Pilar Cortés
18 Jan
18Jan

Según un informe reciente publicado por Oxfam, el 1% más rico ha producido en tan solo 10 días el total de emisiones que le correspondería para 2026. Mientras tanto, diversas regiones del mundo como Kenia padecen las consecuencias del cambio climático.  

De acuerdo con un nuevo análisis de Oxfam[1], el 1% más rico ha agotado su "presupuesto anual" de carbono –es decir, el total de CO2 que se puede emitir para lograr limitar el aumento de la temperatura global a 1,5ºC– en tan solo los 10 días que han transcurrido desde el inicio del año (de hecho, el 0,1% más rico lo había agotado ya el 3 de enero). Sumado a esto, se estima que las emisiones que generan quienes pertenecen a la élite mundial en tan solo un año provocarán 1,3 millones de muertes atribuibles al calor para el final de siglo, y generarán importantes daños económicos a los países más pobres, daños que para 2050 podrían alcanzar los 44 billones de dólares.  

Sin embargo, no hace falta hacer grandes cálculos a futuro, pues como dice una famosa canción argentina, el futuro ya llegó. En Kenia las sequías prolongadas, la desertificación del suelo y la falta de agua provocan graves crisis alimentarias desde hace décadas: las tierras áridas de este territorio representan el 88% de su superficie. 

En ellas vive una población de aproximadamente 10 millones de personas - sobre unas 58 millones en todo el país-, y aproximadamente el 50% y el 70% del ganado y de la fauna silvestre se encuentran en las tierras secas. En algunas de estas zonas áridas, como en el norte y el noreste de Kenia, los desiertos se han comido los paisajes que antes eran potenciales, convirtiéndolos en tierras de difícil subsistencia que no pueden mantener a los seres humanos, al ganado e incluso a la fauna[2]

Según un artículo publicado en el portal científico Scielo, la desertificación se define como la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, que resulta de factores de origen climático y de actividades causadas por humanos como la deforestación, el sobrepastoreo, la expansión de áreas agrícolas hacia áreas frágiles y la sobreexplotación de la vegetación para uso doméstico. 

En el caso de Kenia, se produce una combinación de causas naturales - como el cambio climático dentro de una zona que es ya de por sí carente de precipitaciones - y humanas. Al mismo tiempo, en la desertificación se halla todo un conjunto de procesos interrelacionados; físicos, biológicos, históricos, económicos, culturales y políticos, cuya manifestación plantea una diversidad de niveles de resolución, tanto en escala espacial como temporal. 

Debido a que gran parte de la población keniana es pastoril y ganadera, este tipo de uso productivo del suelo agrava aún más la situación, provocando más ausencia de humedad en el suelo, muertes de cabezas de ganado, hambrunas y desnutrición, sumado a una aparente negligencia por parte del gobierno, según relatan testimonios para la agencia de noticias IPS[3] en una publicación del año 2022, año en el que se produjo una de las mayores sequías en la región. Dichos testimonios también han señalado que ‘’el cambio climático es mucho más que la sequía. El cambio climático también tiene que ver con las inundaciones, porque el cambio climático significa que cuando las lluvias llegan, lo hacen en momentos diferentes y en volúmenes tan extremos que provocan inundaciones”. 

Es posible que debido a esto la cumbre del Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, que se realiza cada 17 de junio, será celebrada en el territorio keniano este 2026. 

Pero más allá y más acá de Kenia, es importante recordar que mientras haya grandes desigualdades económicas y poderes concentrados, más difícil resultará para la población civil luchar por una justicia ambiental, en donde territorios con insignificantes niveles de emisión de CO2 terminan pagando las consecuencias de las emisiones generadas por las grandes potencias y los multimillonarios: según el Atlas de Carbono Global entre el período que abarca desde los años 1750 hasta el 2021, Estados Unidos lidera el ranking de emisiones con un porcentaje del 24,8%, seguido por China con 14,7% y Rusia con 6,9%, mientras que sólo un país africano, Sudáfrica, presenta un porcentaje del 1,3%. En el 2024 este ranking se modificó levemente, con China liderando el primer puesto, EE. UU. el segundo, India el tercero y Rusia el cuarto.


Las sequías afectan negativamente a todos los sectores de la economía y a la población en general: se ve afectado el suministro de agua tanto en las zonas rurales como en las urbanas, lo cual conduce a la reducción de la generación hidroeléctrica y al racionamiento de la energía; se produce pérdida de cosechas y la reducción de la seguridad alimentaria, provocando la muerte de personas, ganado y fauna silvestre, pérdida de puestos de trabajo cuando las industrias cierran al agotarse los recursos, deterioro de la salud humana debido a la malnutrición y al escaso acceso a agua de calidad, conflictos entre las comunidades y la fauna y desplazamientos forzados. 

Es decir, múltiples y complejos padecimientos que se acrecientan cada vez más rápido y que requieren de medidas cada vez más urgentes. 


Por Pilar Cortés para Data Urgente



[1]https://www.oxfam.org/es/letters-and-statements/oxfam-advierte-de-que-el-1-mas-rico-ha-producido-en-tan-solo-10-dias-el[2]https://voicesforjustclimateaction.org/[3] https://ipsnoticias.net/2022/

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