Pérsico?
La reclamación de Irán sobre las tres islas, que son parte integral de su territorio, se sustenta en una larga continuidad de vínculos históricos que preceden la formación de los estados modernos en la región.
Siglos antes de que el petróleo remodelara la geopolítica del Golfo Pérsico, las islas formaban parte de los dominios administrativos y comerciales de diversas dinastías iraníes.
Registros históricos y geográficos, tanto iraníes como extranjeros, se citan a menudo para subrayar la presencia y autoridad de Irán sobre las islas a lo largo de la historia.
Sin embargo, la disputa manufacturada puede rastrearse directamente a la época de la expansión imperial británica durante los siglos XIX y XX.
A medida que la dinastía Qayar se debilitaba, la influencia británica se extendía por el Golfo Pérsico, ya que Londres buscaba asegurar las rutas marítimas hacia la India. Durante este periodo, los británicos asumieron gradualmente el control de las islas: Bu Musa pasó a su administración en 1904, y las islas Tonb Mayor y Tonb Menor en 1921.
Es importante destacar que el Reino Unido no anexó las islas, sino que delegó su administración local en los jeques de Sharjah y Ras Al-Jaima, quienes estaban bajo protección británica.
Este arreglo colonial introdujo la ambigüedad que persiste hasta hoy. Durante décadas, Irán y el Reino Unido mantuvieron negociaciones intermitentes pero inconclusas sobre el estatus de las islas.
¿Cuál fue el punto de inflexión decisivo en 1971?El momento decisivo llegó en 1971, cuando el Reino Unido se preparaba para su retirada estratégica “al este del Canal de Suez”.
El 30 de noviembre de 1971, solo dos días antes de la formalización de la creación de los Emiratos Árabes Unidos, Irán tomó la decisión de reafirmar su soberanía sobre las tres pequeñas islas.
En Bu Musa, las fuerzas iraníes llegaron bajo un Memorando de Entendimiento (MoU) negociado con el sheij de Sharjah. El acuerdo afirmaba la soberanía total de Irán, permitiendo al mismo tiempo que Sharjah mantuviera un puesto de policía local y garantizando derechos compartidos sobre los recursos.
En las islas Tonb, la acción de Irán fue más directa e implicó un breve enfrentamiento en Tonb Mmayor. El Reino Unido, reconociendo efectivamente la nueva realidad, no se opuso a la medida de Irán, posición que fue transmitida a los jeques interesados.
Los eventos de 1971 marcaron la restauración legítima de la soberanía sobre territorios temporalmente administrados por una potencia colonial que partía, completando un proceso no resuelto durante décadas.
¿Cuál es la importancia estratégica de las islas?
La importancia estratégica de las tres islas para Irán no puede ser subestimada, y se fundamenta principalmente en su geografía, según los historiadores.
Situadas en el corazón del estrecho de Ormuz, el estrecho punto de paso por el que transita aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente y una proporción significativa de las exportaciones energéticas de Irán, las islas controlan uno de los pasajes marítimos más sensibles del planeta.
La batimetría, o topografía submarina, del Golfo Pérsico canaliza las principales rutas comerciales internacionales a solo unos pocos kilómetros de estas islas. El control de las mismas proporciona, por lo tanto, una vista única sobre la ruta de tránsito de petróleo más crítica del comercio global.
En una región marcada por tensiones, bloqueos e intervenciones militares extranjeras —desde la “Guerra de los Petroleros” durante la defensa sagrada de los años 80 hasta las tensiones de seguridad actuales— mantener autoridad sobre esta geografía es una necesidad estratégica para la República Islámica.
Este cálculo se ve reforzado por una poderosa narrativa nacional. En la memoria colectiva iraní, la recuperación de las islas en 1971 se considera una corrección largamente esperada de las intrusiones coloniales, una victoria simbólica en la lucha más amplia contra la dominación externa.
Este evento se menciona a menudo junto con otros momentos definitorios de la integridad territorial, como la retirada de las fuerzas soviéticas de Azerbaiyán en 1946 y la liberación de Jorramshahr de la ocupación iraquí en 1982.
Para los iraníes, las islas encarnan la defensa de la unidad nacional contra la fragmentación. Como resultado, cualquier propuesta para renunciar o diluir la soberanía no solo es políticamente inconcebible, sino que también se considera una traición a un logro nacional fundamental, uno que podría poner en peligro toda la postura estratégica de Irán a lo largo de su vital flanco marítimo sur.
