El ensayo pretendía aplicar la vacuna obligatoria de hepatitis B a 7.000 bebés guineanos luego del tiempo indicado para observar resultados ya estudiados por la comunidad científica. Entrevistamos a la Dra. Agustina Vericat, especialista consultora en Pediatría y en Neurodesarrollo. Guinea-Bissau (país ubicado al oeste del continente africano) presenta la mayor cifra de hepatitis B en el mundo[1].
Según el portal The Guardian, aproximadamente el 18% de los adultos guineanos posee el virus, el cual puede causar cirrosis o cáncer de hígado, especialmente en niños pequeños. Cuanto más pequeño sea el niño, más probabilidades de contagio tendrá.
Frente a esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la vacunación contra la hepatitis B desde 1992 y la vacunación universal desde 2009.
Pero la administración de Donald Trump - uno de los presidentes y empresarios poderosos vinculados a crímenes de pedofilia junto al presunto agente del Mossad Jeffrey Epstein[2] [3] - con Robert F. Kennedy como Secretario de Salud (quien además es sobrino del ex presidente John F. Kennedy), propuso un ensayo en donde participarían 14.000 bebés del territorio africano, de los cuales 7.000 recibirían la dosis de la vacuna contra la hepatitis B seis semanas posteriores al nacimiento, cuando la indicación es aplicarla a los recién nacidos[4].
El supuesto objetivo de este ensayo era observar los ‘’efectos inespecíficos’’ en un plazo de 5 años, los cuales abarcarían desde enfermedades cutáneas como trastornos del neurodesarrollo, principalmente el autismo.
Su presupuesto constaba de 1,6 millones de dólares y coincide con las políticas que la administración de Trump está ejecutando en su territorio: la decisión de que la aplicación de vacunas no sea obligatoria, sino que sean aplicadas según el criterio de cada familia.
Dicho proyecto desató críticas y debates en cuanto a la ética de la medicina, el poder y la geopolítica en un contexto en donde el neocolonialismo está más vigente que nunca, ya sea de manera directa - ataques bélicos, bloqueos y sanciones - como indirecta - ya sea a través de la experimentación en poblaciones consideradas ‘’inferiores’’ o mediante la desestabilización de gobiernos ‘’indeseados’’ por las potencias del Norte -. Es debido a esto que Quinhin Nantote, médico militar y recién nombrado ministro de salud de Guinea-Bisáu, confirmó a la prensa que el ensayo había sido "cancelado o suspendido" debido a una revisión científica deficiente. Al mismo tiempo, Jean Kaseya, director general de los CDC de África, declaró que esta medida ‘’es por la soberanía del país’’[5].
Dichas declaraciones fueron realizadas tras el golpe de estado acontecido allí a fines de noviembre del 2025[ 6], lo cual explica los recientes nombramientos en cargos públicos.
ENTREVISTA A LA DRA. AGUSTINA VERICAT

Se ha denunciado en varias ocasiones que empresarios poderosos -como Bill Gates- y gobiernos -como Estados Unidos- han financiado proyectos de experimentación con vacunas en países del llamado “tercer mundo”, especialmente en África.
En Guinea-Bissau, por ejemplo, se suspendió un proyecto de pruebas de vacunación contra la hepatitis B en bebés para investigar supuestos riesgos de autismo, pese a que la evidencia científica ya ha demostrado que esa relación no existe.
¿Por qué querrían volver a investigarlo y en esta región particular?
‘’No se trata de reabrir la hipótesis de que las vacunas causan autismo, porque eso está científicamente descartado. Lo que ocurre es que la farmacovigilancia es un proceso permanente: se monitorean efectos en distintas poblaciones, calendarios y combinaciones de vacunas. Guinea-Bissau y otros países africanos ofrecen condiciones logísticas únicas: cohortes poblacionales bien caracterizadas, sistemas de vigilancia comunitaria y costos operativos bajos.
Esto facilita estudios que serían mucho más complejos en países con alta movilidad y fragmentación de datos. El problema es que esa elección, aunque técnica, se cruza con un trasfondo político y económico: ¿quién se beneficia realmente de ese conocimiento?’’
¿Es necesario hacerlo?
‘’Sí, en términos de salud pública moderna. Es necesario seguir evaluando seguridad, efectividad y la inmunología poblacional en distintos contextos. Pero no es necesario -ni legítimo- reabrir la hipótesis de que las vacunas causan autismo. Esa línea está cerrada científicamente. El riesgo es que se utilice la investigación como excusa para experimentar en poblaciones vulnerables bajo agendas externas.’’
¿Qué pensás que ocurre con el histórico dilema entre la investigación científica y la ética humana?
‘’Ese dilema es real y está marcado por abusos históricos: el Tuskegee Syphilis Study en EE. UU., los experimentos de sífilis en Guatemala, o ensayos sin consentimiento en colonias del siglo XX.
Estos episodios llevaron a la creación de marcos éticos como la Declaración de Helsinki y el Informe Belmont. Hoy las normas existen, pero la implementación es desigual. En países de ingresos bajos, la tensión entre autonomía, justicia y poder global sigue siendo evidente. La pregunta crítica es si la ciencia se hace para beneficiar a las comunidades locales o para alimentar la acumulación de conocimiento y riqueza en el Norte global.
’’ ¿Y qué sucede cuando la medicina queda en manos de empresarios o gobiernos con fines expansionistas? ‘’Ahí entramos en la economía política de la salud global.
Por un lado, la financiación masiva y la capacidad logística permiten avances tecnológicos. Pero los riesgos son claros: asimetría de poder, “colonialidad científica” -es decir, producir conocimiento en poblaciones vulnerables con beneficios concentrados en países ricos-, prioridades distorsionadas y desconfianza social.
La historia de abusos genera sospecha, incluso frente a campañas sanitarias legítimas. Cuando la medicina se entrelaza con intereses estratégicos y comerciales, el desafío es gobernar esa interacción con transparencia, participación local y regulación ética robusta. De lo contrario, la salud se convierte en otro terreno de expansión capitalista.’’
Más allá de los juicios que las sociedades puedan emitir, lo cierto es que el debate entre la aplicación o no de las vacunas en realidad parecería ser un debate de si el mundo todavía puede confiar en las instituciones históricas del siglo pasado, o no. Y además (y sobre todo) cabe preguntarnos ¿qué han hecho esas instituciones para que amplios sectores de la población mundial desconfíen de ellas?
Por Pilar Cortés para Data Urgente
[1] https://www.globalhealthunfiltered.com/blog/217cphhfm9rgix4z0667sf8pxhnnw3
[2]https://www.dw.com/es/trump-aparece-repetidamente-en-nuevos-archivos-epstein/a-75291242
[5] https://www.theguardian.com/world/2026/jan/23/guinea-bissau-hepatitis-b-vaccine-study [6] https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/11/27/guinea-bissau-destitucion-del-presidente-embalo-lo-que-sabemos-sobre-el-golpe-de-estado-en-guinea-bissau/