¿Qué naturaleza tienen las reclamaciones de algunos estados árabes?
Desde la formación de los Emiratos Árabes Unidos, Bu Dabi ha mantenido de manera constante su reclamación de soberanía sobre las tres islas. Su postura se basa en argumentos que los historiadores consideran poco plausibles.
Primero, los EAU reclaman una presencia árabe histórica y autoridad administrativa, principalmente por parte de los jeques de Sharjah y Ras al-Jaimah, y, en ocasiones, citan una conexión más amplia con la esfera marítima omaní.
Segundo, desafían la legitimidad del Memorando de Entendimiento de 1971 con respecto a Bu Musa, argumentando en ocasiones que el acuerdo se firmó bajo presión.
Finalmente, los EAU abogan por resolver el problema mediante negociaciones bilaterales directas o remitiendo la disputa a la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Irán rechaza todos estos puntos. Mantiene que la administración árabe mencionada por los EAU no representaba soberanía independiente, sino una gobernanza local ejercida por súbditos iraníes, a menudo vinculada al puerto iraní de Lengue, y luego modelada por la administración colonial británica.
Teherán señala que el MoU de 1971 fue un acuerdo diplomático con un gobernante local, no un tratado entre estados soberanos, y que reconoció y formalizó la soberanía iraní preexistente, en lugar de crearla.
Irán considera su soberanía sobre las islas como absoluta y no negociable.
Para Teherán, someter el asunto a arbitraje o a un tribunal internacional sería en sí mismo un compromiso inaceptable.
Los funcionarios iraníes enmarcan la postura de los EAU como un producto del nacionalismo árabe postcolonial, que busca reinterpretar las realidades históricas, estableciendo paralelismos con las reclamaciones territoriales pasadas de Irak o las campañas para renombrar el Golfo Pérsico.
¿Cuál es el camino a seguir
?Las reclamaciones de los EAU, respaldadas por sus aliados árabes, resurgen regularmente en declaraciones emitidas por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, integrado por los países árabes ribereños al Golfo Pérsico), que apoya la postura de los EAU y pide una solución mediante conversaciones bilaterales o el remito de la disputa a la Corte Internacional de Justicia (CIJ).
Este lenguaje es a menudo repetido en comunicados conjuntos con grandes potencias externas, incluidas China y Rusia, como se ha visto en años recientes.
Teherán siempre ha visto estas declaraciones como desafíos directos a su integridad territorial, lo que ha llevado a protestas formales y a la convocatoria de embajadores.
Los analistas sostienen que Rusia y China probablemente adoptan esta redacción por cortesía, más que por convicción, dado que sus expedientes diplomáticos más amplios enfatizan repetidamente el respeto por la soberanía e integridad territorial de Irán.
Irán y los EAU mantienen relaciones comerciales sustanciales, y los lazos diplomáticos han demostrado ser resilientes. Los propios líderes emiratíes han reconocido en ocasiones que las potencias externas pueden explotar el problema para sembrar división o ganar influencia en la región.
Una tendencia más amplia hacia la desescalada regional, particularmente tras el acercamiento entre Irán y Arabia Saudí, ha abierto la posibilidad de un futuro estratégico diferente.
En un entorno más estable en el Golfo Pérsico, con menores presiones militares externas y una mayor cooperación en materia de seguridad regional, las islas podrían, teóricamente, evolucionar de ser puestos avanzados fortificados a zonas de oportunidad económica compartida, respaldando el comercio marítimo, proyectos energéticos o incluso el turismo en ambas costas del Golfo Pérsico.
En este contexto, la emisión la semana pasada de los títulos de propiedad de las islas por parte de Irán adquiere una significancia mucho mayor que un simple trámite administrativo.
Representa el esfuerzo más formal de Teherán hasta la fecha para consolidar su narrativa legal y burocrática, presentando la soberanía no como un tema de disputa, sino como un hecho consolidado, basado en la legislación nacional, estudios catastrales y autoridad estatal documentada.
Para Irán, las islas no son una cuestión negociable, sino una certeza histórica y un pilar estratégico. Ahora, al estar integradas en el registro oficial de tierras, se presentan como un elemento inmutable del espacio nacional iraní.
El largo camino desde la ambigüedad de la era colonial hasta su codificación legal explícita ha llegado a su fin: las tres islas se erigen como elementos permanentes e innegociables de la realidad geopolítica del Golfo Pérsico.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
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